[Internacional] The Great Wall Marathon

2 mayo, 2013 | Por: Colaborador Invitado

Les dejamos la increíble experiencia de, nuestro amigo de España, David Tabares en la odisea por la gran muralla China.

Después de participar como corredor dos veces en Marruecos en la Desert Run (carrera por etapas en el desierto), continuaba con ganas de seguir viajando, aventurándome a correr en distintos lugares del mundo. Con la idea de hacer carreras diferentes a los típicos y multitudinarios maratones como el de Nueva York, Barcelona, Berlín, París, que, cómo no, también son atractivos, tenía la inquietud de realizar retos quizá más ambiciosos y, a mi modo de ver, más emocionantes.

Con gran ilusión, el pasado Mayo (19-05-2012) decidí correr el Maratón de la Gran Muralla China, el espectacular The Great Wall Marathon. Comenzaba la aventura de correr 42,195 metros, a los que se añadía la dificultad de superar  5.164 escalones, desafío que pondría a prueba mi entrenamiento y mi físico en general, en un increíble escenario como es el tramo de muralla de la provincia de Tianjin. Gran parte del recorrido transcurre por montaña, a la que se le suman los tramos que te adentran en la muralla y te permiten disfrutar de una carrera sobre una de las más impresionantes obras de la humanidad, que te adentra en la historia y te proporciona una experiencia extraordinaria.

La otra cara de este viaje era la de disfrutar de una cultura diferente, con sus peculiaridades tanto de forma de vida como gastronómicas, sus grandes templos, monumentos, sus mitos y sus dioses y, en definitiva, la manera de entender la vida de una gente muy sencilla y hospitalaria.

Tras un largo viaje desde Madrid (España) a China y con el sueño un poco cambiado, por fin llegamos al aeropuerto y de ahí a un hotel en el centro de Pekín. Con unos días por delante antes de la carrera, para ir adaptándonos al lugar, aprovechamos para hacer excursiones que supusieron también una placentera aventura, como pasear por la Ciudad prohibida, el Templo del cielo, la histórica plaza de Tian’anmen, el camino Sagrado, las Tumbas Ming, así como descubrir fábricas de seda o de Cloisonné con miles de años de tradición e historia o contemplar simplemente los mercados de Beijing con sus vendedores ambulantes, bicicletas, pancartas y todo el color y sabor de la ciudad. Disfrutamos también de la compañía de otros participantes en esta prueba que, alojados en nuestro mismo hotel, nos explicaban sus inquietudes y experiencias y con los que compartiríamos el desarrollo del viaje y más aún de la carrera, como si de un gran equipo se tratara. Deportistas de todo el mundo, Sudáfrica, Holanda, Estados Unidos, Argentina (en nuestro autobús y con el mismo guía), nos expresaban su interés en participar en este maratón que para ellos, al igual que para mí, no era uno más, sino “una carrera especial”.

Y llegó el gran día, momento en el que los nervios se te agarran definitivamente al estómago y no puedes ni comer, ni dormir (gran caravana de autobuses con banderas de distintos países nos recogían a primerísima hora de la mañana para llevarnos al inicio de la prueba) y sólo tienes en mente dos cosas: correr y divertirte todo lo posible.

La llegada a la plaza, inicio de carrera, ya fue emocionante, puesto que multitud de personas calentaban con dos monitoras que a ritmo de aerobic, iban poniendo a punto los músculos y ánimos de los participantes; los nervios se entremezclaban con la fiesta de una gran multitud de deportistas que parecían arroparse unos a otros, puesto que todo el mundo sonreía, hablaba y se relacionaba entre sí como si se conociera de antes.

Comienza la división de los corredores por corrales, maratón y media maratón y, con posterioridad se colocarían los participantes en carrera de 10 y 5 Km. En el primer corral se encontraba Luis Alonso Marcos el Español que estaba inmerso en el Grand Slam Marathon y a la postre, sería el vencedor de este maratón de la muralla china, batiendo el record de esta prueba. En el segundo corral me encontraba yo que sólo pensaba en realizar una primera salida rápida para alejarme de la aglomeración de inicio. Preparados, listos,… ¡ya!, y comencé a correr a un buen ritmo, con el corazón reservando fuerzas para lo que pudiera ocurrir a lo largo de un recorrido, un terreno y un clima tan desconocidos para mí.

Los primeros kilómetros transcurrieron por un pequeño y humilde pueblo y a su salida nos esperaba una pronunciada subida, en la que algunos corredores ya comenzaban a acusar la fatiga y los contratiempos del calor y de la humedad. Tramos de montaña combinados con otros de asfalto te acercaban a un camino que desembocaría en nuestra temida y amada, Gran Muralla. Piedra, piedra y más piedra, te adentraba en una historia de siglos y continuas subidas y bajadas, cuestas y miles de escalones te obligaban a cambiar de ritmo de forma casi constante. A unos peldaños altísimos que debías subir andando, le seguían cuestas empedradas que terminaban en nuevas escaleras muy pequeñas, donde apenas te cabía la zapatilla y que, según tu velocidad de carrera, tenías que optar por bajar en grupo saltando varias filas a la vez o reservarte y aminorar ritmo para seguir avanzando más lentamente pero de manera más segura. Había zonas un poco más desgastadas por el paso del tiempo, adoquines poco uniformes e incluso pequeños senderos de subida o bajada individual, puesto que no había espacio suficiente para más de un corredor; importante, poder llegar a estos tramos “sólo”, para no formar parte de lo que en momentos se convertiría en una fila de corredores que únicamente podían caminar y recuperar hasta que avanzaran quienes se habían situado por delante. Una pronunciada bajada de escaleras tras unas torretas nos adentraría nuevamente en la plaza de la salida, en donde el gentío animándonos era impresionante y tras cruzarla, como si de otra carrera se tratara o un bucle temporal te hubiera obligado a comenzarla de nuevo, la carrera se ponía interesante, con vuelta a la carretera, muchos kilómetros aún por delante, caminos de tierra y como postre final, un nuevo y último tramo de muralla, empedrado, escalones y… una meta esperándonos a todos con los brazos abiertos.

Es indescriptible la belleza de los paisajes que se divisan sobre la muralla, pero más aún lo es el trato que los habitantes de las pequeñas aldeas por las que discurre el evento, te dan mientras participas. Montones de niños se agolpan para saludarte, darte la mano, ofrecerte canciones y flores a las corredoras, disfrutando con cada participante que se cruza en el día a día de gente trabajadora que detiene por unos instantes sus quehaceres diarios para aplaudir y dedicarte la mejor de sus sonrisas. Es gratificante sentir el apoyo de tanto público que, sin conocerte de nada, te hace partícipe del orgullo que sienten porque esta carrera transcurra cerca de su casa y, simplemente y a su manera, te dan las gracias por estar allí. Eso, de verdad, te carga las pilas más que cualquier avituallamiento y es algo difícil de olvidar, el comprobar que personas con tan poco pueden disfrutar tanto, acompañarte en el dolor del esfuerzo y acercarse a meta contigo para gritarte “buen trabajo” mientras tú te dices a ti mismo… !misión cumplida! . Ésto compensa el fuerte dolor de piernas, la sed, el calor, el desánimo que en ocasiones sientes cuando te cuesta avanzar. También es duro ver al resto de competidores, a los que en esta carrera sinceramente no ves como a rivales sino como a compañeros, exhaustos, sentados en las escaleras o subiendo los escalones más altos a 4 patas por la imposibilidad ya no de correr sino de andar con normalidad.

Y al fondo… ¡la meta!. Escuchas la música, sientes los aplausos, y… te están esperando con la medalla que pone fin a tu esfuerzo y broche de oro a una experiencia que ya se te ha grabado en tus piernas pero, principalmente, en tu memoria, para siempre. Gritos de alegría, fotos, corredores que te felicitan por haber finalizado con éxito, asistentes volcados con todos y cada uno de los corredores. Mi acompañante había corrido en la carrera de 10 km y estaba allí esperándome para compartir ese momento con una mezcla de lágrimas y risas debidas a la emoción.

Corrí sin saber lo que me iba a encontrar pero la satisfacción personal que encontré al compartir tantas cosas y experiencias, fue mi mayor hallazgo.

Mis datos:           Tiempo: 5:07:53; Posición en la general: 76; Posición por categoría: 7;

Posición por países: 2º español clasificado tras el vencedor de la prueba.

Sobre la organización de la carrera poco que explicar si mi nota para ellos os digo que es de un 10. Ser capaz de realizar cuatro recorridos simultáneos sobre la muralla, con sus avituallamientos  (muchos, cómodos y bien situados) y tener control sobre tantos corredores y acompañantes es más que complicado. No sólo no pondría ninguna pega sino que les felicito porque también contribuyeron a que, una vez finalizada, a todos nos quede el gusanillo de repetirla alguna otra vez en la vida.

Breve resumen del recorrido:

La ruta de este maratón no transcurre en su totalidad por la milenaria construcción, sino que está dividida en varios tramos de la siguiente manera:

Tramo 1: 5 kilómetros. Salida desde la base de la muralla hacia la calle en una ruta de subidas
pronunciadas.
Tramo 2: 3,5 kilómetros. Trayecto en la Gran Muralla con importantes cuestas con escaleras y
descensos.
Tramo 3: 25 kilómetros. Trayecto de calle y tierra (muy poco) desde el lugar de la salida
(después de completar el tramo 1 y 2) hacia localidades vecinas. Con algunas pendientes importantes.
Tramo  4: 3,5 kilómetros. Se repite el Tramo 2 de la Gran Muralla, pero en sentido inverso.

Tramo 5: 5 kilómetros. Se repite el tramo 1 de calle, pero en sentido inverso y con pronunciadas bajadas.

La mayor dificultad de este recorrido son las subidas y bajadas junto con las escaleras irregulares de la muralla. La salida es dura y el último tramo de la muralla (tramo 4), con 33 km ya en las piernas, es sumamente exigente.

Sin duda THE GREAT WALL MARATHON es una aventura diferente, una carrera mágica, una prueba que recomiendo y una experiencia inolvidable para todos los que hemos podido disfrutarla.

En Facebook: David López Tabares

En Twitter: @DLT_7

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