Hiking “Filo de los Espinos”. Parque Mahuida – Camino al Cerro de La Cruz

Published On 3 Septiembre, 2013 | By Paris Capetanópulos |

Un paso más adelante

Mi padre hace ya bastante tiempo que me venía diciendo que quería que  lo acompañara a subir algún cerro.  Yo no soy gran fanática de este deporte, aunque lo he acompañado varias veces, pero como no lo veo mucho…  no lo pienso dos veces. Son “los momentos” en los que puedo compartir con él. En esta salida fui por tercera vez al parque Mahuida en un intento de hacer cumbre en el cerro La Cruz. La verdad, debo decir que nunca me gustó este cerro, quizás porque no he logrado llegar a la cumbre y porque es pesado pero como dice el dicho, “el que quiere puede”.

En lo personal consideraba que me encontraba en un excelente estado físico. Corro una hora al día, hago pesas… en general, practico mucho deporte, es algo que me gusta mucho y que tengo en común con mi papá, así que dije: “estoy lista y dispuesta”.

El día de la salida me levanté muy temprano por la mañana. Me bañé, me vestí y tomé como siempre un buen desayuno. Comenzamos a subir alrededor de las 9 am. A medida que íbamos avanzando veía cómo mi padre cada ciertos tramos, me aventajaba para posteriormente esperarme. Esta situación pasaba de forma frecuente y caí en la cuenta que él no era el que iba rápido, sino que yo iba demasiado lento, no lo entendía. Según mi opinión, estaba totalmente preparada, el peso de la mochila me molestaba y tenía que hacer paradas para respirar, no habíamos avanzado nada y ya estaba pensado en “tirar la toalla (en lo personal no me considero una persona penca). Mi padre cada cierto tiempo me preguntaba cómo me encontraba y yo le respondía: “voy súper bien”, cuando en realidad lo único que quería era echarme en cualquier lado y dormir.

Cuando empezamos a subir, mi papá me indicó que antes de llegar al Filo se aprecian dos mesetas pequeñas y que eso lo tomaríamos como referencia para descansar. Algo que me llamó la atención fue que desde abajo, todo se ve cerca pero al aproximarse, las cosas se distancian y son más largas de lo que uno cree.

La subida fuerte empieza pasando la torre de alta tensión en un denso bosque. También veía que la ascensión se ponía cada vez más empinada y continuamente le preguntaba dos cosas: ¿cómo vamos a bajar? Y ¿cuánto falta para llegar? La subida no paraba y pese a que el paisaje era muy bonito, el cansancio lo apagaba.

De apoco empezaron a aparecer manchones de nieve para luego ser parte del paisaje. Mi fatiga aumentaba y el tranco firme de mi viejo no me daba tregua, no le iba a decir que  me quería ir porque sabía que él quería continuar, así que le dimos no más.

Llegamos a un letrero que decía: tiempo estimado para subir todo el cerro La Cruz a un paso… moderado… cuatro horas… Ya eran las 12, tres horas caminando y ni siquiera llevaba la mitad del camino. El sol comenzaba a pegar fuerte y la cantidad de paradas pasaban el número de mis dedos. Era empinado el camino, mucho más de lo que creía. Mi papá definitivamente estaba conmigo, acompañándome y me comentaba que debido a la gran cantidad de nieve y por efecto del calor, ir más arriba, pasado el Filo, era un poco peligroso para personas que no tienen el hábito. Me comentaba que bajo estas condiciones las piedras con nieve se ponen jabonosas así que ni pensar en subir. Mi papá iba con la lengua afuera y hablando de la cima y no habíamos siquiera llegado al Filo. Me sentía muy extenuada pero ya faltaba poco. Unos pasos más, yo tambaleando, mi viejo animándome hasta que al final logramos llegar a un filo donde comenzaba recién el camino al cerro La Cruz, pero yo ya no daba más así que le dije que quería llegar hasta aquí. Dejamos las mochilas, sacamos fotos y preparamos cosas para comer. Me sentía totalmente aliviada, había logrado un tramo mucho más largo del que había hecho anteriormente, logré llegar hasta el filo de los espinos, lo que no es malo.

Una vista muy hermosa se abría ante nosotros. Un gran valle, el parque “Aguas de Ramón” se apreciaba mientras mi padre me comentaba el nombre de varios cerros y quebradas que existen dentro del sector. Cuando uno los mira desde Santiago, no encuentra relación con lo que se ve desde acá. La cantidad de nieve caída llenaba con muchos colores lo que se avistaba mientras varios cóndores rondaban muy cerca de nuestras cabezas. La verdad es que había otros pájaros como águilas y un ave muy colorida que se parece a un halcón. Este lugar es excelente para quienes empiezan a realizar cerros por primera vez, un buen lugar para trekkear.

Después de haber descansado su buen rato, era el momento de regresar, yo ya estaba mucho mejor pero sabía que sería difícil bajar porque la nieve derretida forma enormes barriales y además, en ciertos lugares, tenía que bajar afirmándome de rocas y árboles. Estaba muerta de miedo, parecía perro con frío. La bajada se nos hizo eterna, en un momento no pudimos ni caminar, cada paso que dábamos era un retroceso, ya que el barro nos arrastraba hacia abajo y se nos hizo imposible. Eran las 5.30 pm y seguíamos luchando contra las caídas en el barro, “estábamos “en tierra y la ropa totalmente sucia.

Casi al final, cuando ya había pasado lo peor, me comenzaron a doler mucho los pies, lo que hizo que mi paso se redujera a medio kilómetro por hora. Era tanto que no sabía cómo caminar, así que tuve que intentar varias formas: caminar de lado, con las piernas más abiertas, dando pequeños saltos, etc.

Efectivamente, mis pies, por la falta de costumbre, se sensibilizaron mucho. Cada paso era un suplicio. Los zapatos terminaron pasándose considerando que tengo buenos tatos de trekk. Mi padre nuevamente me logró pasar, ya caminaba sola, estaba desesperada por llegar a mi casa, sentía que el camino no se terminaba nunca. Cuando al fin logré llegar hasta la entrada… todavía se me venía la peor parte… la bajada del parque Mahuida hasta el paradero. Creo que me demoré media hora en bajar un tramo de 200 metros. Si me preguntan cómo la pasé… yo respondería que excelente, logré lo que me había propuesto, me sirvió como una linda experiencia para contar, me reí mucho. Considero que esta pequeña travesía es un lugar para ir a compartir con la familia, cualquiera con disposición lo puede lograr, tiene un hermoso camino con una flora y fauna muy bella. Vimos una gran cantidad de cóndores, aprendí sobre el tipo de árboles que hay ahí y más que nada disfruté con mi padre, mi partner de trekking. Es una linda experiencia que muchos pueden vivir, para compartir y reflexionar. La entrada es de 500 pesos por persona, accesible para todos y los que vayan, espero que lo disfruten tanto como yo.

Textos: Florencia Capetanópulos y Paris Capetanópulos

Edición de textos: Paris Capetanópulos

Fotografía: Paris Capetanópulos

Cortesía:

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