Experiencia | Cerro Diablo, 4190 msnm

26 junio, 2013 | Por: Paris Capetanópulos

El cerro Diablo sólo lo conocía por lo que me habían hablado de él fugazmente y debo reconocer que de toda la manada de andinistas era el único que no conocía el cajón en donde se encuentra. Años internándome en el cajón Arenas para prácticas de progresión en glaciar, en el Unión, en Invernales, en el Morado, por el Loma Larga y por mi empresa, la verdad es que pierdo la cuenta.

El cajón lo Valdés está justamente al frente del cajón Morales. Baños Morales, el poblado, pasa a ser un punto neurálgico para todos los que visitamos los diversos cerros de esta zona. Lo que Valle Nevado es para los que realizan ski, Baños Morales es para los andinistas, el foco de reunión en lo que es escalada tradicional y montaña. Qué provecho se le podría sacar al turismo de montaña manejando de forma intensiva este sector. Capacitar a los pobladores, crear un manejo transversal con los arrieros de la zona para que se capaciten, bajar los precios y aprender a mejorar la atención al turista extranjero. Asimismo, contar con mejor locomoción, que los valores de las hosterías sean proporcionales a lo que ofrecen…. en fin.

Muchos amigos nos vemos las caras aquí cuando bajamos de las cumbres (o intentos) y nos encontramos tomando una chela y esperando la única locomoción que llega a este villorrio cordillerano en estas fechas. Esta vez pagamos a un particular para que nos dejara justo en el Cristo de Lo Valdés. En el camino fuimos planificando desde ya los cerros y posibles fechas para poder subir contando con los dedos los feriados y fechas que no topen con pega. Cada vez más el perfil de cerros va en aumento en cuanto a su dificultad así que, por lo que escuchaba a mis compañeros, el Diablo era un buen desafío.

La fecha escogida fue el 7, 8 y 9 de junio y tocó la casualidad de que una semana antes había nevado duramente en la cordillera así que era de esperarse que estos valles que acumulan mucha nieve estuvieran tapizados con ella. Thomas y yo seríamos cordada, Alexis y David, el otro pequeño piño. Con Thomas nos quedaba claro que había que utilizar raquetas y fue lo más sabio.

Cuando partes al interior del valle, subes por una fuerte pendiente, que de hecho es la única dura, hasta llegar a la altura del cajón cordillerano. Adentro se veía todo blanco. Los primeros cerros que cierran este valle son el Retumbadero y el Vega y sus faldeos si bien tenían nieve no era proporcional a la cantidad acumulada en el valle.

Luego de un avance de dos horas nos pusimos las raquetas y de ahí en adelante, sólo nieve. Mis compañeros se fueron retrasando ya que ellos iban sin raquetas y por efecto del calor, la nieve se sopeó provocando que su caminar fuese más lento y desgastador. Se hundían en la nieve por cada paso que daban y Alexis terminó por hundir su bota plástica en agua mojándole un pie, lo que resultó poco agradable.

Las sombras de los cerros cada vez se fueron acentuando y el frío empezaba a entrar en la piel así que por cada parada había que abrigarse un poco más. Los colores naranjas en los cerros fueron acentuándose y al mirar hacia atrás veía la hermosa tonalidad del volcán San José que poco faltaba para que gritara… ehhh, foto!!! . Pasamos el refugio raudo, sin detenernos y ya el circo de cerros se veía al frente. Era el final del valle y lugar para instalar el campamento base. Un poco más adelante nos esperaba Thomas, que me preguntó por los mástiles de la carpa. Le comenté que estaban dentro pero al sacarla y doblarla, mmm… era obvio lo que ocurría, con tan poco tiempo para preparar mis cosas no me había preocupado de velar si estaban todos los implementos guardados. Conociendo el carácter sulfuroso de mi compañero ya veía una salida de madre llena de procacidades hacia mi persona pero comentó que el tiempo iba a estar tan bueno que vivaquear no nos haría mal. Ufff, buena. El saco de plumas nos salvaría nuevamente.

Se prosiguió con el avance y por mi parte llegué como a las 17:30 a una gran roca que por efecto del calor, tenía los bordes sin nieve y además, había restos de una pirca. Thomas ya estaba instalado y poniendo rocas para cubrirnos del viento (pucha el gallo activo). En menos de 5 minutos el frío caló duro y estaba dentro del saco con mis implementos listos y con polera nueva en el cuerpo. Al lado, mi cocinilla calentando nuestra comida y ya acomodados. David armó carpa y desapareció en un silencio llamado cansancio y posteriormente llegó Alexis (que venía un poco más atrás) y que naturalmente no perdona el cansancio por la comida.

Qué noche más agradable! Una leve brisa fría corría por el valle limpiando cualquier tipo de partícula que se encontrara en su camino y dejando el cielo impresionantemente despejado.

Debo reconocer que no soy bueno para dormir en saco o en el suelo. Me encanta, pero no duermo mucho así que me despierto mil veces. No sé qué hora era pero sentía ya el cuerpo repuesto de la caminata y con buen ánimo pero todavía faltaba al parecer. Nuevamente me quedé dormido. Seguía de noche y las estrellas tenían otra posición hasta que sonó el tedioso despertador de Thomas a las 4 am. Como mi compañero más que humano, es un autómata se irguió rápidamente quedando sentado y un trajín de ollas empezó a sonar. Preparaba el agua para llevar y naturalmente para hidratarnos antes de salir bebiendo un buen té. Él venía por segunda vez al Diablo y cómo este loco es tozudo, no daría chance a una tercera así que venía con todo el empeño para vencer a Don Sata.

Partimos, yo siguiendo a Thomas, conocedor de la ruta, porque estaba más perdido que payaso en velorio. Me mostraban las fotos de la ruta y yo sólo asentía… bien, súper, bien… cri cri cri.

Para variar y siguiendo la tónica de mis compañeros íbamos todos separados. Alexis parecía que iba al San José y Thomas al Retumbadero. Yo sólo seguía a mi compañero e imagino que David estaba igual de perdido. Después de hora y media llegamos al primer filo y el viento arreció fuerte trayendo el frío de la mano.

La idea era llegar a las 6.30 al mencionado filo desde donde se obtiene una vista a un extenso valle que termina en el camino que va al volcán Maipo, cerrado por gasco. De este filo en adelante se traviesa para luego remontarlo hasta llegar a un segundo filo que es el de la loma amarilla (Foto 5). La verdad es que el camino es confuso. Yo juraba que llegando al segundo filo había que tomar ruta por esta misma línea, pero no, nuevamente mis compañeros sacaron el mapita y empezaron los cuchicheos. Ahora había que bajar. ¿Bajar?, así es, bajar y traversear para entrar por un canalón que desde lejos se aprecia. Como este lado es cara norte había poca nieve así que las pasadas mixtas fueron de acá en adelante una rutina demoledora para los pobres crampones que ya estaban más romos que mi cabeza. Según indicaciones de ruta andeshandbook son pocos metros. ¿Quién escribió esto? ¿Barañao?, vale, parece que nació en el sur con esas típicas indicaciones de cuadra de campo. No son unos metros, es su trecho, en bajada eso sí.

Pasados estos escasos “metros” se llega al famoso canalón custodiado por grandes gendarmes. La ruta va en pendiente de unos 35° a 40° en una calidad de roca espantosa y sin dificultad técnica. Iba concentrado, subiendo y el ruido de los crampones al pasarlos por las rocas no me permitía escuchar el material que caía. Escuché que me gritaron fuerte “piedraaaa”. Alcé la vista y vi que venía una roca del tamaño de una pelota de fútbol cayendo como bala y dando tumbos. Wow!!!, me siento un palitroque. Le hago el quite y la roca siente temor de mí así que entre tanto tumbo me hace su dribling. Un metro?, dos?…ufff, me golpea y me saca la pierna.

El acarreo ya me estaba aburriendo y cuando siento sueño es que es cansancio. Me senté un rato y me hubiera quedado ahí doblado como churro durmiendo con el solcito pegando en la parka. Hay que seguir, queda poco. Vi a Thomas remontando fuertemente arriba. Había llegado a la falsa cumbre (que podemos decir, lo típico) y observé las huellas de mi compañero por la nieve.

Si no viera sus pisadas no hubiera podido orientarme para encontrar la cumbre pero qué más podía pedir, entre tanto trabajo con mis alumnos y Chilehike ni siquiera había visto la ruta previamente. Es una serie de laberintos rocosos. Avancé y observé a Thomas en la cima, me levantó el brazo como William Wallace y no lo vi más. La cima era nuestra. Ya casi llegando bajó mi compañero, lo felicité y me comentó que sólo faltaban unos 10 minutos por un filo muy agudo y expuesto. Al llegar al filo impresiona el corte del cerro por ambas laderas, una caída sería larguísima. Se debe pasar por un espacio muy estrecho y ahí estaba, parado en la cúspide del cerro Diablo, el más alto de este valle y el más lejano.

Una vista insuperable de tonalidad blanca aprecié en todos los contornos, todos los valles nevados. El viento golpeaba fuerte y fríamente en mi cara mientras observaba la maravillosa obra de Dios. Le di las gracias por cuidarme nuevamente y por acompañarme en cada salida. Sé que está conmigo.

David llegó, alzó el piolet y dio un grito de triunfo, alegre. Nos felicitamos. Llegó Alexis efusivo también, feliz por haber conquistado esta mole. Sacamos las fotos de rigor y mientras pasaban los minutos aproveché a comer una manzana que tenía guardada.

Lo había dicho, cuando hacía un mes atrás estuve en el Retumbadero, “al Diablo me lo tomo por los cachos” y con todo respeto don Sata, las gracias le doy por habernos permitido dejarnos entrar en sus terrenos y llegar sanos y salvos.

Para qué les cuento la bajada, lo entretenido fueron las dos chelas que me tomé con mis amigos y el suculento costillar con puré y pebre que degusté en la hostería de Baños Morales, los Chicos Malos, que bien puesto tienen el nombre, pucha que son ladrones!!!!

 

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