Lección de compañerismo, el mecanismo de la flora para sobrevivir en la precordillera

Published On 20 enero, 2021 | By Fulloutdoor |

Fotografía: IEB

Especies de plantas de distintos tipos se relacionan para poder sobrevivir en entornos precordilleranos. Una lección sobre compañerismo que, para la coordinadora de esta investigación, debemos aprender como humanidad.

Un estudio publicado en la revista científica Oikos, dirigido por científicas y científicos del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) muestra como la solidaridad entre especies de flora permite formar una gran estrategia para sobrellevar el estrés y severidad ambiental de zonas precordilleranas.

Este trabajo busca poner en valor la importancia de cada especies, la importancia de su cuidado, ya que su relación permite asegurar su supervivencia. Para esto, analizaron la vegetación de la cordillera central de Chile, entre los 1000 y los 2000 metros de altitud.

Milen Duarte, doctora e investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), en conjunto con un grupo de científicos, se dieron a la tarea de analizar la comunidad vegetal existente en los territorios de Lagunillas y Farellones. A este equipo se sumaron los miembros del IEB, Ramiro Bustamante de la Universidad de Chile,  Lohengrin Cavieres de la Universidad. Además, contó con la participación de Miguel Verdú, del Centro de la Investigación sobre Desertificación de España.  

“En esta investigación trabajamos principalmente en el matorral esclerófilo, uno de los ecosistemas más amenazados en Chile, analizando la comunidad de flora que hay entre los mil y dos mil metros. En ese contexto, estudiamos los efectos ecológicos de las especies nodrizas, denominadas así por su capacidad para facilitar el crecimiento y desarrollo de otras especies bajo su copa. Gracias a esto, pudimos determinar que en condiciones de estrés, es donde existe más colaboración, sobretodo, entre especies que son muy distintas. Sin duda, vemos que este fenómeno no sólo tiene una lectura científica, sino también social, que nos está diciendo: aprendamos de las plantas”, comentó Milen Duarte, doctora en Ecología y Biología Evolutiva, al IEB.

En el estudio que describe un conjunto de 14 especies nodrizas las que serían las más representativas de estas áreas cordilleranas, y cuya presencia contribuye al crecimiento de otras. Especies como el Quillay, el Frangel y el Olivillo, permitirían que aumentara la riqueza de las especies de su comunidad hasta en un 35%. Dentro de las especies beneficiadas se encuentran Oxalis, algunas violas y alstroemerias, principalmente.

Para el cálculo de este porcentaje, el equipo investigador debió realizar parcelas de estudio en diferentes altitudes. 1000, 1400, 1600 y 200 metros sobre el nivel del mar fueron las gradientes de elevación en las cuales la investigadora de la Universidad de Chile y sus colaboradores realizaron sus mediciones. En estos escenarios, contabilizaron la cantidad de especies y abundancia de estas dentro y fuera del alcance de potenciales plantas nodrizas.

Así, al evaluar cuántas plantas se encontraban bajo el alero de una especie nodriza o protectora, pudieron establecer un índice de interacción entre estas. Además, pudieron identificar que existe un incremento en la relación entre altura y rol de las especies protectoras.

Mediante más se acercaba a los dos mil metros sobre el nivel del mar, el estrés era mayor, por lo que este tipo de lazos entre especies menores y las nodrizas se volvía más importante para sobrevivir a un clima más adverso y temperaturas más extremas.  Otra tendencia consiste en que, a mayor distancia evolutiva existe entre las especies mayor era su tendencia a cooperar.

“Esto significa que mientras más distante en términos de parentesco, es la planta nodriza de aquella a quien ayuda, más positiva es su interacción. Una de las explicaciones es que las especies que son distantes tienen requerimientos ambientales muy distintos. Lo que una necesita para vivir es distinto a lo que otra requiere y por lo tanto, no compiten por los mismos recursos”, comentó la ecóloga.

El rol de las plantas como nodrizas y los efectos para la proliferación de nuevas especies en entornos adversos, como pueden ser zonas áridas y semiáridas, ya fue destacado en un estudio realizado por Conaf titulado:  “Evaluación del efecto “Nodriza” como estrategia para promover el establecimiento y desempeño de plantas endémicas en la región de Coquimbo”.

“Los arbustos de la zona semiárida mejoran las condiciones microclimáticas actuando como

nodrizas por mitigación abiótica para diferentes especies endémicas de las formaciones

xerofíticas”, plantea el estudio evocado a la región de Coquimbo, lo que resume el efecto protector que se escribe en el estudio dirigido por Duarte, que resume que genera microclimas que son beneficiosos para la vida de muchas plantas y microorganismos que viven en el suelo cerca de sus raíces.

Esto puede apoyar a la recuperación y restauración ecológica, ya que en un contexto donde la desertificación y crisis climática, conocer formas de proliferar las especies endémicas y cómo apoyar a su crecimiento cobra especial relevancia.

“Las plantas nos están enseñando que debemos cambiar nuestra cosmovisión y pasar de la competencia a la colaboración y a la facilitación, un cambio que tiene que ver con cómo nos relacionamos con la naturaleza. Debiésemos aprender de especies que son mucho más antiguas que nosotros, y que han logrado convivir de forma armónica en condiciones adversas, manteniendo un sistema de equilibrio. En ese contexto, también sería fundamental que los derechos de la naturaleza estuvieran consagrados en la nueva Constitución”, concluye Milen Duarte en conversación con el Instituto de Ecología y Biodiversidad.

Puedes revisar el estudio completo publicado en la revista científica Oikos ingresando al link incrustado en el título de la publicación: “Plant–plant facilitation increases with reduced phylogenetic relatedness along an elevation gradient”

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