Ultra Fiord en los pies de Green Trail

Published On 7 Mayo, 2015 | By Fulloutdoor |

El pasado mes de abril, se desarolló el Ultra Fiord en la Patagonia, consolidándose como una carrera de paisajes hermosos y senderos dificultosos. Heriberto Bello y Álvaro de la Barra, perteneciente al Club Green Trail nos cuenta su aventura e impresiones de esta hermosa carrera.

Ultra fiord, marcado en la piel

Por Heriberto Bello

Sobre Ultra Fiord ya está todo dicho, mi experiencia no es muy distinta a todos los relatos posteados en redes sociales, sólo me resta comentar que en lo personal fue muy edificante en mi espíritu deportivo, para mí fue una gran hazaña lograda  a mis 57 años, la más extrema y salvaje experiencia de Trail hasta ahora, tanto así que para mí vino a marcar un antes y un después en mi corta trayectoria de trailero.

Ultra Fiord se convirtió en un tatuaje en mí ser. Es probable que con el tiempo deje de admirarlo, pero siempre estará impreso en lo más profundo. Y el resto, siempre que me mire, siempre lo tendrá a la vista.

Agradezco a Stjephan Pavicic y su equipo,  por habernos transportado, con este largo viaje,  al mágico mundo de los fiordos, un sueño hecho realidad!!!

Y especialmente a mi querida esposa, quien me acompañó en la mañana en esa largada colmada de ansiedad, y que permaneció como siempre con su corazón y brazos abiertos, después de haberse soportar 29h de espera sin ninguna noticia de mí.

También agradezco a mi querido Green Trail Club, por su constante apoyo, generadores de motivación que me hace cada día ser mejor, y en retribución a tanto cariño, es que porté durante la carrera su bandera. Y no hay honor que me haga más feliz que haber llevado al podio de este gran desafío, el nombre de nuestro Club!

Paso a paso por los fiordos 

Por Álvaro de la Barra

Ultra Fiord prometía ser una aventura, pero fue mucho más dura y espectacular de lo que imaginé.

En la línea de partida estábamos los corredores de 114K y 70K. Esto nos dejó junto a corredores internacionales como Xavier Thevenard, Fernando Nazário, Matt Maynard, Krissy Moehl, Brittany Dick y Manu Vilaseca, entre otros. Ellos venían a disputar los primeros lugares ¡A ellos no había que perseguirles! Yo, por mi parte, estaba para recorrer la ruta, cuidar mi tobillo (venía recuperándome de un esguince) y decirle a mi mente que sí podía con carreras de 100 kilómetros (tenia solo carreras de 80K).

No era una carrera cualquiera y de esto nos dimos cuenta en los primeros minutos. Una llovizna nos acompañó desde el inicio y enseguida nos encontramos con; ríos, rutas empantanadas, troncos, raíces enlodadas y barro por todas partes. En fin, todo lo que una ruta virgen de la Patagonia nos podía ofrecer. Pese a esto mantuve un ritmo dentro de tantos obstáculos era difícil y extenuante. Mientras iba encontrando corredores atascados en el barro, asumí que tenía que dejar de lado mis tiempos estipulados y que lo más importante era terminar la ruta.

Así empecé a buscar algún compañero para hacer la ruta juntos, lo intente primero con Cindy Ramírez y luego con Sofía Cantilo pero era difícil mantener ritmos iguales en este suelo. Cubiertos en barro llegamos al kilómetro 30, donde teníamos el primer campamento con bolsos y ropa de cambio, ahí me di cuenta que varios corredores no lo estaban pasando tan bien, incluso se dieron algunos abandonos. En este punto intenté hacer una parada corta y salir sin cambiarme los calcetines, pero apenas salí empecé a temblar, no me di cuenta del frío que tenía y tuve que devolverme. A resguardo del viento y a los pies de una chimenea, me cambié de ropa y pude compartir con corredores de todas las distancias porque esta carrera tenía eso, distancias que podían coincidir haciendo que el viaje fuera más ameno. Si bien el paisaje de los fiordos resultó ser espectacular, compartir la ruta fue una fiesta.

La ruta era mayormente virgen, estaba muy bien marcada por lo que podías avanzar tranquilo fijándote de re ojo en la próxima marca. Esto fue así hasta llegar al punto más alto, ahí la señal dejó de ser reflectante y pasó a ser blanca, para los que llegamos a ese punto en la tarde, con neblina y todo nevado fue muy difícil seguir la ruta demarcada. Sin embargo, agrupados y trabajando en equipo logramos continuar.

Ya había llegado la noche mientras descendíamos, y se venia el bosque en el cual habían enormes troncos tirados en el suelo que hacían de la ruta un zig-zag. En este punto se podía intentar mantener un buen ritmo pero mi linterna se había roto y tenía que llevarla en la mano. Por suerte venía Francisco Jara, compañero de Green Trail Club, quien junto con Verónica Rojas (Ecuador), estaban terminando su ruta de 70K. Con ellos logré salir de la parte más oscura del bosque.

Ya más adelante fue un alivio llegar al campamento del kilómetro 70, porque a partir de ahí se acabarían los ríos y bosques para dar paso a caminos de 4×4. En este punto, la gran batalla era contra el cansancio y el sueño. También pude cambiarme otra vez de ropa, incluso de zapatos. Me alimenté con todo lo que encontré y preparé de nuevo mi mochila, ¡comenzaba una nueva carrera y era una maratón!

Estábamos en la cocina con Enzo de Brasil, Karina Palomino de Perú y Katherine Cañete discutíamos cuanto descansaría cada uno ya que estábamos con bastante sueño. Afuera de la cocina estaban los corredores norteamericanos Kerri Bruxvoort, Nikki Kimball, Candince Burt y Jan Kriska, quienes discutían si seguir o no, ellos estaban por la distancia mayor, las 100Mi. No estaba acostumbrado al café instantáneo, necesitaba uno de verdad. Salí del campamento con mucho sueño y solo. Como aún no amanecía el sueño se me hizo muy pesado, así que decidí intentar algo que había escuchado, pero que nunca había intentado: dormir caminando.

Sabía que si me acostaba a dormir no podría levantarme, por eso decidí caminar y cerrar los ojos. La verdad es que fue mas fácil de lo que imaginaba, porque en realidad el sueño ya estaba por vencerme, así que entre pestañeadas transcurrió casi una hora y luego me sentí bastante recuperado. Aparecían los primero rayos de sol y ya me sentía con nuevas fuerzas. En eso llegó Katherine Cañete y decidimos recorrer la mayoría de esos kilómetros finales los que fueron  muy aburridos, ya que era una carretera de ripio que llevaba a Puerto Natales. El paisaje ya no tenía nada para admirar y se convertía en una recta interminable. En este caso, lo mejor era ir acompañado para que el tiempo pasara más rápido.

En la llegada estaban los ganadores de mi distancia esperando a los corredores que venían detrás. Ese fue el espíritu que viví en Ultra Fiord, compañerismo, apoyo y experiencias entre todos los corredores nacionales y por sobre todos los internacionales.

Con esta carrera buscaba romper mis límites de distancia pensando en la preparación del Ultra-Trail du Mont-Blanc.  Después de terminar Ultra Fiord me siento más confiado y convencido de lograr el UTMB como a mí me gusta: disfrutando.

¿Volvería? Sí, me encantaría volver a vivir esa experiencia. Ojalá pueda, pero consideraría ciertas cosas:

– Si incorporan una categoría para duplas el año que viene, puede ser una buena opción. Seria una buena forma de asegurar un ritmo óptimo durante toda la ruta y una mejor resolución de los posibles obstáculos.

– No se olvide de los bastones (o se arrepentirá)

– Tener ropa de cambio en todos los puntos posibles y cuando digo ropa me refiero a toda, la primera capa.

– Las zapatillas merecen un punto aparte. Aunque usted sienta que puede recorrer 70 kilómetros con ellas, mejor piense en cambiárselas en cada campamento, porque la cantidad de agua y barro acumulado será demasiado. Ah! Y no se lleve las más nuevas y de los calcetines, ¡despídase!

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