Observando al Chuncho: compartir sin destruir

14 septiembre, 2019 | Por: Fulloutdoor

Regularmente camino con mi cámara por los senderos del sector bajo del Cerro Manquehue. Entre parches de bosque nativo de Peumos, Quillayes, Bollenes y el canto de Turcas y Pitíos, trato de ver con mi lente lo que mis ojos no llegan a ver.

Texto y fotos: Alfonso de la Torre

Uno de eso días, fotografíe mi primer Chuncho. Ahí estaba, mirándome fijamente con sus profundos ojos amarillos, perchado a baja altura en la rama quemada de un árbol que luchaba por sobrevivir. Nunca había tenido uno tan cerca, tomé mi cámara y disparé algunas fotos. A medida que me acercaba, lentamente, iba asegurando algunas imágenes. Después de ese primer encuentro, no deje de visitarlos. Comencé a observarlos respetuosamente, y a registrar algunos momentos de sus vidas. Aprendí cuáles eran sus posaderos favoritos, los vi entrar a cavidades donde posiblemente nidifican y memoricé sus cantos y vocalizaciones.

Si caminas atento por este cerro, seguro los verás. Son pequeños, pero su curiosidad es grande y pueden permanecer minutos mirándote fijamente. Muchas veces, cuando estoy mirando atento la copa de los árboles, se me acercan personas a conversar, me preguntan que veo con tanta detención. Les cuento y muestro fotos. Muchos de ellos no tienen idea de la presencia de esta pequeña pero feroz ave rapaz. Su tamaño y sigilo la hacen pasar desapercibida, siendo esta su mejor técnica para acechar a sus presas, como:  insectos, aves, mamíferos, reptiles y arácnidos. Pudiendo, incluso, capturar animales de mayor tamaño y peso que él.

Una mañana mire hacia el cerro, vi humo, subí e hice algunas fotos. Se quemó durante los seis días siguientes, provocado de manera intencional. Ese día alguien quemaba el cerro y yo solo pensaba en los Chunchos.

En este emblemático cerro, de punta plana, además de búhos, como el Chuncho, hay diferentes especies endémicas, como :el Degú, o la Yaca, una de las pocas especies de marsupiales chilenos (ONG Informe Tierra).

Siempre surge la misma pregunta: ¿Como personas comunes como yo, podemos contribuir al conocimiento y protección de especies protegidas que viven a nuestro alrededor? Sin duda, creo que el primer paso es saber que están ahí, conviviendo con nosotros. Aportando a la actividad silvoagropecuaria y el equilibrio de los ecosistemas, controlando plagas que afectan directamente al sector y, a la vez, resistiendo el embate humano de la depredación inmobiliaria y las malas prácticas de algunos.

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