[Experiencia] Volcán San José

24 abril, 2013 | Por: Paris Capetanópulos

El Volcán San José es una meta sólida para cualquier montañista que quiera adentrarse en las lindes de la región metropolitana. Llegar a su cima es un logro que sólo tiene su recompensa en la panorámica de 360° y en el cual lo único bien consolidado son el viento, la nieve y rocas, muchas rocas. Esa es nuestra cordillera señores, sí, la de los Andes.

Día 1

Un paseo a la rápida

Al San Pepe hace rato que le tenía el ojo echado. Lo había intentado antes con un grupo de amigos que de verdad, lo menos que se pensaba, era en la cima. Creo que me porté tan mal en el refugio Plantat que debo haber quedado en la lista negra de los no gratos en el libro de firmas. Por suerte la montaña hace que madures y que si vas a un cerro, la idea es lograr el objetivo; bueno, pasarlo bien obviamente, pero con cordura y sin molestar a nadie.

El año había transcurrido con una serie de cerros inconclusos,  buenas caminatas y buenos aprendizajes así que se presentaba comienzos de enero con una buena ventana climática como para poner bandera y con un estado físico acorde.

4 días es lo presupuestado considerando la locomoción y el dedo que siempre sirve para algunos tramos.

Partí solo y reconozco que me preocupaba un poco porque no iba en un fin de semana, sino desde el lunes hasta jueves, o sea, me quedaba claro que no iba a encontrar ningún alma en el solitario camino. No es que sea mister valiente pero era obvio que quedarme en el refugio era lo menos que hubiese hecho después de los variados comentarios de que penan en el sector, o sea, nica.

La locomoción me dejó en la localidad de Baños Morales, distante a 93 kms. al este de Santiago. Que rico es bajarse y sentirse dueño de ti mismo, no depender de nadie y sencillamente caminar. La libertad es lo máximo así que con una sonrisa a lo guasón monté mochila, tomé los bastones y a caminar rumbo al cabrerío, que es la zona dónde se entra al valle de la engorda. Caminé hasta pasar la mina o yesera con un fluido tránsito de camiones que tienen el camino hecho pebre. El sol pegaba fuerte, ya a las 11:00 am, y mis pasos iban mecánicos subiendo la corta cuesta. Una camioneta piadosa se detuvo y me ofreció un aventón que naturalmente acepté de forma placentera. Ahhhhh, que rico es que te lleven. Si hubiera estado acompañado no me hubieran pescado ni en bajada pero bueno, la suerte iba conmigo y no se separaría de este hombrecillo.

Detestable impresión

Al bajar en el cabrerío empiezo a caer en cuenta de los fatídicos trabajos que están realizando en el camino para el tránsito vehicular y además para montar las tuberías de lo que es Alto Maipo. Camiones y camionetas transportan gente, piedras, tierra y, por qué no decirlo, muchos pequeños habitantes del sector muertos por las continuas tronaduras realizadas. En el camino uno ve pájaros, nidos, existen lagartijas con problemas de conservación como el lagarto nítido, lagartija negro verdosa y el gruñidor del volcán que para uno u otro sólo es una simple lagartija. Estos lugares son de verdad santuarios naturales de una belleza que sólo algunos pueden apreciar y que lamentablemente en nombre del progreso e intereses están siendo dañados. Alto Maipo es una espina que lamentablemente quedará clavada en este lugar.

Observé que en el cabrerío había gente presta a caminar con sus mochilas y cachivaches. Este camino es: o vas al San José o vas al Marmolejo así que ya me quedaba claro de que iba con compañía, lo que me hizo sentir que esta vez no iba a ser abducido por los grises o bien en caso de ser abducido no iba solo, o sea, iba tranquilo.

El valle de la Engorda

Que placentero lugar es este gran valle cordillerano en donde fluyen diversos arroyos creando cordones de plata. En verano es más seco que piojo de muñeca pero de todas formas igual los riachuelos surcan como arterias que dan vida al lugar. Cerros y cerros se ven por estos lares, del color monocromático pasamos a un ámbar muy característico en esta fecha. Se cruzan varios riachuelos, algunos con un buen cauce y otros de un salto. No hay nada más agradable que refrescarse en ellos. Beber de su agua de verdad no tiene precio, hasta ganas de chapotear te dan, pero la caminata sólo va en el comienzo.

Siempre se va rumbo al este, como caminando hacia argentina hasta que se enfrenta un murallón que es dónde parte la subida. De hecho es bastante obvio y claro. Me di unos minutos para comer un galletón, beber agua y observar que venía un grupo tras mío pero a un paso muy cansino.

Me paré en una gran roca, atisbé como un suricato a mí alrededor, suspiré y partí por el empinado sendero. Recordaba que la vez que había venido esa subida que lleva al refugio Plantat me dejó  con la lengua fuera. Ya los años curtiéndome han hecho que estas subidas sean una más y de hecho la subí muy rápido, sin darme cuenta. El viento arreciaba con fuerza por lo que apliqué cambio de gorro a uno de montaña. Avanzaba rápido y la música de Intillimani cautivaba mis pasos con su bom bom bom bom bom booooomm, bom bom bom bom bom booooomm, así que más motivado no podía estar. Es fácil detectar que estás llegando a Plantat ya que el entorno se pone muy verde, mucho pasto, aguas claras bajan por efecto de gravedad, pequeños bofedales circundan el sector hasta que en una curva te enfrentas con el sólido refugio Plantat.

El Refugio

Plantat es el nombre del refugio que le dio hace años don Enrique Plantat que, junto con su hermana, levantaron esta firme estructura de piedra. Se encuentra a 3130 msnm y por lo general suele ser el final de un paseo por el día al sector. Está en una planicie llena de pasto y flores silvestres por donde baja un pequeño cauce prístino, brillante por el sol y claro por su pureza. Descansar en Plantat no tiene precio así que procedí a tomar una sopa junto con un sándwich. Conversé con unos chicos y para no estar solo me uní a su cordada. Con ellos partí directo al C1.

El primer campamento se llama Las lajas debido a que el tipo de roca que hay es de piedra laja, formando en algunos casos plataformas que están sueltas. He sabido de casos que algunos, por pisar mal, se han caído. En Las lajas es característico encontrarte con un monolito de piedras así que es fácil de distinguir. Además el sector está lleno de pircas y hay agua de deshielo y pequeños neveros.

Monté la carpa sobre un planchón de nieve, preparé la merienda, comí y al sobre. Nada más que decir.

Día 2

Amaneció y esperé a que el sol diera en la carpa así que arreglé todos mis artilugios y partimos directo caminando por la nieve acumulada de invierno. Estaba dura por lo que utilizamos crampones para avanzar más firme. No hay mucho que decir ya que caminamos durante toda la mañana y buena parte de la tarde. En el camino encontramos mucho penitente pero que en ningún caso obstaculizó nuestro andar.

Mis compañeros estaban ya cansados y la verdad es que yo no veía el campamento dos o alto, hasta que uno de ellos dijo que no daba más así que se quedarían en el sector que curiosamente tenía muchas pircas. Yo miraba el entorno y no daba con el famoso acarreo demoledor…pero había pircas…estaba cerca….mirando por  aquí, pal lado y para arriba cerca de un filo hasta que divisé una cabeza que se asomaba en la parte superior del filo, grité pero la lejanía hacía que se perdiera mi voz. Me acerqué a los muchachos y me despedí con lata. No tenía ganas de estar solo nuevamente y ellos era muy agradables, pero llegar al C2 era un tema así que un buen abrazo, buenas vibras y emprendí con el duro y empinado acarreo. Cuando digo que es pesadito no exagero. Es pura piedra suelta, muy empinado y con la mochila a cuestas se hace realmente cansador. Llegué al filo y veo tres carpas establecidas con varios tipos charlando que me miran y naturalmente me reciben con agrado, un compañero más viene a sumar filas. Son del DAV, todos y estaban para hacer el San José, bajar por el portezuelo y tomarse en un asalto heroico el Marmolejo. Wow!!!, pensaba, que buena travesía. Su equipo técnico estaba de primera, mucha pluma, gore-tex de primera, botas plásticas, transporte en mulas, teléfonos satelitales y comida liofilizada,…me sentía un pollo desplumado, o sea, tan mal no estaba pero no venía con equipo tan técnico, claro que saque mi carpa y ahora el gavilán pollero era yo. En fin, la típica, me acoplé a su grupo para no salir solo, el tema era que no se levantarían de madrugada, sino a las 06:00 am para que posteriormente se cambiara a las 07:00 am..o sea…muy tarde para hacer cumbre……filo no más, la idea era no partir solo.

Día 3

Ataque

Me desperté a las 06:00 en punto y no había frío, no corría viento y estaba claro. Me preparé un desayuno con pan tostado, casi un lujo a los 4800 mtrs. Salí de la carpa y me encuentro que el proceso de mis compas iba muy lento. Preparaban muchas cosas, arreglaban sus mochilas, en fin, ya me estaba aburriendo así que eran alrededor de las 07:00 y decidí emprender la ruta solo. Al partir uno de ellos me grito “hey, te sabes el camino”??, a lo cual respondí.” Me imagino que es siempre pa rriba…y fue tal cual, siempre para arriba, en un camino sin ninguna dificultad y en un sendero muy claro.

Nunca sentí frío y la temperatura casi al amanecer debe de haber sido de unos 3 menos cero. Tenía dos litros de agua en el camel además de galletas, galletones y barras calóricas así que iba tranquilo. Al subir siempre tenía como referencia una gran loma que se veía al costado izquierdo en la parte superior, tomé esa referencia para ver cuánto me iba a acercando el portezuelo entre los dos cráteres (que en realidad son 4). Me demoré alrededor de unas  tres horas en alcanzar el portezuelo y de ahí la vista se abre en una panorámica hacia los valles argentinos y el gigantesco Marmolejo de 6108 msnm con un enorme glaciar cayendo hacia el este. El último de los 6000 de la cordillera andina.

Las dimensiones engañan ya que estamos ante dos enormes colosos de la cordillera como lo son estos  volcanes. Se aprecia en real magnitud cuando te das cuenta de que tu ubicación dentro de estos cerros no es más que un pedrusco, un guijarro de los millones que hay. Quizás por eso nos emociona llegar a estos sectores indómitos,  ya que te da la visión de que no cualquiera lo hace y eso te hace sentir bien. También comprendo que muchos amigos puedan decir que conocen Europa, América o Asia, lugares que quizás más adelante pueda conocer pero me queda claro que ellos nunca verán la belleza que sólo yo y algunos pueden observar. Sólo con eso me siento un afortunado de estar aquí.

Se me olvidó comentar que antes tuve que cruzar el glaciar que no tiene ninguna dificultad técnica, para nada. Eso en algunas ocasiones presenta sus grietas pero en mi caso no vi nada. Es muy parecido al del Plomo pero la verdad no es aéreo, no es complejo y casi plano. Es la única zona en dónde debes ocupar crampones, y son menos de 5 minutos para volver a sacártelos.

Bueno, volviendo a la narrativa, después de pasar el portezuelo se sube una loma, la última, con poca pendiente. No había viento y el sol daba fuerte; muy curioso a esa altura que debe rondar los 5600 msnm. Al llegar casi arriba el lomaje se pone plano y un fuerte olor a azufre rodea el entorno. De hecho ciertos vahos de calor llegaban. Es el primer cráter, enorme, grande, amarillo, lleno de azufre en sus paredes. Un gran cráter está ante mis ojos.

Estoy solo mirando, no hay nadie. Me quedo un rato meditabundo, pensando en las personas que quiero. Sigo observando y me concentro en dónde estoy, casi en el borde del cráter. ¿Izquierda o derecha?….izquierda o sea, entro a territorio argentino ya que el lado más alto es por ese lado. Es grande, es todo grande, pienso en dar un gran rodeo pero el tiempo apremia. Ese día debo estar en las lajas o bien en Plantat. Son las 11:30 am. Miro mi reloj, uno que me regaló mi hija, la Flo; pienso en ella y que la amo más que mi vida. Un reloj liga el profundo amor que le profeso. Sigo bordeando el cráter hasta que se cierra el semicírculo para que en menos de cinco minutos aparezca otro cráter, más pequeño, pero en dónde está la parte más alta del volcán, la meta de los 5856 msnm, la zona sur oriental del volcán perteneciente a la república de la Argentina.

Bordeo el segundo cráter y atisbo un promontorio de rocas, muy pobre para casi un 6000. Llego, respiro y me siento. Creo que pensé mil cosas ya que estuve media hora ahí tratando de memorizar cada roca, cada vista. Se tiene una perspectiva impresionante y se siente muy bien, quizás afortunado. Sientes que un gran coloso te ha dado el permiso de entrar a sus tierras  y te das cuenta de que las limitantes de lo que uno haga, sólo las pone uno mismo. Si puedo llegar acá, solo, por las mías, entonces puedo hacer lo que quiera; lo único que debo hacer es ser perseverante y amar lo que haces. La verdad es que pensé muchas cosas, algunas muy mías, muy particulares.

Saqué las fotos de rigor, tomé mi bandera chilena y la puse dentro de las rocas como testimonio, quizás para que un argentino llegue a su cima y se enoje por encontrar una tricolor en zona argentina. También saqué la foto cumbrera con bandera en mano.

Antes de irme, me saqué la chaqueta y la segunda capa de pluma. Sólo quedaba con la 1 capa y una gruesa. No sentía frío. Me saqué la capa gruesa y quedé con la polera manga corta a casi 6000 metros y di un gran respiro en un lugar que el oxígeno escasea. En pocos segundos me enfrié debido a que mi espalda estaba húmeda así que me puse todo y emprendí la marcha de vuelta. Todo rápido. En el camino me encontré con uno del wechupun, Félix, que me consulta algo sobre la cima y sigo. Después me encuentro con uno del DAV con una enorme parca de pluma, lo saludo pensando que se está friendo en eso. Sigo y veo al grupo mayor del DAV conversando muy relajados antes del portezuelo. Me felicitan y sigo. Voy feliz, la cima fue mía. La conquisté solo, no había nadie, conversé quizás con Dios y me siento un ungido. Estoy alegre y veo que todo a mi alrededor brilla. Pienso que cada problema va a tener solución, que las cosas por las que lucho las lograré y que cada acción que haga tiene una consecuencia como lo plantea la teoría del caos, así que debo medir mi lengua para no decir estupideces que hieran. Llego al glaciar, lo cruzo, me saco los crampones, la tercera y segunda capa, quedo en polera, bebo un gran sorbo de agua con un calor que me asombra y sencillamente río.

La verdadera pasión de lo que hagas solo está en el amor que le entregues. Gran cerro, simpáticas personas, hermoso el lugar. Ahí este gran volcán, esperando nuevamente que vuelva ya, que el próximo año ahí estaré para encontrarme nuevamente conmigo mismo, y por qué no, con Dios también.

Uno de los elementos más notables y famosos de este volcán es el Refugio Plantat. Este refugio (3130 msnm), destino de un gran paseo por el día si se quiere, lo construyó don Enrique Plantat junto a su hermana en 1937. Con la ayuda de socios del DAV, club dueño de Lo Valdés, Plantat logró construir su refugio a los pies del San José y para el día de su inauguración se izaron las banderas de Chile, Francia y Alemania. Este ritual siguió repitiéndose por largos años. En un principio, el Refugio Plantat contaba con varias comodidades, pero luego del primer año fue saqueado, por lo que sus constructores decidieron que lo mejor que se podía hacer con él era dejarlo abierto para quien quisiera disfrutar de él. Tiene 8 literas, las que fuera de temporada alta son una excelente alternativa para dormir y sigue siempre abierto.

 

Paris Capetanópulos

Cortesía:

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