Runology: Volver a la Patagonia

10 octubre, 2017 | Por: Fulloutdoor

No importa cuántas veces vayas. La Patagonia siempre guardará paisajes para deslumbrar a cualquiera, infinitamente. Con Runology tuvimos la suerte de volver al sur de Chile una vez más.

Cuando uno piensa en la Patagonia, a la mente se vienen praderas, enormes planicies de coirón, montañas, lagos, gauchos, caballos, vacas y piños de ovejas guiadas por unos perros que van encauzándolas. Patagonia, como concepto y zona geográfica, es glaciares y para muchos es también Torres del Paine. Ya de tanto pensar en esta película decidimos que, definitivamente, Patagonia debía estar en nuestro calendario de viajes de este año.

Originalmente, la idea de visitar Puerto Natales y sus alrededores partió de la motivación por ir a correr a la Ultra Fiord y quedarnos un tiempo por la zona. Pero por motivos laborales y de salud,  hubo cambios en el itinerario y la Sole y la Tete dejaron en mis manos lo que serían tres días y medios de recorrer hasta no poder cerrar la boca tanto asombro.

Por motivos de trabajo yo ya estaba en Puerto Natales. Cuando llegaron las chiquillas con la Pili Garcés, otra amiga que estaría con nosotras algunos días, partimos inmediatamente a la zona del Parque Torres del Paine. A una hora de Puerto Natales hacia el norte, y como a 20 o 30 minutos antes de llegar a la entrada al parque, nos encontramos con una bifurcación marcada con un gran cartel en el que se leía “Cerro Guido”. Ahí tomamos el lado este y entramos en zona de estancias. Corral tras corral, portón tras portón, íbamos adentrándonos por el valle de Las Chinas, de Sierra Baguales y de zonas desconocidas hasta por los natalinos. En el camino nos juntamos con el Chino Díaz, amigo mío de Puerto Natales. Como él tenía un drone, le pedimos que nos grabara en nuestra primera jornada mientras recorríamos la recóndita zona de Baguales.

El parque Geopaleontológico La Cumbre Baguales es una iniciativa privada ubicada en terrenos de la Estancia La Cumbre. Esta cuenta con miles de hectáreas que se sienten interminables cuando uno trata de entender hasta dónde llegan. Sierra Baguales, también inserta en el sector de La Cumbre, es famosa por descubrimientos científicos y arqueológicos que han encontrado enormes yacimientos de fósiles y restos de dinosaurios. La Cumbre Baguales tiene la tarea de proteger, conservar, difundir e investigar el patrimonio geo-paleontológico del sector, poniendo en valor el aspecto ecológico y paisajístico de la zona que, personalmente, nos dejó totalmente boquiabiertas.

Dejamos el auto en la casa de alojados, mejor conocido como Centro de Interpretación y Visitantes, en donde hay camas para ocho personas, además de una super cozy o cocina a leña. En este lugar también existe un mini museo que instruye a los visitantes sobre la zona y muchas otras cosas interesantes para mirar y aprender.

Partimos a recorrer lo que se llama el Circuito de los Fósiles para luego seguir al Cerro de las Hojas. La idea era hacer esos dos circuitos que juntos nos sumarían 15K, pero el hecho de haber ido sin un guía nos jugó una mala pasada. Y como el terreno no estaba marcado, nos perdimos.

Siguiendo senderos de guanacos, llegamos muy arriba y caminamos entremedio de zonas bastante húmedas (donde por supuesto metimos los pies más de una vez). Ahí descubrimos que después de cada lomita, venía otra y otra. Era de nunca acabar. Estábamos totalmente atónitas, sin embargo, no dejábamos de sorprendernos de lo lindo de la vista. Qué ganas de que todos los visitantes de Torres del Paine tuvieran la oportunidad (o mejor dicho las ganas) de explorar esta zona tan aislada y desconocida.

Frente a nosotras, siempre tuvimos una de las formaciones de Sierra Baguales. Sus colores y formas nos mostraron el camino. Es más, en ella teníamos puestos los ojos para lograr retornar al mismo lugar. Fueron aproximadamente 8kms llenos de muchísimos ¡Wow!

Ya de vuelta en la base, nos cambiamos y partimos hacia la ruta que nos iba a llevar a Torres del Paine. Desde Baguales, nos demoramos más menos una hora en salir hasta el pavimento. A pesar de que se nos oscureció, llegamos tranquilamente al hotel Tierra Patagonia, que generalmente pasa desapercibido en el camino gracias a su única y genial arquitectura. Esa noche alojaríamos en él gracias a Smartrip, empresa que apoya diversos proyectos culturales de los que somos parte.

El hotel se sitúa a orillas del Lago Sarmiento, el más grande del Parque Torres del Paine. Este se caracteriza por su color azul intenso y las formaciones de xianobacteria que se generan en el borde, un alga verde azulada que da la vida al mundo.

Aquí nos topamos con un gran amigo, Rodrigo Moraga, fotógrafo socio fundador de NatPhoto, una empresa que hace safaris de fotografía por el mundo. Rodrigo estaba contratado por el mismo hotel. Comimos todos juntos y se nos ocurrió que el amanecer del día siguiente podía ser un súper momento para una sesión de fotos.

Levantarse fue doloroso, sobretodo porque las sábanas eran de esas que parecen comerte. Pero el cielo, las nubes y el clima nos invitaron a salir y a disfrutar de las vistas y sus colores. Tipo 10 am nos fuimos a las famosas condoreras o cornizas de Guido a hacer treking  ¡La verdad es que para donde uno mirara era lindo!

Después de almuerzo nos fuimos a nuestro segundo destino del viaje, el famoso Patagonia Camp, el primer hotel de glamping de Chile (camping de lujo)  que ya lleva varios años liderando esta manera de hacer turismo, con sus 20 yurts (carpas mongolesas) que se convierten en habitaciones hasta con calefacción,  todas con vista al lago y al macizo.

Cruzamos el parque casi completo, de Este a Oeste, para llegar al borde del Lago Porteño, lugar donde están instalados los yurts y donde tendríamos una increíble tarde de kayak mientras el sol se ponía. Una de las gracias que tiene el Patagonia Camp es que se encuentra fuera del Parque Torres del Paine, lo que significa que pueden tener elementos como kayak, bicicletas y SUP (siempre de la mano o apoyo de los guías).

El sábado estaba destinado para correr los 25K de la ruta de la Patagonia Camp Cup Race que se llevaría a cabo un par de semanas después de nuestra visita. La idea de nuestro paso por el Camp era ver la ruta, probarla y dar nuestra opinión.

Partimos muy motivadas corriendo entre lagunas y bosques, todos lugares únicos y propios de la reserva privada que tiene el hotel. Para nuestra sorpresa, seguíamos quedándonos boquiabiertas con los paisajes que veíamos. Y es que recorrer una zona que muy poca gente visita es un lujo, y más aún cuando parte de los senderos que recorríamos habían sido abiertos especialmente para esta carrera, por lo que fuimos realmente pisando fuerte para seguir abriendo el camino.

Sube y baja, cruce de río, cuerda arriba, cuerda abajo, otro río, otra cuerda y así. Finalmente anduvimos 18K por lugares que espero, cada corredor de Patagonia Camp Cup Race haya sabido aprovechar como lo hicimos nosotras. Fueron más horas de las que pensamos que haríamos ya que el terreno era bastante más técnico. Para qué les cuento cómo dormimos esa noche.

Al día siguiente iríamos a uno de mis senderos favoritos, y al que muy poca gente va porque parte en un punto A y termina en un B, por lo que se necesita apoyo de vehículo extra. Nos despertamos muy temprano y el gerente del hotel, que conocía cada esquina del parque porque había sido parte de los equipos de rescate, nos llevó hasta la Estancia Lazo, lugar donde partía nuestro siguiente sendero de 13K.

Para nuestra sorpresa, el día estaba tapado hasta que llegamos a Lazo. Habíamos estado metidas dentro de una nube densa y fría que nos tenía bien asustadas porque la idea era correr mirando el macizo del Paine. Este iba a ser nuestro compañero en casi todo el sendero, pero para maravilla nuestra, al ir acercándonos a Estancia Lazo la neblina fue quedando atrás. De pronto apareció el paisaje y más allá estaba todo despejado. Ahí nos dimos cuenta que la nube siempre estuvo bajo nuestro.

Hablar de esos 13K es hablar de colores otoñales, olores a tierra mojada y paisajes indescriptiblemente bellos. Lazo/Weber, que es el nombre del sendero que hicimos, se transformó en uno de mis favoritos. Normalmente uno no se topa con nadie y en zonas de bosques en los que me quedé quieta, creí sentir a Barbol (personaje del Señor de los Anillos).

Más de un pitío o carpintero nos sorprendieron y nos acompañaron durante el camino. Corrimos en short y polera, con un sol maravilloso y el macizo del Paine al frente, en todo su esplendor. Para más sorpresa, cuando llegamos al Mirador del Toro, vimos que sobre éste yacía una capa de nubes que no dejaba ver nada.

Empezamos a bajar y la nube nos comió y el frío nos acechó, pero luego llegamos directamente a darnos una deliciosa ducha y almorzar al Camp. A esa altura la nube ya se estaba levantando y pudimos ver las últimas horas del día en este cómodo spot patagónico.

Finalmente llegamos a Natales y ordenamos las cosas. El bus a Punta Arenas nos estaba esperando. Con este viaje, 40Kms recorridos se sumaron a la lista de Runology.  Nuestros corazones, llenos de belleza patagónica, se preparaban para regresar a la ciudad.

A pesar de haber vivido seis años en la Patagonia y haber viajado de vuelta por lo menos unas seis veces en los últimos tres años, sigo sorprendiéndome del lugar. Aquí siempre habrá alguna zona nueva para descubrir y asombrarse. Definitivamente, Runology will be back.

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