Enzo Ferrari: “Al final todo se entrena, física y mentalmente. Si algo te da miedo tienes que repetirlo hasta que se te pase”

Published On 19 enero, 2021 | By Fulloutdoor |

Fotografía: insta lives enzo

El trailrunner nacional conversó y contó su historia de cómo pasó de un niño muy inquieto a un reconocido entrenador, pasando por su tiempo en Nueva Zelanda, cruceros y las aulas.

El viernes 15 de enero, a las 21:00 horas, se vivió una nueva conversación en el live de FullOutdoor, en esta oportunidad contamos con la presencia de Enzo Ferrari. El trail runner y profesor de educación física habló respecto de sus inicios, reflexiones y acontecer durante la pandemia. Esto lo realizó desde Licán, donde se encuentra viviendo unas vacaciones, en un año donde la pandemia las hace necesarias.

“Fue un año duro, pero fue un año de mucho aprendizaje. Esto está más que leído y más que dicho. En general, para ver el lado bueno de las cosas, uno dice y busca un aprendizaje, nunca se pierde siempre se aprende. En sí, el aprendizaje fue que se puede sobrevivir, se puede estar bien, se puede seguir con objetivos en mente a pesar de las vueltas que de la vida. Igual mi vida no fue tan distinta de lo que hacía habitualmente, en vez de hacer cerros me subía a la bici, no hubo un gran cambio. Buscaba las sensaciones del cerro, que son super ricas y específicas, las trataba de buscar en la bici. Este año fue super rico, para mí como entrenador fue de consolidación, logré mantener a mis alumnos bien motivados. Primero partí con los lives de Instagram, pegado los martes y jueves a las siete u ocho de la tarde entrenando a todo aquel que quisiera entrenar, y eso fue super bueno para mí. Soy profe, acostumbrado a enseñar, a tener contacto con mis alumnos, a la adrenalina de hacer clases, son cosas que a mí me gustan. Después de un par de semanas que no había hecho clases quería comenzar a través de los lives, me ponía nervioso al principio porque era como salir en la tele. Después de un mes era bacán, saber que iba a tener mi clase en la noche, que llegué a tener 40 personas entrenando conmigo y después algunas de estas clases, que quedaron grabadas, llegaron a tener 700 reproducciones. Para un mortal, común y corriente, estaba muy bien”, comentó Enzo.

En este contexto, donde comenzó a hacer entrenamientos de forma online, la motivación era fundamental, y mantener a sus pupilos concentrados en realizar las rutinas fue una búsqueda que requería de su propia fuerza emocional.

“Obviamente no les podía poner una pistola en la cabeza y obligarlos a entrenar, porque al final cada uno se tomó el encierro como pudo. La gran mayoría siguieron. Después de dos o tres meses que estuve con el Instagram, decidí hacerlo privado, con un valor para quienes quisieran seguir entrenando. Coincidió con que estábamos pasando a fase dos, la gente estaba más libre y la gratuidad dejó de ser”, comentó Enzo.

Esta resiliencia emocional se comenzó a forjar a muy temprana edad, como el hermano mayor siempre lideró los juegos y como profesor aprendió a poder hacer de todo, desde consultor emocional hasta el maestro del contenido.

“Tuve una infancia super linda la verdad, tengo mala memoria así que lo que te digo es porque creo que fue así, no porque me acuerde. Jugué mucho, alcancé a ser de las últimas generaciones en que los niños salíamos a jugar a las calles, ahora me da pena porque vas a una población, a un conjunto de casas, y no hay niños. Están todos encerrados, sentados en los computadores, soy de la última que pudo disfrutar de eso, ir al parque, jugaba a las pinchangas con mis amigos, me agarré a combos un par de veces, todo lo que tiene que pasar. Aprendí como un niño, en base al juego, en eso mis papás fueron super abiertos conmigo y me criaron de esa forma. Los dos también siempre fueron deportistas de toda la vida, no había otra opción de que no hiciera deporte, claro que después me lo tomé muy en serio”, dice Ferrari.

Si bien su infancia fue en Concepción, es nacido en Puerto Montt. Llegó a Hualpén donde creció en compañía de su hermano menor, cinco años de diferencia, y luego su hermana 12 años menor. En una casa grande con sus padres, hermanos, primos y abuelos, fue que se forjó siempre de la mano de la actividad física.

“Cuando era chico vivíamos en una casa bien grande en Hualpén, comuna de Concepción. Nací en Puerto Montt pero de guaguita me fui a Concepción porque mi mamá estaba estudiando en la Federico Santa María en Hualpén y me llevó para allá. Bueno, había terminado de estudiar, encontró trabajo en Hualpén, que se llamaba Hualpencillo en esos años. Vivíamos en una casa gigante, vivían mis abuelos, la hermana menor de mis tías, otros primos, todos en el mismo terreno. En una casa muy grande vivíamos todos, por lo que era muy entretenido. Teníamos un pasillo, un garage, donde cabían cinco autos, imagina la cancha de fútbol que teníamos cuando no había ningún auto. Llegué a hacer pedazos un portón de metal a tanto pelotazos. Tuve una infancia super linda, la suerte de crecer con tus papás y tus abuelos. Mi abuela me consentía en todo, hasta el día de hoy, mi abuelo me llevaba a jugar cuando mis papás estaban trabajando. Lo pasé muy bien de chico”, explica Enzo.

La familia creció con los años, hoy también tiene una hermana de seis, al igual que cambió su relación con las clases. Asume que en su momento fue malo para los estudios, en materias que no le gustaran, pero las ligadas a ciencias y deportes, era destacado lo que empezaría a perfilar su futuro.

“Me pegué como siempre mis cagas, pero como todos. Ahora, sabes, mis únicas cagadas eran en el colegio porque era bien porro. Lo que pasa es que estoy convencido de que la educación debe ser en base al movimiento para los niños, entonces, esa cosa de ponerse camisa, corbata y estar sentado seis horas, toda la mañana mirando una pizarra es demasiado retrógrado. Hasta cuarto medio, fue el único año que me fue bien porque ya estaba asustado porque me tenía que ir bien. Era bien porro, ocultaba las notas malas, me ponía ingenioso”, explica Ferrari, quien agrega que el Enzo de niño siempre lo vería haciendo ejercicio, jugando, buscando poner su cuerpo en acción.

La elección que tomaría, si bien no estuvo exenta de dudas,  lo llevó a, cómo explica, la mejor decisión que ha tomado en su vida.

“Sabía para dónde iba más o menos el tema, sabía que era biología y educación física, la mezcla. A pesar de que, cuando salí del liceo, dije que iba a tirar una postulación que podía no quedar, tiré para odontología, si bien no me fue mal en la prueba tenía muy malas notas y el NEM baja demasiado. Corrió la cosa para abajo, quedé en Educación física, que ahora en retrospectiva fue la mejor decisión de mi vida, no me veo haciendo otra cosa”, dice Enzo.

Ese amor por la profesión, la vocación, es la primordial en la visión de Enzo para dedicarse a la pedagogía. Esto por el nivel de sacrificio que requiere, la cantidad de horas de aula, de preparación, buscar siempre nuevas formas y cómo deben resolver problemas tanto familiares de cada alumno como institucionales del sistema educativo.

“Al que le gusta enseñar le va a gustar siempre, desde chico tuviste que tener siempre eso, lo fui desde chico. Para ser profesor, para ser de educación física, de verdad que hay que tener vocación. Acá los alumnos no están sentados mirándote, están corriendo por un gimnasio, ya partiste mal. Si no tienes vocación, te va a costar”, comenta Ferrari.

En su búsqueda pasó por muchos deportes, estar activo era lo importante. Sería en la universidad, tanto por un motivado grupo de amigos como por un ramo, que llegaría a los deportes outdoor.

“En la universidad, antes, pasé por varios deportes. Desde chico practique karate, mi papá es sensei de karate y mi mamá karateca. En el liceo jugué muchos años handball o balonmano, en la universidad entré a la selección de la U, me iba bien y lo pasaba bien. En segundo o tercero, con mi grupo de amigos descubrimos las actividades outdoor, por un ramo que teníamos que se llamaba recreación y campamento. Otra porque conocimos el mundo de las carreras de aventura con Joel Lizama. Siempre soñamos, nunca lo hicimos al final, en ese tiempo eran equipos de tres hombres y una mujer, siempre soñamos con ir a competir los cuatro y nunca se dio. Éramos super pendejos, no teníamos lucas, entrenábamos mal. Si bien éramos profesores de educación física, no se sabía cómo ordenar el entrenamiento. El ramo y mi grupo de amigos me mostraron este mundo, si bien era algo que siempre venía haciendo, si a mí me tenían que entrar”, dice Enzo.

Dentro de su formación Enzo salió de Chile y se dirigió a uno de los países con mejores condiciones para los deportes outdoor, Nueva Zelandia. La suerte y un impulso lo terminó llevando a cambiar de continente, independientemente que no entendiera el idioma.

“Fui un poco a buscar vida, no te voy a mentir, no fui a buscar especialidad sino que a abrir un poco las alas. No había salido nunca de Chile, un par de veces a Argentina, pero nada más. Fuimos a Nueva Zelandia con un amigo, que fue él quien me convenció de hacerlo, él había averiguado y todo. Le dije vamos, al día siguiente estábamos listos. Fui a Neva Zelandia sin saber nada de inglés, rojo en todos los años menos en cuarto medio que tuve cuatro por no tener rojo siempre básicamente. En la universidad no tuve inglés porque la carrera no lo tenía, si bien debería, así que me fui sin saber nada. Te prometo, a los cinco meses estaba hablando inglés, qué te demuestra eso, que el niño no aprende sentado, sino en ejecución. Aprendí a hablar inglés, trabajé en la construcción porque hay que trabajar de todo, luego de buscar encontré pega en un gimnasio. Paralelo al outdoor desde tercer de universidad estuve ligado al spinning, tomé cursos y todo, aprendí a hacer spinning, me gustó mucho, trabajé en los gimnasios de Temuco toda la vida. Necesitaban un profe, me probaron, hice la mejor clase de mi vida creo, sin hablar mucho inglés, y me dejaron”, comentó Ferrari.

En aquella primera clase, cuyo texto ensayó muchas veces para evitar problemas, pero que comenzó con problemas para poner la música. Pese a todo, se impuso el ímpetu y las ganas, por lo que finalmente obtendría el trabajo en una clase que contó con un invitado especial.

“Me acuerdo que atrás había un gordito, colorado, rubio, que después de la clase se me acercó a meterme conversa y a decirme que le había gustado mucho la clase, que había estado muy buena. Cuando se aleja, se da vuelta y me dice que tengo el trabajo. Era el dueño del gimnasio y bacán, empecé. Me dieron dos horarios con los que me di cuenta por qué necesitaban un horario, era a las cinco de la mañana y había que estar ahí para hacerla sin que se notara que te venías levantando”, dice Enzo.

Pasó de aquel horario de madrugada a tener más de 10 clases de spinning, pero quería pasar a ser miembro de la planta de personal trainers. Es por eso que tomó la determinación de seguir especializándose. Pero luego de dos años, comenzó a tener ganas de emigrar.

“El pasaje de vuelta estaba para un año, Working Holiday, te piden tener pasaje de vuelta. Cuando pasó un año estaba a full con 10 clases de spinning y 20 de personal. No te miento, en Nueva Zelanda se ganan muy buenas lucas, con un costo de vida similar al de Chile. Le dije que no me quería venir, que se me vencía la visa, y me la tramitaron ellos, me pidieron el pasaporte y todo listo, había que pagar pero me dieron una de trabajo por un año más. Cuando ya te la dan una vez, te la dan todos los años, cuando ya te la dan dos veces a la tercera ya eres residente. Pero me salió el lado vikingo, el lado conquistador, y me quise ir para ver qué hay en otra parte. Postulé a un trabajo en un crucero de la línea de los royal Caribean, y quedé. Tenía inglés, capacitaciones internacionales, con un currículum que pesaba más. Cuando me llaman a entrevista, luego de la primera en Wellington, había que ir a Londres a una segunda entrevista a la vida, porque nadie te pagaba nada. Fui a la entrevista, quedé, era un jueves y los que quedaban partían el lunes. Tomé otro curso, de trabajo a bordo, aprendí a hacer clases de yoga, pilates, cosas que no hice nunca más pero había que aprender a hacer de todo”, comenta Ferrari.

Con un currículum potente llamó la atención de la compañía de cruceros, luego de viajar a Londres se subió a estas ciudades flotantes con la esperanza de conocer y recorrer cerros en diferentes partes. Pero no sería lo que finalmente encontraría.

“El encierro me afecto, el encierro en un barco no era lo que yo había pensado. Pensaba que me iba a poder bajar en todos los puertos, que iba a conocer montañas, pero no es tan así. Pasas a ser casi esclavo del barco, no tienes tiempo para nada y cuando lo tienes estás tan cansado que ir a correr a un cerro lo hice poco”, contó Enzo.

Luego de sentirse atrapado en estas ciudades que recorrían el Mediterraneo con sus tripulantes, decidió que debía cambiar de ambiente. Volver a Nueva Zelanda no le parecía, había terminado y quería descubrir un nuevo escenario. En esta búsqueda, decidió volver a Chile.

“Llegué súper motivado a conseguir un buen trabajo, con el currículum que arrastraba, pero medio perdido sin saber para donde. Estuve un mes en la casa de mi vieja en Temuco viendo para donde iba la micro y el Renso Santoro me trajo a Santiago a trabajar a Outsoul. Ahí ya me vine a Santiago, trabajé con él un tiempo en la tienda, y me empezaron a llegar clientes a la tienda, trailrunners, porque había competido antes”, explica Enzo. 

Luego de estas medidas que lo han llevado a conocer continentes, que lo llevaría a subir cumbres y a desafiar su cuerpo siempre. El dudar no parece una opción, la resiliencia de levantarse es siempre importante, en ese sentido Enzo entrena para enfrentar el miedo.

“Generalmente soy super impulsivo, hago muchas cosas sin pensarla tanto. Tengo una cualidad de que si no resulta tengo la capacidad para solucionar los problemas que se presenten. Trato de nunca dejarme llevar por el miedo, es bueno que exista miedo porque ayuda a que se pongan ciertas cosas en orden. Para eso uno se entrena, al final todo se entrena, física y mentalmente. Si algo te da miedo tienes que repetirlo hasta que se te pase”, concluye Enzo Ferrari

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