Una travesía por los parques nacionales de Estados Unidos

5 marzo, 2019 | Por: Fulloutdoor

El tiempo transcurre tan rápido que más vale que escriba sobre esta experiencia antes de que no recuerde lo feliz que fui, pues recorrer algunos de los parques centrales de Estados Unidos en solitario fue la mejor estrategia que he aplicado para definir mis objetivos, encontrar nuevas motivaciones y en especial, para incrementar mi autonomía, es decir, ¡para encontrar el norte de una buena vez!

Texto y Foto por Romina mena.

Siempre he sido una persona extremadamente estructurada y acostumbrada a diseñar y a planificar todo antes de actuar, pero en mi última travesía por los parques nacionales de Estados Unidos, tomé el desafío de liberarme de esa cuadriculada vida y de permitirme improvisar. Así fueron fluyendo las experiencias, acorde se configuraban las circunstancias.

Organicé mi equipo y todo lo necesario para sobrevivir durante dos semanas en las que pasé vagando por los parques, moviéndome de acuerdo a las oportunidades y manteniendo como única restricción la fecha de retorno.

El parque con el que comencé mi travesía fue Red Rock, un reconocido spot de escalada deportiva y tradicional cuyas rocas se distinguen por un característico y dramático color rojizo que dan la impresión de entrar en un hormiguero gigante. Más tarde, estacioné en el campground que está a cinco minutos del ingreso del parque, y aún no me bajaba del auto cuando ya tenía una gran oferta. Se trataba de tres chicos canadienses que acababan de llegar luego de un largo trayecto manejando desde Canadá y estaban ansiosos por comenzar a escalar. Entonces sin siquiera pensarlo comenzó la acción. Luego de disfrutar de cuatro rutas en modalidad deportiva, el sol se fue con sus últimos vestigios y el gélido viento, característico del desierto, se apoderó de la noche.

A la mañana siguiente me topé con una dupla de escaladores veteranos. Eran Neil y Tami, amigos y compañeros de aventuras desde 1995. Y claro, yo tenía planificado continuar hacia mi siguiente spot pero una grata invitación a escalar multi pitch por parte de ellos, me hizo recordar mi desafío mental, y en dos segundos ya estaba lista para disfrutar de otro día de escalada en aquel pequeño hormiguero.

Después de dos días (mucho más tarde de lo planificado y antes de recibir cualquier otra invitación), a la 1 de la madrugada y en secreto, emprendí ruta hacia la Reserva Havasupai. Viajar de noche fue la mejor forma de llevar a cabo este road trip, pues pude disfrutar del atardecer para luego llegar al amanecer al siguiente parque y así sorprenderme con los auténticos paisajes que éstos tienen para brindar.

Fueron cinco horas de viaje para llegar al parking de la reserva de la tribu de los Indios Navajo Havasupai, y no tengo dudas de que una energía divina tuvo la intención de que pudiera entrar a aquel paraíso. Para ingresar al sendero de aproximación se debe presentar una autorización de ingreso la cual es muy difícil de obtener y claramente, yo no la había podido conseguir. Aún así, estaba parada leyendo el letrero con las instrucciones, esperando que no dijera nada respecto a la visita por el día. Lamentablemente estaba muy bien escrito “No Hiking Day”, es decir mi posibilidad se había transformado en nula.

Pero para mi gran fortuna, en ese mismo instante se acercó una adorable chica cubana con la pregunta del millón. Yanis soñaba con ver las impactantes cascadas de Havasupai pero jamás en su vida había tenido la más mínima experiencia outdoor, y aún así estaba dispuesta a caminar y a portear su equipo 13 kilómetros hacia el cañón y alojar en una carpa, incluso sola si no encontraba un partner. Y ahí estaba yo, en el segundo y lugar exacto en que ella decidió preguntarme si la podía acompañar.

Mi experiencia junto a Yanis fue la más enriquecedora de toda la travesía. Tomé como objetivo insertarla en naturaleza para que se llevara el mejor recuerdo posible de su primera experiencia outdoor ¡Y así fue! Venció sus miedos y floreció toda la voluntad que no sabía que tenía, y por otro lado, me permitió aplicar todos mis conocimientos, enseñarle desde armar una carpa a cómo estibar su mochila, y especialmente, a mantener la tranquilidad mientras caminábamos de vuelta a través del cañón durante la noche.

Una vez de regreso y luego de seis horas de travesía, llegamos al parking y continuamos con nuestros rumbos. El de ella era directo a Quebec y el mío hacia el Gran Cañón.

Un hiking hacia el centro de la tierra

Viajé durante la noche, dormí un par de horas en una estación de servicio y al amanecer ingresé al parque. Y más que parque… era realmente una ciudad. Mi primer día fue necesariamente de descanso, abastecimiento y de recuperación. Observé las rutas disponibles y decidí realizar la más extensa ya que era factible ejecutarla en un día. Eran las cinco de la tarde y ya estaba completamente oscuro, así que busqué la zona de camping para cerrar el día temprano y así estar completamente enérgica al día siguiente.

¡Lo divertido es que no fue exactamente así! Cuando llegué al sitio que me habían asignado, se veía demasiado desolador y prácticamente sin vida como para sentarme a cenar en una mesa completamente sola sin mucho asunto… así que comencé a recorrer los otros sitios con el fin de encontrar a un grupo de campistas y así compartir una agradable compañía durante la cena, y ¡vaya que suerte! Alcancé a caminar un par de metros  cuando encontré un fogón con cuatro chicos que llegaban a bailar de felicidad mientras preparaban las tradicionales hamburguesas con queso cheddar. Y ahí me quedé por un par de horas, compartiendo experiencias y aprendiendo de sus historias. Coincidentemente ellos iban a realizar la misma ruta que yo: el Bright Angel, un loop de 25K y 2.718 metros de desnivel.

La verdad, es que no tenía contemplado recorrer la ruta con un grupo de personas y menos en modalidad hiking porque iba dispuesta a correr, sin embargo, me di cuenta de que tenía que aprovechar la instancia para vivenciar esta experiencia junto a un grupo humano. Fue una excelente decisión.

Al día siguiente descendimos a través del enorme macizo hasta el río colorado, y luego de siete horas pudimos contemplar el loop por Bright Angel para disfrutar del atardecer en la cumbre. Tras culminar con esta travesía que me llevó hacia un viaje al pasado a través de sus definidas capas y eras, continué con mi siguiente objetivo: los gigantes de Monument Valley.

No muchos lo conocen pero si les recuerdo una escena, ¡de seguro sabrán dónde es!

Basta con recordar el momento en que Forrest Gump decide parar para dejar de correr y retornar a casa.  Se trata de la Milla 13 de la Ruta 163 que forma parte de un hermoso parque que como tantos otros, es un ejemplo del proceso de erosión. Este, que originalmente era una cuenca, se transformó en una meseta donde el viento y la lluvia son los responsables de una constante amenaza contra los visitantes durante los meses de Julio y Septiembre, pues es habitual que repentinamente se generen flash flood produciéndose inundaciones casi instantáneas en las zonas bajas del parque.

Este corresponde a una reserva de la tribu Indio Navajo. Ellos gestionan el turismo en la zona y son bastante amables con los turistas, conservan sus tierras y por esta misma razón, existen muchas restricciones de acceso a posibles rutas por explorar, limitando el libre tránsito al camino vehicular que circunda los monumentos y otros en los cuales se requiere de un tour guiado. Esto me parece ejemplar, pero en cierto modo también fue limitante, porque mi estadía terminó por restringirse  a un amanecer y un atardecer.

¡Pero mi aventura continuaba! Aún tenía dos parques por visitar, así que luego de cenar en la turística Milla 13 y observar los cautivantes colores del atardecer, continué con el road trip rumbo al Parque Nacional Bryce.

Hoodoos

Suena a un nombre de fantasía de un libro de cuentos, pero es el nombre técnico que se les da a las formaciones geológicas que caracterizan al anfiteatro de Bryce. Ebenezer Bryce descubrió este fantasioso parque y afirmó que era el peor lugar para perder una vaca. No tengo dudas de que sea cierto porque este lugar es un real laberinto natural. Como de costumbre, y posterior a pasar la noche en un área de descanso, llegué a la hora del amanecer a sorprenderme de la salida del sol desde su horizonte, para luego comenzar a explorar los múltiples senderos.

A favor para quien desee correr libremente, este spot es un acierto, pues hay alrededor de 50 kilómetros de senderos habilitados con bastante desnivel donde es posible disfrutar de todas las vistas que nos brinda este magnífico parque.

Los senderos se encontraban prácticamente desolados, lo que me permitió correr y mantener una velocidad constante durante bastante tiempo, sin la necesidad de luchar contra conglomeraciones de personas. Lo más positivo fue que tuve la posibilidad de disfrutar de la soledad y la tranquilidad en el corazón de Bryce.

El hermano gemelo

Durante un día contemplé su singular geología para continuar hacia mi último parque en la lista: El Zion. La aproximación a este lugar fue durante la noche y mientras me iba acercando no podía ver más que gigantescas paredes a mi costado a través del camino serpenteado. Pero apenas llegué me sorprendí al ver este lugar con tanta vida.

Este parque es bastante más transitado que los anteriores y tiene mayores instalaciones turísticas, pero como venía bastante cansada me dirigí inmediatamente al famoso campground llamado Watchman en donde acostumbran acampar los escaladores.

¡Amaneció en Zion! Y mi cara comenzó a caer debido a la belleza que observaba: ¡era tal cual como estar en Yosemite, prácticamente era su hermano gemelo! Paredones gigantes de color rojizo rodean el valle y un río cristalino contrasta con el amarillo otoñal de su vegetación. Un lugar de ensueño.

Estaba realmente sorprendida y entusiasmada por salir a recorrer las rutas que el tiempo me permitiera conocer. Ordené el equipo lo más rápido posible y me dirigí hacia un extremo del parque, específicamente al trailhead de Lower Pool.

Durante el viaje, la temperatura fue espectacular y realmente considero que noviembre es el mes ideal para visitar estos parques. A pesar de que son bastante bajas durante la noche y al amanecer, es realmente un deleite observar los colores que brinda el otoño durante esas horas.

Al recordar estas experiencias, me siento completamente satisfecha de los momentos y personas con quienes compartí una breve conversación, una cena o incluso algunas de las actividades que me permitieron crecer y aprender nuevas técnicas y metodologías de aplicación. Quisiera agradecer a todas las personas que contribuyeron desinteresadamente en mi crecimiento: familia, amigos y conocidos. A todos los recuerdo cada vez que requiero de fuerzas para enfrentar desafíos y confiar en mis capacidades, y a la empresa de psicología deportiva Entrenamiento Mental Chile. Soy el producto de sus energías ¡Gracias!

¿Te gustó este artículo? ¡compártelo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *