Circuito grande en Torres del Paine

20 noviembre, 2018 | Por: Fulloutdoor

Una experiencia que maravilla no solo por sus paisajes sin igual, sino también, por transformarse en un espacio para descubrirnos y fundirnos completamente con lo que nos rodea…

Texto y fotos Paolo Ávila.

Decidí concretar un nuevo desafío de 5 días por tierras que, para mí, eran desconocidas. Tierras que tienen como dueños de casa al viento, a la lluvia, a los bosques y a la nieve. Dueños de casa que no dan su brazo a torcer, dueños de un poder único y hermoso. Un poder que dejan caer cuando ellos desean.

Me dispuse entonces a realizar el “O” Trek, o también llamado circuito grande, en donde se recorre el parque Torres del Paine dentro de 5 días para los más rápidos y dentro de 7 para los que caminan a paso normal.

Hasta entonces, la ruta que para mí era desconocida pero tuve la suerte de encontrar una de las agencias mas conocidas y con mayor trayectoria dentro de la zona de Puerto Natales: Chile Tour Patagonia, los únicos con guías disponibles   incluso en la fecha en la cual yo quise hacer la ruta, ya que, normalmente, a fines de abril todas las agencias de turismo cierran sus puertas, pues los guías se marchan de la zona y toda actividad desaparece. Sin embargo, los chicos de Chile Tour Patagonia mantienen todo el año guías para hacer rutas y travesías tanto en Torres del Paine como en otros sectores.

Me asesoré bien para enfrentar el clima y me dispuse a poner los pies en marcha para recorrer y completar aquellos senderos en plena temporada de otoño, donde el verde ya casi no se veía, siendo reemplazado por fuertes rojos, marrones opacos y amarillos relucientes, colores únicos que nos saludaron al momento de entrar a la ruta.

Aquí, todas las rutas están marcadas y con información de duración promedio y distancia a recorrer. Tuvimos la suerte de ser los únicos y de aprovechar el silencio y la tranquilidad de recorrer estos caminos en soledad. Además, al existir mayor cantidad de gente, la vida salvaje suele esconderse y evita permanecer cerca de senderos y de rutas transitadas por humanos. Pero fuera de temporada, la fauna natural estuvo muy cerca de nosotros, pues pudimos ver aves, zorros y gran parte de los animales que habitan este hermoso parque. Por último, tuve la suerte de que mi guía fuera un gran conocedor y fotógrafo de aves, pues también me fue enseñando y mostrando las características de cada una.

Iniciamos nuestra ruta con “mal clima”, lo que para mí es genial porque mi definición de sur y de Patagonia es: lluvia, viento y frío. Sin ellos solo sería una ruta bonita, no una ruta patagónica. Y con cada paso que daba, iba descubriendo nuevos colores y paisajes que me llenaban de alegría y de color.

Hicimos campamento la primera noche, maravillados por los cambios climáticos tan rápidos de esta zona, pues pasamos de la lluvia al sol, para luego disfrutar de la nieve y recibir, finalmente, temperaturas agradables, cielos despejados y estrellas en el cielo, como nunca. Es importante destacar que los campamentos dentro de esta ruta están equipados para no dañar el entorno, para entregar un poco de comodidad al viajero, y al mismo tiempo, para cumplir con la función de socorrer si algo llegara a suceder.

En ruta uno aprende a guardar silencio y a escuchar el entorno, a disfrutar de la música entregada por la naturaleza, por los ríos corriendo, por las cascadas cayendo a lo lejos, por los glaciares desprendiéndose y por las aves cantando por todos lados. En definitiva, los bosques son ciudades vivas dentro de la naturaleza, alberges de vida, centros culturales de distintas razas que conviven y coexisten tranquilas entre sí y que se dejan ver en la pasividad del caminante.

Día a día recorrí por horas estos caminos con una mochila con cerca de 40 kilos repartidos entre cámaras, ropa, alimento y carpa, pero aún así, los recorridos se hicieron nada al momento de ir caminando, ya que todo momento era descubrir un paisaje que parecía postal. Era descubrir a lo lejos, que somos observados por familias completas de zorros, o mejor aún, era saber que estábamos en territorio de pumas y que además, sabían que íbamos pasando por ahí cerca.

Con el paso de los días nos acercamos a un hito de los grandes en esta ruta: el paso John Gardner, sitio desde el cual se puede observar completamente el glaciar Gray y parte de Campo de Hielo Sur. Sin duda, se trata de una vista que vale la pena retratar tanto con la cámara como con el ser mismo.

Nos tocó enfrentar este ascenso con tormenta de nieve y viento. No era el mejor de los climas para poder ver y apreciar la vista que nos esperaba, sin embargo, se dio la ecuación perfecta cuando llegamos a la cima, pues la nubosidad se despejó, se calmó el viento y la nieve dejó de atacarnos, dándonos a cambio los colores soñados y un cielo despejado para poder disfrutar de la maravillosa vista que teníamos desde ese lugar. Nos quedamos ahí el máximo tiempo que pudimos, capturando cada instante y disfrutando de estar ahí en aquel momento.

Comenzamos a descender raudos, evitando el clima y escapando de la altura para adentrarnos hacia un bosque de color marrón y blanco que se fue llenado de nieve en tan solo unos minutos, convirtiéndose en uno de los paisajes que mejor capturó mi mirada, incluso más que cualquier otro.

En ruta y con cada día, aprendí algo distinto. Algo no del entorno si no de mí. Finalmente, el parque nacional Torres del Paine no maravilla tan solo por sus paisajes sino por crear espacios de conversación y descubrimiento propio, de interacción con nuestro pasado, presente y futuro, creando bases y forjando nuevas vidas. Al conversar con quienes han vivido la misma ruta, existe el consenso de que entraron siendo una persona, pero que en el transcurso de los días, crecieron, evolucionaron y se fundieron con uno de los paisajes más únicos y hermosos del mundo.

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