La magia de San Pedro de Atacama

28 marzo, 2019 | Por: Fulloutdoor

El Valle de la Luna, los Geisers y el Salar de Atacama no son las únicas maravillas que encantan a quienes visitan este lugar, el desierto más mágico del mundo  ¿Listo para descubrir las maravillas de este hermoso páramo y sus alrededores?…

Texto: Carola Fresno. Fotos Runology Proyect

El Desierto de Atacama en Chile es el lugar más seco de la Tierra. Debido a su origen marino (encontrándose un montón de fósiles provenientes del mar en las cumbres más altas de la zona), en este lugar se han formado eternas terrazas, valles, planicies (altiplano) y volcanes.  Por esta razón y cuando piensas en ello, inmediatamente se viene Marte a la cabeza, sobre todo porque se le ha comparado mucho con este planeta.  Y la verdad, es que estar en medio del Desierto de Atacama se siente un poco marciano, sobre todo por los colores y las formas, sin embargo, también se puede encontrar mucha vegetación y unos cuantos oasis que puedes visitar, lo que hace que este lugar sea único y digno de recorrer… algo totalmente distinto a lo que la Luna o Marte podrían ofrecer.

En general, los desiertos son entornos que reciben menos de 250 mm de lluvia en un año (como promedio). Atacama recibe menos de 1 mm anualmente, excepto cuando llega el invierno boliviano, el que deja a su paso un escenario totalmente inspirador y surrealista: cañones esculpidos por el viento, arroyos verdes llenos de colas de zorro y lagos salados con flamencos que brindan maravillosas tomas fotográficas con increíbles reflejos.

En el Desierto de Atacama encontrarás planicies arenosas, picos rocosos y volcanes activos que podrás mirar desde tu habitación si te alojas en uno de los encantadores hoteles de la ciudad (o sus alrededores). Esta vez, Runology Project se quedó en el Cumbres Atacama, un hotel que forma parte de la Fundación Smartrip para la promoción de proyectos locales, y que se encuentra a 10 minutos caminando por Caracoles, la calle principal.

Esta vez nos acompañaban Carlos Momberg, quien quedó a cargo del drone; y Eduardo Silva, director de las revistas Outside Chile y Full Outdoor, quienes se quedaron en el único hotel de San Pedro hecho a base de material reciclado, el Atacama Loft.

Atacama también es conocido por sus temperaturas extremas, las que alcanzan altos grados durante el día, mientras que por las noches, éstas muchas veces se tornan frías, incluso en verano. La vegetación se conforma de cactus y pastos duros, aunque también está lleno de flores hermosas (en su mayoría endémicas) que crecen en zonas propensas a neblinas, como es el caso del camino a las Lagunas Altiplánicas y al Salar de Talar. En este lugar nos encontramos con un pasto morado, sin embargo, al acercarnos caímos en cuenta de que eran puras flores. El pueblo de San Pedro es conocido por sus alrededores y por sus famosos paisajes como el Salar de Atacama, los Geysers del Tatio o el Valle de la Luna, lugares cien por ciento recomendables para visitar sobre todo si es tu primera vez aquí.

Pero como es usual, Runology Project busca esos sitios más alejados y distintos, donde idealmente uno sienta que está ahí para explorar la zona en profundidad y por los propios medios.  Fue así como el primer día nos vimos caminando por la quebrada de Guatinca (la que nos recordó nuestro viaje a Utah todo el tiempo), siguiendo un río que nos invitó a mojarnos los pies y que nos obligó a subir y bajar rocas aplicando algo de “escalada”. Nuestro guía/chofer, Christian Jara, nos dejó en un punto A y para esperarnos en un punto B. Confiados de que habíamos entendido perfecto las indicaciones, emprendimos el camino por este precioso río, lleno de colas de zorro y de cactus.

Pero cuando llegamos por sorpresa a una especie de sitio arqueológico, nos dimos cuenta que estábamos perdidos. Entonces tuvimos que empezar con la búsqueda de nuestro chofer. Después de un buen rato (una hora aproximadamente) subiendo lomitas para intentar ver algo desde un punto más alto, logramos ver la camioneta roja ¡Estábamos a salvo! En esos momentos llegamos a la conclusión de que el sendero de Guatinca es de 4 kilómetros nada más, y que luego de esto, se debe caminar durante 1km en dirección hacia la carretera para encontrar al chofer.

En Guatinca la caminata se hace de A a B. Sin embargo, si no tienes quien te recoja en el punto B, otra opción es hacer ida y vuelta por el mismo camino.  Luego, partimos a caminar por las Cornisas del Valle de la Muerte, lugar que originalmente fue bautizado como el “Valle de Marte”  por el Padre Le Paige, sacerdote belga que recorrió y exploró la zona durante 25 años y que al pronunciar “Marte” con su acento francés – mogte – muchos entendieron “muerte”, a pesar de que ahora en varios mapas y carteles se sigue leyendo la palabra “Marte”.  Aunque esta caminata/experiencia era algo más conocida por su fama, para todos era algo totalmente nuevo. El Valle de la Muerte frecuentemente es visitado por sandboarders, y muchos hoteles y agencias ofrecen cabalgatas por la zona. Pero nosotros quisimos caminar/correr por el sendero de la cornisa que bordea la duna, desde donde se ven increíbles vistas de los volcanes y el viento que moldea la arena, un paisaje bastante surrealista.

A continuación bajamos corriendo la duna para llegar a tiempo a la base, desde donde vimos la puesta de sol. Christian nos dejó nuevamente en un punto A, explicándonos bien cómo se llegaba hasta el punto donde debíamos empezar a bajar por la duna, lugar donde nos iba a estar esperando. Esta vez estaba súper marcado con “apachatas” o “hitos” (montículos de rocas en forma de pirámide), y fue imposible perderse.  Bajar una duna corriendo es una de las sensaciones más distintas que se pueden experimentar. Uno pensaría que es muy blando, pero como son dunas tan compactadas, el terreno es duro pero igual te hundes. ¡Bajamos en dos segundos, entre risas, muchas fotos y kilos de arenas en nuestros zapatos! Hubo momentos en que pensábamos que desapareceríamos entre tanta arena. Luego, al llegar al auto disfrutamos de un delicioso picnic, donde nuestro infaltable vino Ventisquero nos acompañó mientras veíamos la puesta de sol. Un momento bastante épico.

Dicen que Atacama encanta y nosotros queríamos encantarnos aún más. Para ello tomamos la camioneta con destino al Salar de Talar y a las famosas Piedras Rojas, todo esto, conectado por un sendero de 10kms a más de 4.000msnm, llamado Kulamar. Para esto, Christian nos dejó nuevamente en un punto A, y nos explicó cómo llegar al punto B donde nos estaría esperando. Vicuñas y flamencos nos acompañaron todo el tiempo. Fotos hay muchas. Además, aprovechamos de hacer tremendas tomas con el drone. En ellas, el salar parece nieve que viene desde el cielo y nosotros nos vemos tan, pero tan pequeños ¡En estos momentos es cuando uno se da cuenta de cuán chico es!

Kulamar te come, en todo sentido, ya que a 4.200msnm la altura se siente, pero también te entrega tremendos paisajes el tiempo completo que caminas/corres. Kulamar es para quedar absorto mirando el paisaje y deleitarse con los colores y las formas que lo rodean. Verdes, rosados, amarillos, naranjos, blancos, rojos, burdeos, cafés, celestes ¡El arcoíris completo alrededor!

Nuevamente, al estilo Runology, llegamos a la zona de las Piedras Rojas cuando la mayoría de las vans iban en retirada y llenas de pasajeros, por lo que pudimos disfrutar del espectáculo de colores y del viento excesivo por más tiempo y un poco más en solitario.

Más tarde nos alejamos del viento y disfrutamos de un picnic en un lugar más recóndito, elegido por nuestro guía/chofer estrella, para luego seguir a Toconao en donde conoceríamos la obra y vida de Don Alejandro, un crack de la escultura local al que se puede visitar siempre en su casa/taller.

Para cerrar este viaje al desierto más árido del mundo, decidimos que un poco de bicicleta nos vendría súper, por lo que arrendamos unas nuevitas de paquete en el pueblo y partimos a la Quebrada del Diablo, con destino final a la Capilla de San Isidro.

En esos momentos, estábamos muy intrigados por el llanto del recién nacido que supuestamente podíamos escuchar, ya que según la leyenda, esta es la forma que tiene el diablo para atraerte, pero la verdad es que gracias a nuestro súper Mini Chat de House of Marley, íbamos felices entre reggaeton  y muchísimo calor, y no escuchamos ningún llanto recorriendo el Valle de Catarpe.

Arriba de las bicis, fuimos observando la preciosa y recién pintada Capilla de San Isidro que fue construida en adobe en 1913 por el colono italiano Lucas Cenzano, y la que hoy sigue siendo cuidada por sus descendientes.

En este,  uno de los destinos turísticos más visitados de Chile, comprobamos el por qué la gente se enamora de este lugar tan mágico y único. Fue una experiencia que nos entregó una visión muy distinta de la zona, pues aquí pudimos comprobar que San Pedro de Atacama es mucho más que solo el Valle de la Luna, los Geisers y el Salar de Atacama.

Con esta 6ta experiencia, Runology Project termina su saga de viajes 2016/2017, felices y dichosas de los tantos kilómetros recorridos

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