Arriba de la tabla

6 diciembre, 2018 | Por: Fulloutdoor

Generar un cambio social desde un deporte como el surf o el skate son cosas que están pasando en nuestro país: “Mujeres Sobre Ruedas”, Bowlpark y TeMahatu, son solo algunas de las organizaciones que están aportando un granito de arena para ayudar a los niños y niñas más vulnerables de Chile.

Texto: Francisca Martínez / Fotos TheMahatu, Bowlpark

El proyecto “Mujeres Sobre Ruedas” nació a partir de Bowlpark, una escuela de skate que incentiva a los niños a practicar este deporte hace aproximadamente 9 años. Bowlpark surgió gracias a los hermanos Federico y Patricio Mekis, en 2009, cuando construyeron un bowl en Cachagua y comenzaron a realizar clases. Luego de ser todo un éxito (con más de 20 alumnos) se trasladaron a Santiago donde comenzaron a hacer clases gratuitas en la población La Pincoya, comuna de Huechuraba.

“En las zonas más marginadas tenemos una buena llegada porque llegamos arriba de la tabla. Los chicos entienden que los skaters somos todos iguales”, cuenta Federico Mekis. “Nuestro impacto es social, más que económico”, agrega, y explica que Bowlpark es parte del Sistema B, un movimiento global que busca trabajar el éxito de las empresas  a través del impacto positivo que generen en la sociedad.

Existen distintos niveles en las clases. Están las de  iniciación, que son gratuitas y que se realizan todos los fines de semana en el Parque Araucano y en la comuna de Puente Alto. “La idea es que el alumno se sienta cómodo arriba de la tabla, que sea una buena experiencia y que lo pasen bien. Tenemos una capacitación constante con los profesores, lo que nos hace tener un buen prestigio como escuela, y es por eso que los papás de los niños confían en nosotros”, concluye Federico.

Justamente -por lo anterior- es que el pasado 5 de julio, 10 niños viajaron junto con los fundadores al Skate Camp en Sequoia National Park, California. Dos de ellos fueron becados por buen comportamiento y compromiso en la escuela, lo que les permite patinar con los mejores referentes del deporte, en distintos lugares de Estados Unidos.

Todos por la causa

La Municipalidad de Las Condes, Bowlpark y la marca de ropa deportiva Vans -que este año lanzó un proyecto enfocado específicamente en la inserción de las mujeres en el skate- dieron luz verde al proyecto “Mujeres Sobre Ruedas”, un programa de clases gratuitas de skate para mujeres de entre 15 a 22 años.

El objetivo de este proyecto (además de formar parte de un programa social) es otorgar a las mujeres un espacio exclusivo para practicar este deporte. Lo anterior, porque según la profesora de la escuela -Diana Flores- muchas dejaron de andar en skate o no se atrevieron a practicarlo por el roce con los hombres. Además, Francisco Basulto, director de Bowlpark, comentó que “muchas no lo practican por miedo, una creación de la mente que tienen que derribar”.

Son alrededor de 30 alumnas las que llegan sagradamente todos los miércoles hasta las afueras del Parque Araucano, en la comuna de Las Condes. Y a pesar de que las clases están ubicadas en el sector oriente de Santiago, ello no se transforma en un impedimento para llegar hasta el lugar. “Hay alumnas que vienen de sectores más vulnerables y están más expuestas a entornos que son complicados. Sin embargo, durante toda mi experiencia, he visto más chicos a quienes el skate los ha ayudado a salir de las drogas, que chicas”, señala Diana.

María José Rojas, skater profesional, agrega que gracias a las escuelas de skateboard muchos niños, hijos de presos y drogadictos, evitan caer en adicciones. “Las escuelas les prestan los skates y los motivan. Entonces ellos se dan cuenta que hay algo más que lo que ven en sus casas”, afirma la rider.

Es más, también existen estudios que demuestran que el hacer ejercicio ayuda a disminuir la adicción a las drogas. En 2008, el Instituto Nacional contra la Adicción a las drogas pidió 4 millones de dólares para investigar el efecto de la actividad física en una persona adicta. La investigación evidenció que el ejercicio puede ayudar a tratar -y posiblemente prevenir- la adicción. Al siguiente año, otros investigadores mediante un experimento, evidenciaron en el Diario Patopsicología que el ejercicio de la caminadora redujo el uso de morfina en el género masculino.

El skate es un deporte callejero de gran diversidad donde comparten niños y jóvenes de distintas edades, géneros y clases sociales. Incluso, Diana cuenta que tiene una alumna de 35 años que va con su hija de 5 a aprender de esta disciplina. “Es casi una anécdota, la mamá se caía más que la hija”, dice la profesora.

Bowlpark, junto con Temahatu (que significa “del corazón”)-  una escuela de surf que busca la inclusión social de los niños vulnerables- colaboran mutuamente en la organización de las fundaciones. “Siempre hacemos una analogía de lo que nos pasa en el agua, con lo que nos pasa en nuestra vida cotidiana. Desde cómo superar los miedos hasta cómo superar las frustraciones”, comenta Valentina Peña, una de las fundadoras de Temahatu.

Valentina, psicóloga de profesión, se inició en el surf hace 5 años. En ese entonces, ella vivía en Santiago. “Tenía ciertos prejuicios con el surf. No me llamaba tanto la atención, hasta que con unas amigas fui a Pichilemu”, dice la fundadora. Cuando Valentina se dio cuenta de lo terapéutico que fue para ella meterse al agua, dejó su trabajo y se fue a vivir a la playa.

En Concón conoció a un par de personas que querían, al igual que ella, formar una organización que les permitiera conocer este deporte a niños que no contaran con los medios económicos. Entonces comenzaron a hacer clases en un hogar para niños. “Incluimos meditación, música y adicionamos otras dinámicas de aprendizaje”, comenta Valentina. Luego de un tiempo se dieron cuenta que la metodología que aplicaron en sus clases generó cambios en los niños del hogar. “Fue ahí cuando dijimos que teníamos algo importante en lo que trabajar, y decidimos organizar, teorizar y materializar lo que hicimos en una escuela de surf”, confiesa.

Temahatu se transformó en una ONG, y de a poco comenzó a ganarse fondos del Estado para obtener recursos que les permitieran hacer clases a unos 60 niños. “Todo el mundo te dice que es difícil, pero nosotros siempre creímos en esto. Hicimos el trabajo con mucha dedicación y motivación, y finalmente logramos nuestro primer fondo”, recuerda Valentina.

La escuela utiliza una metodología de aprendizaje que se basa en la reflexión y el amor en lugar del castigo-recompensa. “Si cambiamos la enseñanza de la competencia, facilitando la educación desde la colaboración y la expresión de la emoción de una forma abierta, se pueden formar niños conscientes”, expresa la fundadora.

El objetivo de hacer clases de surf es propagar la enseñanza que se imparte en el agua, pero también que se produzca un cambio en ellos. “Tenemos alumnos que están hace 3 años con nosotros, que no podían hablar por timidez extrema y ahora son capaces de expresar sus emociones sin miedo. Ha sido muy bonito”, confiesa Valentina.

La escuela ha tenido más de 500 niños y 200 voluntarios en sus cuatro años. Además, cuentan con una ficha donde registran la evolución de cada alumno dentro del curso, con la cual planean levantar una investigación a futuro.

Finalmente, Valentina concluye: “Esto es más que hacer clases de deporte, es generar cambios en ellos”.

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