Recorriendo Utah

31 enero, 2018 | Por: Fulloutdoor

Pensar en Utah ahora, después de haberla visitado hace poco más de 1 mes, solo hace que den ganas de querer volver. Me maravillé tanto con el lugar que no me cansaba de sacar fotos y repetirme a mí misma que quería volver. En Utah, el cuarto viaje de Runology Project, me sentí bendecida todos los días ¡No podía creer lo que estaba mirando!

Texto: Carola Fresno. Fotos: Gentileza Runology

El año pasado, cuando estuve en Colorado, me acuerdo haberle preguntado a una amiga que vive allá, cuál era el estado más lindo de Estados Unidos. Su respuesta fue rápida y sin pensarlo mucho, dijo: “Utah”. Por lo mismo, cuando la Teté me comentó que había una carrera en ese lugar, dije “yo voy”, y la excusa la convertimos en el cuarto viaje que haría Runology este 2017, el cual para mí fue goce puro. A veces cuando uno viaja, se pone mateo y estudia hasta el más diminuto detalle de lo que hará y visitará. Otras veces, uno lo deja en las manos de otros y simplemente disfrutas, para mí este viaje fue así: ¡Disfrute puro!

Desde Chile se puede llegar a Utah por cualquier línea aérea que viaje a Estados Unidos, ya que desde cualquier ciudad del país, se puede tomar un vuelo a Salt Lake City o a Las Vegas. Nosotras decidimos partir por Salt Lake City y bajar hasta Las Vegas pasando por los Mighty Five Parks, los cinco parques nacionales de Utah. Desde Chile tomamos un vuelo a Los Ángeles y desde ahí un avión a Salt Lake, donde sólo conocimos el aeropuerto y el rent a car de este. Nuestra ansiedad por empezar a conocer el desierto era enorme, por lo que con llave en mano, empezamos nuestro viaje al primer destino: Moab, una ciudad del condado de Grand, al este del estado de Utah.

Llevábamos meses mandándonos fotos que encontrábamos en redes sociales de la zona y de los lugares que visitaríamos. Nos etiquetábamos en las cuentas de los parques y de gente que subía fotos de ellos, pero a pesar de eso, no sabía muy bien a dónde iba y a qué me enfrentaría. ¿A dónde te vas? “A Utah” ¿Y qué hay ahí? “Cañones, ríos, arcos, desierto ¡y mormones!” ¡Ah! que buena, ¿bonito? “Parece que muy lindo”. La mayoría de las conversaciones con mi familia y amigos antes de partir eran así y la verdad es que yo sólo sabía que iba a un lugar extremadamente lindo, desértico y donde viven muchos mormones, como Brandon Flowers, vocalista de The Killers, a quien me tocó conocer y guiar una vez en Santiago; pero más allá de eso,  no sabía mucho.

Cuando llegamos nos dimos cuenta que Utah es geología pura, es mirar al pasado constantemente. Es asombrarse por lo chico que somos y lo increíble que es la tierra. La geología es el conjunto de características, formaciones, estructuras y materiales que componen la tierra, además de ser la ciencia que estudia sus particularidades y su evolución. Darwin basó gran parte de sus investigaciones y libros en ella, para desarrollar su “Teoría de la Evolución”. Con todo lo que vimos, yo estaba maravillada y se me ocurre que aquel lugar es el mejor escenario para cualquier estudiante de geología, ya que todo lo que uno ve, es el fiel reflejo del paso del tiempo, del viento y del agua sobre la tierra ¡A donde uno mire hay formas que te llaman la atención!

Cuando uno piensa en cañones, el Gran Cañón es el primero que se viene a la mente ¿no? Bueno, Utah es como el hermano menor de esta formación que parte en Arizona, si se quiere pensar así. Las rocas expuestas en algunos de sus parques, como el Bryce Canyon National Park y Zion (ambos en el sudoeste de Utah), son más “nuevas” que las del Gran Cañón; sin embargo, los tres parques comparten una gran secuencia de capas de rocas, llamada “La Gran Escalinata”. Esta es un conjunto de capas rocosas que tienen alrededor de 2.000 millones de años de historia en la Tierra, por eso cuando uno mira estos paisajes, está viendo el pasado expuesto y uno siente que todo es muy surrealista.

Pero para no aburrir con el tema geológico, que me fascina y por lo mismo me compré tres libros de geología estando allá, puedo decir que Utah es colores, es rojo intenso, casi morado, mucho amarillo, naranja y ¡verde! Y en esta epoca del año, al mirar el suelo, sobresalían muchas flores también.

Que tremendos atardeceres, a veces pensaba que eran mis anteojos los que le ponían color al paisaje, ¡pero no, eran colores naturales sin filtro! Utah es calor y frío, es espacios llenos de detalles para mirar, con paredones de rocas con texturas preciosas. Daban ganas de haber tenido un lente macro para llevarse algunas texturas en las fotografías, o un zoom 500 para poder captar detalles que se ven lejanos. Además, Utah está lleno de formas, de acantilados y arcos por todos lados, hay miles de paredes para escalar y senderos que nos invitaban a correr.

Quizás si uno se para en cualquier sendero del mundo podría pensar lo mismo, que es un lugar espectacular, pero la verdad es que Utah no deja indiferente a nadie. Creo, y puede que me equivoque, que los lugares por los que anduvimos hacen que, a pesar de que alguien no esté interesado en las capas de la tierra, su historia y características, igual se termina interesando por esto, aunque sea un poco. Además, te ofrecen charlas gratis todos los días y a distintas horas en los Centros de Visitantes, de la misma forma te advierten de los cuidados que hay que tener, y si no los sigues te multan. (Y a estos gringos yo les creo)

Si hablamos desde una mirada histórica, en Utah se pueden ver varias zonas de asentamientos humanos, principalmente de los indígenas americanos que han vivido durante miles de años en aquellos lugares, además está lleno de petroglifos. Uno mira el paisaje y se pregunta “¿cómo, si es puro desierto?” pero leyendo un poco más y entendiendo el movimiento de las aguas, vientos, arenas, etc., se puede comprender que zonas en las que hoy hay aridez, antes habían pantanos y lagunas, que luego desaparecieron ¡En Utah incluso hubo mar! Y gracias a eso, es que las paredes y cañones tienen distintos colores y texturas.

Por otra parte, Utah es conocida por los mormones o la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, nombre que veíamos constantemente en los carteles de las iglesias de los pueblos por los que pasábamos. Y es que quienes se asentaron en la zona a mitad de 1.800, siguiendo las historias de antiguos sacerdotes católicos, entre ellos Escalante quien da nombre a una de las ciudades, recorrieron la zona esperando encontrar una ruta hacia la costa de California, pasando por el norte del Lago Utah.

En ese momento la zona era parte de México, y es ahí donde los mormones deciden asentarse, convirtiéndose en territorio de Estados Unidos luego de que en 1.848 crearan sistemas de regadío, construyeran granjas, casas, iglesias y escuelas. Como todo, tenían que hacerlo en base al agua, fueron creando comunidades satélites, las que hoy uno recorre pero que no llegan a ser más de 2 millones de habitantes en todo el estado, el cual tiene 220.000 kilómetros. Es ahí donde fueron creciendo, armando pueblos y dejando historias de poligamia, batallas por tierras y peleas de poder; y así es como hoy Utah alberga cinco parques nacionales que dejan loco a cualquier persona con un mínimo interés en la naturaleza, el senderismo y los lugares alucinantes.

“¿Cuál te gustó más?” ha sido la pregunta más frecuente al regresar, ¡Uf! qué cosa más difícil responder eso. Sé a cuales me gustaría volver y en cual sentí más calor, también sé cual me dejó la sensación de no haber conocido mucho, pero no podría escoger un sólo lugar para volver, tendría que elegir por lo menos dos o tres. Por ejemplo, conocer el Arches National Parks fue muy novedoso por ser el primer parque al que fuimos (también por sus colores y formaciones únicas). Por otro lado, Zion National Park tiene una gran variedad de cosas para ver y hacer, lleno de miradores, pero exceso de calor y gente al ser uno de los parques mas visitados de USA. Además, se recorre en un sistema de buses que funciona perfecto; y  donde nos es imposible olvidar el Desert Pearl Inn (nuestro hotel), donde cada día nos refugiábamos de los 43 grados que en seguidilla nos tocaron”

En Capital Reef nos sentimos casi dueñas del lugar, al ser el más nuevo de los cinco parques tiene menos visitantes; para mí fue uno de los más especiales y completos de los parques que conocimos. Estando en Torrey, un pueblo que está al lado de Capitol Reef, alojamos en wagoons, que son carretas ¡al más puro estilo “Casita en la Pradera”! (serie de TV que veía cuando era chica). Esas son las cosas que uno hace cuando está de viaje y que después no se te olvidan nunca.

Canyonlands te recuerda constantemente al Gran Cañón de Arizona, y cuando uno está sentado frente al Horseshoe Point Park, “tierra de cañones”, es imposible no acordarse de Tom Cruise colgando de un acantilado en Misión Imposible II, escena que fue filmada en este lugar, y por último, Bryce Canyon National Park es un lugar muy loco, el paisaje es de otro planeta, totalmente surrealista y cuesta describirlo en palabras.

Durante todo el viaje nos levantamos temprano porque a las 10 am ya hacían 28 o 30 grados y  entre las 12 y las 2 pm el calor podía alcanzar fácilmente los 35 grados. Por lo mismo, siempre tratamos de hacer una actividad en la mañana y otra en la tarde, con un buen tiempo de piscina, siesta y/o descanso entremedio. Originalmente la idea era correr en casa parque 15 kilómetros diarios y hacer algún tipo de actividad local como escalada, rafting, barranquismo, etc. Pero por una lesión en el equipo decidimos cambiar de planes y el senderismo se transformaría en nuestra manera de recorrer los parques, aunque fue inevitable correr en algunos de los lugares.

Fueron muchos kilómetros caminados, más de 1.500 kilómetros manejados, mucha risa y bailes en los lugares más insólitos. Fue leer en exceso la palabra erosión, arcos, viento, cañones y geología. Fueron muchas copas de vino Ventisquero para celebrar el fin de cada día. Siempre tratamos de encontrar un dato único de cada lugar y creo que visitamos las zonas más desconocidas de cada parque, entendiendo que para nosotras todo era desconocido, y donde la mayor parte del tiempo me sentía en Tatooine; y cuando pensabamos que estábamos perdidas, pero siempre encontrábamos el camino.

El auto, un sedán blanco de esos que jamás habríamos elegido nosotras, fue nuestro mejor amigo; fue nuestro closet, almacén y librería, fue un observador más de los tremendos paisajes de los que fuimos testigos. Había tramos de carretera en que nos demoramos entre 4 y 5 horas, aunque creo que gran parte de eso fue porque bajábamos la velocidad y aprovechábamos de mirar el camino.

¿Se acuerdan del comercial de neumáticos Firestone donde salía un Apalache que decía: “Si el camino no hablar…”? Bueno, nosotras estábamos en la mitad de ese escenario el 80% del tiempo. Un desierto de alto impacto, pero lleno de colores y formas que se nos caían encima, que después de cada vuelta, subida y bajada, hacían envidiar a quién iba en el asiento del copiloto o atrás porque el celular y cámara empezaban a hacer de las suyas y era imposible no bajar la velocidad y observar. Daban ganas de detenerse inmediatamente a mirar y pensar en todo lo que haríamos una vez que nos bajáramos. El problema, es que pasaba todo el tiempo y la cara de asombro y los constantes “que impactante el paisaje” nos persiguieron durante todos los días ¡Y es que Utah es impresionante!

Eso sí, hay que destacar que por suerte, llevamos nuestro parlante House of Marley al viaje, lo que nos ayudó mucho durante las horas en auto, ya que al poco rato de ir camino a Moab escuchando la radio de Salt Lake, nos dimos cuenta que nos habían pasado un auto sin USB y sin conexión bluetooth, pero nuestro infaltable Mini Chant nos salvó. (detalle importante de revisar al arrendar auto).

Como olvidar cuando íbamos en la carretera, entre Canyonlands y Capitol Reef, pasando por acantilados de colores rojos intensos y un puente alucinante, y nos bajamos del auto para ir al baño en la mitad de una pista de aterrizaje, nunca pensamos que detrás de nosotras veríamos una avioneta ad portas del aterrizaje.  O nuestro “mueve, mueve” en la mitad de un Narrow en Capitol Reef, que causó furor en las redes sociales. Y por supuesto, el grupo de scouts que nos gritaba: “¡vamos, salten! cuando estábamos frente a una pequeña cascada, a la que queríamos tirarnos pero no sabíamos cómo hacerlo sin mojar nuestras mochilas, que tenían las cámaras y celulares.

Tampoco vamos a olvidar la cara de la Sole cuando supo que estaba comiendo junto a uno de los editores de Vikingos, su serie favorita.  Y mi cara cada vez que veíamos una formación geológica distinta, y para qué decir cuando veía algún “bombón” que caminaba por el sendero y decía: “me debería venir a vivir acá”. O el reto que se llevó un gringo al subirse arriba del Mesa Arch y cuatro personas le gritaron para decirle que era ilegal. Pero lo más maravilloso fue cuando nos topamos con una familia de Big Horns (especie de cabras en peligro de extinción), que se quedaron instaladas, posando, durante un buen rato, mirándonos; fue algo muy especial, porque en la zona, esas cabras son “sagradas”.

En fin, son muchas las historias que tenemos, y es que Utah es el paraíso para las personas que disfrutan de las actividades y la vida al aire libre. Vimos más de 1.000 casas rodantes y autos que llevaban bicicletas y kayaks colgados o en los techos. Al pasar por Lake Powell, una represa construida en Glen Canyon, vimos lanchas pasar por la carretera, algo muy surrealista cuando estás en un paisaje igual de árido que el Desierto de Atacama en Chile.

Moab y Canyonlands son lugares conocidos por sus circuitos de bicicletas y formaciones de arcos y puentes naturales. Capitol Reef y Escalante, son reconocidos por sus colores y extrañas formaciones, las que se asemejan a chimeneas o domos gigantes. También son lugares famosos por sus cañones y Slots angostos, las que hay que pasar de lado o a veces trepar para luego seguir caminando.  Escalante no es un parque nacional, es un monumento natural nacional en el condado de Garfield, pegado a Bryce, pero es un lugar hermoso y 100% recomendado para visitar (sobre todo si se quiere ir a algo más solitario y menos visitado)

Por otro lado, Zion es conocido por sus Narrows llenos de agua, donde uno siente que está caminando hacia el centro de la montaña. Además, tiene senderos alucinantes por los que en 4 kilómetros de largo, pero 1km vertical llegas a uno de los mejores miradores del valle, el Angels Landing. Pero si hablamos de atardeceres y maravillas geológicas, Bryce Canyon tiene algo especial que atrapa a cualquiera. Los hoodoos, torres rocosas que se ven en el anfiteatro son únicos; en el mundo sólo hay siete lugares donde se pueden encontrar, entre ellos el Desierto de Atacama. Realmente son formaciones increíbles, tienen varios colores y cuando te paras al lado te das cuenta que son enormes y arman laberintos entre ellos. De hecho, hay una zona en uno de los senderos llamada Wall Street, y lo loco es que desde ciertas perspectivas parecen personas paradas “mirando el sudeste”; ahí tiene sentido la leyenda indígena de la zona que dice que son personas que se convirtieron en piedra.

En Chile, cuando la gente viaja a carreras, normalmente va a las clásicas y más conocidas, donde las mejores fotos son con los corredores que están en los primeros puestos del ranking mundial. Pero Runology siempre va en busca de lo más desconocido y único, por lo mismo Bryce sonaba como el pretexto ideal para escaparse y correr por la zona, recorriendo lugares hermosos y atesorando los más bellos paisajes y postales.

Y es que ahora, post carrera puedo decir que Bryce 100K es preciosa, y a pesar de que finalmente no pudimos correr las tres (y yo no cumplí con mi idea de ir por un ultra), lo pasamos increíble y se instala en mi lista de preciosos desafíos cumplidos, ya que ese día el calor superaba los 32C, y la altura hacía de lo suyo; pero los paisajes por los que corrimos no se van de mi cabeza. Sube y baja, corre, camina. Te topas con los que van corriendo 50 y 100 y te sientes nada, pero luego te das cuenta que al cruzar la meta estas dentro de los que terminaron en el tiempo reglamentario (que fue menos de la mitad de los inscritos en 21K) y te sientes feliz y dichosa y la sonrisa no te la sacas de la cara – junto con la merecida hamburguesa con papas fritas que me zampé después que es un must!

Y a pesar de que el cuerpo queda cansado, está listo para seguir andando al día siguiente.

¿Volvería? Sí, 100% segura, Utah es para volver y recorrer todo nuevamente, ya con más conocimientos e ideas de las distancias, de cómo funcionan los parques y cuáles son las mejores maneras de recorrerlos, porque por ejemplo, en Zion, hay que moverse en el bus del parque y hay que organizarse para eso; y en Canyonlands se necesitan más días, porque el lugar es enorme y hay que dividirse entre la zona A y B.

Me encantó que descubriéramos cosas que no están en los clásicos libros, como nuestros 22 kilómetros por los 10Mag, una zona cerca de Arches donde se anda mucho en bicicleta, por donde nosotras decidimos correr. También en Escalante, donde llegamos a una cascada más desconocida que las otras, pero igual de impresionante. O en Capitol Reef, donde íbamos a hacer un recorrido con un guía que nos dejó botadas y no llegó,  dejándonos una nota que indicaba cómo llegar a una Slot dentro del parque, el que encontramos y recorrimos ¡sintiéndonos Indiana Jones!

Fue un viaje inolvidable y la verdad, es que estando allá me envidiaba a mí misma por la tremenda experiencia que estábamos viviendo ¡estuvo notable! Y ahora, miro las fotos y recorro cada espacio y revivo cada momento; y vuelvo a gozar, me teletransporto y despacito se va dibujando nuevamente una sonrisa en mi cara.

 

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