«MOMENTOS»

6 octubre, 2019 | Por: Fulloutdoor

En cada lugar o momento suelo hacer el ritual de «Congelar Momentos», es como hacer un clic en mi mente donde  guardo aquello que estoy viviendo. Ese instante, el cual muchas veces marca un antes y un después, es igual que tomar una fotografía pero con tu mente, con los años lo vuelves a recordar, a vivir, a sentir.

Texto: Catalina Giraldo

Fotos: Francisco Pastene

Si me pongo a desempolvar momentos, justo ahora que escribo esto, puedo recordar esa primera vez que subí el volcán Antillanca. No hubo sensación más cercana a llorar de felicidad. Cómo olvidar cuando viví sola  en una isla al sur de Chile, cuidando un bosque milenario de arrayanes junto a los animalitos que habitaban en la isla. Que decir cuando navegue en un bote por el océano Pacífico, y vi a una familia de ballenas saltar a lo lejos. Ahora que lo recuerdo, es uno de los más grandes tesoros que aún conservo con enorme agradecimiento.

Mi mente guarda un momento más en la biblioteca de recuerdos y experiencias, ver nevar por primera vez ha sido el regalo que me ha brindado este lugar.  A veces, cuando más buscamos menos encontramos, sólo cuando dejamos que todo fluya, llega, tarde o temprano, aquello que siempre soñamos. Siempre llega, sin importar el tiempo que pase.

Ese día despertabamos con el sonido de la nieve caer encima de nuestra carpa, esa casita tan simple y sencilla que se vuelve todo en la inmensidad de la montaña. Ese momento donde envolverse en tu saco de dormir para abrigarte del frío se vuelve todo un ritual, qué decir de aquella parte en la que te dejas ir lentamente en el sueño mientras escuchas pasar el viento entre los árboles, que aún resisten en estas cordilleras. Es, en simples palabras, ese hogar donde  encontramos refugio en las adversidades de los climas que tanto solemos disfrutar. Donde compartir un té de hierbas se siente aún más cálido en el cuerpo y en el alma, donde por segundos sientes que el tiempo se detiene, o es el tiempo el que realmente te detiene a ti.

Es en la Reserva Nacional Río los Cipreses, donde la vida aún nos sigue sorprendiendo con su simpleza. Sobrevuelan los loros tricahues en el cielo, asombra la cantidad de ellos que aún habitan en este lugar. También se acercan curiosas las diucas, que cantan muy alegres desde la madrugada. Observamos durante todo el camino especies como: tencas, raras, tiuques, zorzales, zorros chillas y demás especies que habitan en estas estepas.

Mientras recorremos sus senderos es inevitable pensar que hace mucho  tiempo pasarón nuestros ancestros por estos valles, y dejarón una huella en estas rutas. Es aquí, a los pies de la precordillera de los Andes, donde pasamos la noche. Entre fideos con sabor a queso y esas infaltables cremas en todos sus sabores, que siempre acompañan en los días más fríos.

Por alguna razón inexplicable, con el tiempo vamos aprendiendo a encontrar nuestro lugar. A veces no es el más espacioso o el más cómodo, pero sin duda alguna es el más nuestro. Bien cerca a la montaña, a lo natural, a lo lejano y remoto, ese lugar donde algo de nosotros se queda, donde siempre hemos sido felices.

Despertar a las orillas del caudaloso río Ciprés y caminar por sus innumerables senderos, que nos llevan a descubrir nuevas rutas, nos recuerda que la vida siempre nos sorprende cuando menos lo esperamos. Solo hay que seguir explorando todo lo que deseemos, sentir todo lo que estemos destinados, aprender todo lo que podamos y vivir todo lo que se deba vivir. Seguir siempre con el corazón bien abierto, con el alma siempre inquieta y la memoria llena de momentos como estos, que dan felicidad a nuestra vida. Al final de todo, la vida no nos lleva por caminos que no debamos caminar.

 

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