Experiencia | Trail Running Arica

Published On 10 Septiembre, 2013 | By Colaborador Invitado |

Por Nelson Sepúlveda, corredor aplanacalles

Arica, la ciudad de la eterna primavera, amaneció como nunca el sábado 24 de agosto, con una tenue e inusual llovizna, que confundía las ideas para enfrentar el duro desierto al día siguiente.

El domingo 25 de agosto a las 9:10 se dio inicio a una de las carreras más duras en las que he competido durante este año. A casi 100 metros de la partida uno se enfrentaba a un muro de arena. Nadie pudo correr por aquella pared, tanto por el desnivel como por la cantidad de arena suelta en la primera gran duna. Alcanzando la cima corrimos por detrás del cerro “Coca-Cola”. Bajando fuertes pendientes de arena y volviendo a subir largas dunas, pasamos por delante del cerro de la bebida y nos preparamos para una nueva gran subida y bajada a un laberinto dibujado por la quebrada. Hasta esos momentos el sol estaba lo suficientemente fuerte como para sentir de inmediato cómo nos quemaba la cara, las manos y las piernas. El desierto es hostil y eso era parte del juego.  Así, cada vez nos adentramos más en el desierto que hace irreconocible las distancias, que hace minúsculos a los corredores cuando se les saca cierta distancia y que vuelve cada vez más agotador el trote entre la arena.

Los puntos de hidratación que contaban con agua estaban bastante bien ubicados cada 5 km al principio y cada 10 km después de los 20 kilómetros. El marcaje de la organización fue excelente, con banderas y cintas en los lugares más complicados. Así, después de dos horas, alcancé el punto de división de las rutas entre quienes seguíamos hasta los 43 km y quienes solo se habían sumado por 23 km.

Mi estado no era el mejor, estaba bastante cansado por competencias anteriores y el dolor de cabeza me jugaba una mala pasada. Luego del CP en el kilómetro 20 bebí agua, logré relajarme un poco y continué por el objetivo. Se nubló y empezó a correr bastante viento, logré cubrir mis oídos con el buff y nunca me saqué los lentes de sol, que me ayudaron bastante a que no me entrara arena y a que el viento no me molestara más de la cuenta. Atravesé una bajada muy pronunciada con bastantes piedras sueltas y el haber logrado salir muy bien de esa parte me hizo recobrar las energías, empecé a correr a buen ritmo, a alcanzar corredores y entonces… un nueva cerro de arena. Caminar, aguantar, caminar, resistir, caminar y avanzar… Se llegaba a un camino con arena más menos compactada, fue el premio a la resistencia. Entonces, en el séptimo lugar, traté de alcanzar a más corredores, lo central fue intentarlo.

Llegué cansado pero vivo al puesto del kilómetro 30, recargué mi bolsa de hidratación, comí una naranja caminando y estaba nuevamente en carrera. Había que desviarse a un punto en el desierto y se volvía a pasar por el CP. Vi de frente a quienes tenía por delante, al dar la vuelta y volver al CP ya estaba en quinta posición. Mi reloj indicaba 33.20 km y recordé la altimetría desde ahí, solo bajada entre cerros de dunas y piedras sueltas. Me dejé llevar por la inercia, corrí y el sol ya estaba atacando nuevamente y de manera agresiva. Había que resistir, llegué al camino principal de arena muy compactada, cansado… Quedaban los últimos 7 km… entonces, a conservar el trote hasta que divisé delante de mí al corredor del cuarto puesto. Yo daba un paso y él se alejaba un paso. En el camino, un cartel jugaba con mi mente: “pastel de choclo a $1500”. Había que seguir, quedaban 3 km, estaba en el asfalto en carretera y decidí alcanzar al corredor. Cuando faltaba casi 1.5 km me puse a su lado, Francisco iba más menos por contracturas, hablamos y empezamos a trotar a la par. Doblamos al camino de arena de la partida y estaba la carpa, los autos, la meta…  logramos la cuarta y quinta posición de la general de la misma categoría. Ambos corrimos a la par, llegando a la meta nos dimos la mano y cruzamos con la camaradería que da el trail, ambos ocupamos el cuarto lugar en la general y ambos el primer lugar en la categoría. El desierto ofrece eso, la posibilidad de pequeños detalles más allá de cualquier carrera.

 Imágenes: Gary Fisher Caldesc.

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