Experiencia | Michelle Collyer y su regreso

Published On 26 Junio, 2013 | By Colaborador Invitado |

Me acuerdo exactamente que fue un día de septiembre del año pasado, cuando me miré al espejo y decidí que tenía que volver a las motos. Pero, ¿qué podía estar pasando por mi cabeza? Llevaba 13 años retirada del deporte y estaba dedicada a lo que hace cualquier mujer en esa etapa de su vida. Me había casado y habían nacido mis hijas, trabajaba hace 9 años en una empresa tradicional y tenía una vida normal. Recuerdo que lo primero fue contarle a mi mamá. Mis papás habían sido mi máximo apoyo desde que comencé en esto del motocross hace 23 años y una vez que se convencieron, siempre estuvieron orgullosos de mí, la primera mujer motocrossista chilena y la única en pista durante los 9 años que duró mi carrera deportiva. Sin embargo, los tiempos eran otros. Mi madre había quedado viuda hacía 6 años y escuchó con horror el relato de que su hija la haría pasar nuevamente por el susto que implica estar al borde de la pista cada carrera, cada entrenamiento. Además, existía un factor importantísimo y decisivo: mis hijas.

Por 9 años, durante los 90, mi vida y la de mi familia giró en torno al motocross. Cada día, al llegar del colegio, me sacaba el uniforme y partía al Cerro Los Dominicos a entrenar. Junto a mis grandes amigos, pasábamos la tarde entera hasta que caía la noche. Todos los fines de semana eran de moto, los paseos, las vacaciones, hasta pololo saqué… Vivía y respiraba moto! Cuando la vendí, producto de razones que les contaré en otro momento, mi vida cambió.  Perdí mi identidad. Ya no era motocrossista, ya no tenía actividades el fin de semana, básicamente ya no tenía nada que amara. Pero se esperaba de mí que hiciera lo que hace todo el mundo! ¿Cómo se te ocurre seguir andando en moto? ¿En qué cabeza cabe algo así? Siempre pienso qué hubiera pasado si yo hubiese seguido con mi carrera. Tal vez, dejarla fue parte de un ciclo natural y las cosas estaban destinadas a ser así porque serían más grandes aún. Quizás podría haberme convertido en campeona del mundo. Nunca lo sabré. Pero prefiero no atormentarme con ello.

Ese día de septiembre, con el apoyo de mi marido, intenté hacerle ver a mi mamá que volver a las motos no era una opción, que tenía que hacerlo, que desgraciadamente la pasión de mi vida no era la pintura en vidrio ni la cerámica en frío. La pasión de mi vida es un deporte de alto riesgo que puede tener consecuencias graves pero que hecho de manera correcta y con la cabeza fría puede ser como cualquier otro.

Mi regreso ni siquiera era sólo por mí. Sentí que tenía el deber de dejarle a mis hijas el ejemplo de que no hay sueños grandes, que cuando realmente queremos algo en la vida tenemos que dejarlo todo, porque cada día que había pasado alejada de las motos iba muriendo un pedacito de mí.  Y así lo hice. Senté  a mis hijas y les conté quién había sido su mamá. Y les conté también que iba a volver, que su mamá era como cualquier otra, sólo que vuela 20 metros en el aire.

Por: Michelle Collyer

Imágenes: Cortesía de Michelle Collyer

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