Experiencia | Suzuki Climbing Tour

Published On 3 Septiembre, 2013 | By Fulloutdoor |

9 am – Olmué

En el centro acondicionado para hacer de campamento base, la gente ansiosa se preparaba para subir el cerro, instalada, rodeando el escenario y una serie de carpas con los patrocinadores ofreciendo distintos tipos de servicios. Comida, agua, bebidas energética, masajes y frutas esperaban a los casi 1900 participantes que la actividad recibía.

Al llegar, en el escenario se daban las instrucciones para empezar la carrera: kilómetros a recorrer, estaciones de hidratación, caminos de bajada, números de teléfono por sí te perdías, todo muy bien dispuesto para la partida.

Para empezar la carrera había que salir del complejo donde se encontraban todas estas atracciones y dirigirte a la entrada del parque nacional La Campana, dos kilómetros más arriba y ya empezabas a sentir el aire a eucaliptos, la vegetación y la sensación de naturaleza plena que llena de alegría y energía el cuerpo de la gente que disfruta de estas actividades. Con un paseo tranquilo con una huella de terreno parejo, inclinación importante pero firme, entre árboles, vegetación y aire puro; los 4,3 kilómetros de la primera meta se hicieron tranquilos, disfrutando el paseo junto a familias, gente conversando, sacando fotos y por sobre todo sintiendo este momento como único y especial.

A los 4,3 km estaba la primera meta y el primer punto de hidratación, una vista bella al valle de lejos, al cajón, donde Olmué se pierde entre cerros y campo. Muchas risas, muchas fotos, mucha interacción entre los participantes.Una vez hidratadas seguimos camino a la meta número dos. Es muy lindo hacer este tipo de actividades con gente cercana, afín, que disfruta de lo mismo y sigue tu ritmo o tú sigues el ritmo del resto, conversar, ponerse al día de la semana, reírse de nuestras propias falencias, hacer del trayecto una aventura divertida, conversada, disfrutada entre amigas, amigos, familia y pololos hace que se quiera volver. Es algo que te saca de lo cotidiano, del estrés del trabajo, la casa o cualquiera que sean tus preocupaciones. La buena compañía hace que la montaña más pesada se vuelva un sendero tranquilo y agradable.

 

Así, junto con mis amigas seguimos el segundo tramo a la meta. Entre risas y comentarios llegamos al segundo punto de hidratación en el kilómetro 6,7. Un breve descanso, unas fotos divertidas y seguimos al destino final.

Para hacer 11 km de cerro hay que tener buen estado físico o en su defecto mucho tiempo y perseverancia, pero llegar a la meta, llegar a la cima y disfrutar de toda esa energía, un mismo sentimiento, una misma motivación y la misma felicidad hace que cualquier dolor en el momento o al día siguiente, sea gratificante y satisfactorio. 1,5 kilómetros en total, cruzar la meta y escuchar el “bip” de tu chip es la mejor recompensa.  Disfrutar el paisaje, descansar mientras bebes agua, mirar a la gente que disfruta y se saca fotos en la meta lo dice todo. Felicidad. Satisfacción. Logros.

La variedad de caras y personajes es notable. De todos los portes, de todas las edades, hombres, mujeres, niños, hacen una mezcla ecléctica de amantes de la naturaleza y el ejercicio. Un momento para salir de la rutina y entregarse a lo natural. Todos vestidos igual, no hay gerentes, doctores, secretarias, estudiantes, no, todos iguales caminando o corriendo por la misma causa o motivación.

Una vez satisfecha la sensación de logro nos disponemos a bajar. No habíamos considerado que los 11,5 km estaban en la cima y había que bajar 6 km más hasta tomar de nuevo la ruta del comienzo de la travesía. 6 km. Si habíamos tardado 2:30 horas en hacer 11,5 km bajando tranquilamente, llegaríamos en 1 quizás. No. La bajada fue incómoda, por un sendero estrecho, en lugares con piedras un poco sueltas y con gente que detrás te apuraba para bajar, no fue muy placentero. Por un momento nos sentimos perdidos, por que las marcas dispuestas para señalar el camino por un buen rato no aparecieron y aunque mucha gente bajaba junta, fue un comentario generalizado: “¿Estaremos bien por acá?”

Pero ahí estaban las risas de las amigas de nuevo, imaginando escenarios de película de bajo presupuesto que hacía de nuestra aventura algo para recordar, un mito, una leyenda, lo que fuera, la idea era alivianar el camino pesado, imaginándonos el rico almuerzo o simplemente una silla cómoda. Las historias románticas y cotidianas hicieron de la bajada escabrosa una historia que los que venían junto con nosotras y que no tuvieron la mala educación de adelantarnos, disfrutaron entre risas junto a nosotras.

Al llegar por fin al centro de recreación, lugar donde habíamos partido, encontramos la agradable sorpresa que nos esperaban con unas hamburguesas y más bebidas energéticas, agua, pasta y ejercicios de elongación para aliviar cualquier dolor post cerro. Fue una especie de oasis para nuestros ojos.

Nos sentamos, comimos, bebimos y después de al rededor de 7 horas desde que habíamos llegado empezábamos a retornar a Santiago pero sin la tortura de ir por el auto, no nos acordábamos qué tan lejos lo habíamos dejado. Llegamos a pensar que lo habíamos perdido, pueden haber sido un par de cuadras, pero a esa altura solo queríamos una tina de agua caliente, una copa de vino y dormir pensando en la aventura que habíamos experimentado.

Un gran equipo, buen ánimo, risas y conversación hicieron de la aventura una experiencia inolvidable, con ganas de ir nuevamente a subir otra montaña y experimentar ese dolor adictivo que solo tus músculos exigidos pueden darte.

Texto / imágenes: Tamara Albarrán

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