Slackline: Caminando por el aire

Published On 25 Abril, 2018 | By Fulloutdoor |

El slackline, es una disciplina que se instala cada vez más entre plazas y parques urbanos y que hoy, los tiene a todos deambulando por el aire.

Por: Claudia Benavídez, Fotos: Gentileza Abraham Hernández y Feslach.

La adrenalina estaba a punto de alcanzar su punto máximo. A 1.70 metros de altura, la cinta esperaba intacta las maniobras de los semifinalistas del Campeonato Mundial de Slackline: dos brasileños y un chileno.

Era el turno del chileno, Abraham Hernández, un linarense de 24 años que bajo el pleno sol de febrero había entrado mochileando a la ciudad de Viña del Mar. Hacía cinco días, Abraham y sus rivales de Brasil, Pedro Rafael Márquez y Randley Freitas habían franqueado las categorías iniciales: “Transfer”, que consistió en pasar de una cinta a otra haciendo trucos y “Open” donde los slackliners (como se denominan a quienes lo practican) llegaron a competir masivamente por unos cupos que los pasarían a la categoría siguiente: el “Qualify”. Una vez pasada esta etapa, el joven linarense y sus competidores lograron llegar hasta la categoría “Word Class”, la semifinal.

Sobre la arena, el público permanecía expectante ante las piruetas y rotaciones mortales con las que se estaban luciendo los competidores arriba de la cinta. Una vez terminado el show, el chileno supo que lo había dado todo. Finalmente, su certeza se hizo material cuando llegó el momento de la premiación: “Abraham Hernández se queda con el primer lugar y se convierte así, en el campeón mundial de Slackline”, determinaron los jueces.

En los ´80 los escaladores Adán Grosowsky y Jeff Ellington decidieron desafiar sus destrezas y se lanzaron a caminar arriba de cuerdas flojas sobre el Valle de Yosemite, en California, como una forma de relajar el entrenamiento. Fue justamente en esos momentos cuando surgió una especie de hermano pequeño de la escalada: el slackline, un deporte de equilibrio que hoy tiene al mundo caminando por el aire.

Pero a diferencia de la cuerda floja, sobre el slack se puede rebotar con la espalda, las rodillas o el abdomen. Se trata de una cinta de naylon de entre 3 y 5 centímetros de ancho y cerca de 20 metros de largo que se ancla sobre dos puntos fijos para que los slackliners puedan realizar saltos, flips y posturas de diferente dificultad. Uno de los aspectos más llamativos es que este deporte puede hacerse en montañas y ríos, pero su popularidad llegó a tal, que hoy también se instala en medio de parques urbanos, sitios donde se acostumbra a amarrar la cinta entre dos árboles que deben tener más de 30 centímetros de diámetro para soportar bien el peso.

La técnica llegó a Chile hace aproximadamente cinco años y comenzó a difundirse con mayor fuerza hace tres con la ayuda de tiendas como Pro Rider´s, empresas que se especializan en productos para slackline y que fabrican cintas e insumos para este deporte. Aquí las cintas para principiantes pueden ir desde los 20 mil a los 60 mil pesos, mientras que las más especializadas pueden llegar a costar entre 60 y 150 mil pesos.

En promedio, quienes realizan este deporte se encuentran en su mayoría entre los 24 y 30 años pero en definitiva, no hay límite de edad para practicarlo. A estos amantes de la cinta  se les puede ver en cualquier parque a lo largo de todo el país: “En chile ahora hay mucha gente que practica slackline y siempre se siguen sumando. En casi en todas las ciudades del país existe un grupo o una persona que practica slackline”, comenta Abraham.

Tal ha sido el éxito, que hoy cualquiera que desee practicar este deporte se encontrará con una gran comunidad de slackliners reunida en un solo punto y lugar: la Federación de Slackline Chile, Feslach. Aquí llegan quienes lo practican por diversión y también de forma más profesional. Justamente, fue esta federación, en conjunto con el Club deportivo “Libera Tu Mono” de Viña del Mar, los que  organizaron el Campeonato Mundial de Slackline en el que se coronó Abraham. En esa ocasión, el evento fue gratuito y llegaron más de 200 espectadores.

“Creo que el momento que me hizo ganar es un momento que nadie ve, solo yo. Ahí es cuando veo la preparación que llevo a cabo día a día, con o sin dolor, con frío o calor. Siempre me preparo no para ser el mejor, sino para superar mis propias habilidades y luchar contra los miedos en cada pirueta, en cada momento”, cuenta el campeón mundial de slackline.

Feslach comenzó a gestarse en 2014, precisamente como respuesta a la masiva participación e interés de este deporte tanto con fines competitivos como puramente recreativos:

“Son muchas las municipalidades en Chile que apuestan en la actualidad por este deporte y sobre todo porque deben cumplir con los PME de sus establecimientos (proyecto de mejoramiento educativo). Con el paso del tiempo, ya hace más de seis años, comenzamos a preocuparnos por el tema integrativo y nos dirigimos a estandarizar las metodologías de enseñanza de este deporte. El trabajo multidisciplinario es muy importante en esto, y para eso contamos con miembros activos de nuestra federación que son profesores de educación física, kinesiólogos, psicólogos y otras profesiones afines. En la actualidad tenemos noción de que hay talleres en Viña del Mar, Concepción, Temuco, Talca y Rancagua, entre otras ciudades”, explica Rodrigo Díaz Caamaño, encargado de Comunicaciones de Feslach.

Desde Feslach también comentan que después del mundial, Chile se posicionó como el primer país sudamericano en formar alianza con la International Slackline Association, ISA, organismo europeo que apuesta por una consolidación del slackline a nivel global con el fin de que se estandarice su integración en campeonatos.

Además, esta federación trabaja en la construcción de parques de slackline a lo largo del país y explican que: “La construcción de slackparks en Chile es un proceso que requiere de mucho esfuerzo y de una red de contactos importante. Es por esto que nosotros prestamos el asesoramiento a los clubes de slackline para lograrlo”.

Un estilo de vida

Pero el slackline no ha sido lo único en la vida de Abraham: “Primero fue el surf pero solo me he subido a la tabla como cinco veces, y en cuanto al snowboard, he subido a la montaña diez veces pero no es que lo practique siempre. Solo tuve la oportunidad de hacerlo por que trabajé en la tienda Pro Rider´s y Alexis, que es el dueño, me ayudó dándome empleo por las mañanas para así poder entrenar por las tardes. Pero para mí, el slackline es realmente todo un estilo de vida”, cuenta.

Comenzó a practicar sobre la cinta hace no más de cuatro años y hoy ya puede decir que siente una gran satisfacción cuando representa a todos los chilenos que practican esta disciplina. “Cada triunfo que he logrado es también por ellos”, dice el slackliner.

Entre todas las modalidades que existen en el slackline, Abraham cuenta que prefiere el trickline. “Mi estilo sobre la cinta lo calificaría como el de un b-boys, una persona que baila breackdance. Principalmente por un tema de grabs o  figuras que marcas en pleno vuelo de un truco”, explica.

El Trickline es el tipo más difundido y practicado. Aquí la cinta se ubica a poca distancia del suelo y lo importante es que siempre esté bien tensa porque sobre ella se realizan saltos y trucos de destreza como los flips o rotaciones mortales y donde se rebota con distintas partes del cuerpo.

En la modalidad de Longline, las cintas tienen 30 milímetros de ancho. Son más finas porque el objetivo en este formato es cruzar de un lado al otro realizando diferentes posturas en equilibrio, pero nada de trucos.

En cuanto al Highline, la cinta se coloca a más de 20 metros de altura y la idea también es cruzar de un lado al otro. Esta forma es muy peligrosa y la gran mayoría de los slackliners utilizan un arnés de seguridad enganchado a la cinta. Pero siempre hay otros, que más arriesgados, lo hacen sin ninguna medida de precaución.

El Waterline se realiza con cintas anchas de 50 milímetros. La única diferencia con el trickline es que este se realiza sobre agua.

El Rodeoline es una de las modalidades más complicadas. Aquí, la cinta se va poco tensa y en forma de U y los atletas deben hacer equilibrio sobre ella como si fuera un columpio.

Por último, también existe el Yoga Slackline y consiste en realizar yoga sobre la cinta. Para ello es necesario mucha concentración y práctica.

Pero aunque existe una modalidad de slackline que se relaciona directamente con el yoga, Abraham cree que muchos aspectos de esta disciplina siempre están presentes a la hora de subirse a una cinta.

“Tienes que lograr una gran concentración. Como en el yoga, aquí también aprendes a respirar de una mejor manera a la vez que sientes cómo cada musculo de tu cuerpo se contrae para mantenerte sobre la cinta. En el Slackline se trabaja el cuerpo y la mente. Muchos describen que es lo más parecido a la meditación porque consigues focalizarte de tal forma que te desconectas. Solo estás tú y la cuerda. En el trickline por ejemplo,  que es muy dinámico, aprendes a coordinar cada truco con la respiración para tener una mejor fluidez  allá arriba. Por eso el slackline es para todas las personas que tienen las ganas de querer practicarlo. Los beneficios son múltiples, haces funcionar el aparato vestibular y aprendes a conocer todo tu cuerpo”, comenta Abraham.

Es por esto que además de ser visto como un deporte, consistente directamente en hacer ejercicio físico, el slackline también puede ser catalogado como una disciplina, en cuanto se considera que su práctica ayuda a formar carácter y a fortalecer el espíritu.

Y si bien, para muchos slackliners dar el primer paso sobre la cuerda es lo más difícil, una vez allá arriba se pueden conocer inmediatamente todos sus beneficios:

Mejora la concentración y la autoconfianza: durante la práctica del slackline es necesario estar concentrado cien por ciento porque si la persona no logra enfocarse completamente en lo que está haciendo, se caerá. La autoconfianza mejora también en la medida en que uno va perdiendo el miedo y va superando desafíos con nuevos movimientos.

Disminuye el estrés: el slackline es un deporte que se practica  en parques y lugares al aire libre, lo que contribuye a la sensación de bienestar. Como la persona que lo practica debe enfocarse totalmente en la ejecución del movimiento, estará tan concentrada que no tendrá tiempo para pensar en los problemas que le causan estrés.

Mejora el equilibrio y la postura: como el objetivo es mantenerse sobre una  cinta no muy gruesa y que oscila, el equilibrio es trabajado en todo momento. En consecuencia, la cinta obliga al practicante a mantener una postura correcta con el objetivo de permanecer  arriba la mayor cantidad de tiempo.

Aumenta la fuerza y fortalece el cuerpo: en el slackline, el esfuerzo por mantenerse equilibrado permite el trabajo de la musculatura profunda, la que está encargada de darnos estabilidad. Una persona que intente lograr equilibrio también estará trabajando el abdomen, es decir, el centro de todo nuestro cuerpo. Y aunque los músculos son solicitados en su totalidad, las piernas aquí son fortalecidas considerablemente.

Previene lesiones: cuando se fortalece la musculatura profunda, las articulaciones, tendones y ligamentos quedan inmediatamente más protegidos.

Antes de comenzar a practicar slackline por primera vez se deben tomar algunos cuidados. Primero es necesario buscar lugares resistentes para montar la cinta. Los árboles con raíces profundas son ideales.

Se debe prestar atención a la altura en que la cuerda será colocada. Un principiante puede comenzar con unos 30 o 40 cm y puede tener a alguien dándole una mano. Una vez arriba, se coloca el pie entero en la cinta, las rodillas van semi-flexionadas y los brazos abiertos.

El slackline puede practicarse descalzo o con unas zapatillas bien rígidas y antes de comenzar el ejercicio, siempre conviene elongar y precalentar el cuerpo.

Haciendo historia

El 23 de junio del año pasado, los mejores atletas de más de 12 naciones volvieron a levitar por los aires con grandes trucos sobre la cinta en el parque Freestyle Fun Park de Alemania. Se trató del World Slackline Masters 2017, el torneo que reunió a grandes slackliners del mundo entero en la ciudad de Múnich. Entre ellos estaba el ganador de 2016, Teruto Tanaka de Japón, el estadounidense Alex Mason y el chileno Abraham Hernández, y entre estos dos últimos se formó el Team América.

Con solo dos minutos sobre la cinta, este dúo sorprendió al jurado y juntos saltaron a la final, etapa que disputarían más tarde con el equipo de Japón. Ese día,  a las 21:30 horas, Abraham y Alex estaban alzando los brazos en señal de triunfo.

Abraham, ¿Qué te ves haciendo en un futuro?

“Me veo creando alguna escuela de slack o haciendo intervenciones en colegios vulnerables. Quiero contar mi historia e intentar aportar con un granito de arena, y al mismo tiempo, hacer cosas nuevas con la cinta”, concluye el slackliner.

Foto portada @diego_sunrise. Fotos: Gentileza Feslach.

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