Aysén: Un maravilloso escenario natural del sur de Chile

10 octubre, 2017 | Por: Fulloutdoor

Texto: Antonia González. Fotos: Camila Primus. 

Esta fue la tercera vez que tuve la oportunidad de conocer otro rinconcito del sur de Chile. Primero Chiloé, luego Puerto Natales y ahora Coyhaique. En esta ocasión, fueron casi 5 días disfrutando de las maravillosas postales que regala la región de Aysén, más específicamente el sector de Puerto Cisnes, Parque Nacional Queulat y la ciudad de Coyhaique.

Siempre he sido una agradecida de conocer otros lugares, otras personas y otros paisajes. Y solo pensar que tuve la oportunidad de ver solo una mínima parte de todo lo que ofrece la región de Aysén, me deja totalmente inquieta y con ganas de seguir recorriendo.

Como todo viaje, mi travesía comenzó armando la maleta. El transfer pasaba a buscarme a las 5:30 de la mañana y la noche anterior figuraba consiguiéndome algunas prendas que me ayudarían a sobrevivir el frío de la Patagonia. Por suerte llevé la indumentaria necesaria, algunas cosas que me recomendaron personas que ya habían estado por esos lares: primera capa, segunda capa, tercera capa, cuarta capa y así infinito.  Guantes, gorro, calcetines gruesos y unos buenos zapatos para caminar y que soportasen la lluvia.

Llegamos a Balmaceda el jueves 27 de abril a eso de las 13:00 horas, lugar al que le llaman “La Pampa” por la poca cantidad de lluvia que cae en el año. Allí conocimos al grupo con el que realizaríamos el viaje y a Sebastián Barceló, ejecutivo de Sernatur que estaría a cargo de mostrarnos algunos de los increíbles sectores de la XI región.

Nos subimos a la van para ir a nuestro primer destino: Coyhaique, y un rico almuerzo en el Hotel “El Reloj”. En el camino no podía dejar de mirar por la ventana. Quería bajarme en todos los lugares y quedarme ahí por horas. Me sentía pequeña ante tanta inmensidad.

Desde Balmaceda hasta Coyhaique fueron 54 kilómetros por camino pavimentado. Pasamos por varias atracciones turísticas. Una de las que me llamó la atención fue la “Muralla China”, una enorme pared de roca, a la asemejan con la famosa muralla ubicada en China. Este punto, es de suma importancia turística para la Región de Aysén, ya que su deslumbrante tamaño y la increíble calidad de la roca, le han otorgado poco a poco una fama mundial. Aquí llegan muchos escaladores año a año para probar suerte.

Llegamos a almorzar a “El Reloj”, según Sebastián uno de los mejores lugares para probar comida de la zona y en el que te atienden como “rey”. Este fue nuestro primer almuerzo con el grupo de viajeros, aquí tuvimos las primeras conversaciones, bromas y risas. Pudimos conocernos un poco mejor y la típica foto grupal no quedó fuera.

El menú de ese día fue congrio con jaibas y puré de papas, y me di el gusto de probar un jugo de Calafate, preparado especialmente en la región de Aysén.

Luego de recargar energías nos dirigimos en un viaje de tres horas y pico a Puerto Cisnes (fueron aproximadamente 170 kilómetros). Para ser sincera no tenía ni la menor idea de cómo sería el lugar, no me había hecho ninguna expectativa, así que estaba preparada para sorprenderme. Nuevamente el camino asombró con sus increíbles paisajes, observamos el imponente río Simpson y el increíble Bosque Siempre Verde que se instala en lugares donde las precipitaciones superan los 2.000 mm. Unos kilómetros después, nos detuvimos en la Cascada de La Virgen, allí tomamos algunas fotos y sentimos el rico olor a humedad de la Patagonia.

Siempre hay una primera vez

Llegamos por fin a nuestro destino. A eso de las 20:00 horas nos bajamos en Puerto Cisnes y dejamos nuestras maletas y bolsos en la hostería “Lafquén Antü”, lugar que también funciona como restaurante. De inmediato nos abrigamos,  sacamos la cámara de fotos y salimos a caminar. Había un atardecer precioso que tenía toda la paleta de azules en su cielo. Recorrimos un poco la costanera de Puerto Cisnes, tomamos aire, conversamos y nos preparamos para ir a cenar.

Comentamos entre el grupo que nos sorprendió muchísimo la calidez y buena recepción de la gente. Los dueños del Hostal eran realmente acogedores, nos recibieron con los brazos abiertos y nos trataron como sus mejores huéspedes. Los santiaguinos no estamos muy acostumbrados a eso.

La comida de esa noche fue a elección. Yo escogí papas al ajillo con pollo apanado y una excelente cerveza artesanal de la región llamada “FinisTerra”, una maravilla. Nos esperaba un largo día, así que luego de un par de risas nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, el despertador sonó a las 07:00 am, nos vestimos, tomamos un rico desayuno y nos preparamos para una jornada llena de sorpresas. Tipo 8:30 partimos a buscar a Alejandra y Claudio, una pareja de trabajadores del sector, dedicados a dar paseos de navegación y pesca recreativa a turistas que visitan la zona. Realmente personas encantadoras, que nos introdujeron mucho más en las riquezas y atractivos de Puerto Cisnes.

Cuando ya estaba todo listo y cargado, nos dirigimos hacia el Muelle, lugar donde comenzaríamos la aventura. Allí nos pusimos el chaleco salvavidas y nos subimos a la lancha llamada “Drakar III”, mismo nombre de su empresa de turismo.

Desde que nos subimos que disfruté cada minuto. El viento en la cara, el frío de la mañana, las historias de Claudio mientras manejaba la lancha, el mate calentito que nos ofrecía Alejandra y por supuesto los inmensos paisajes. Creo que nunca había visto tantos arcoíris en un día.

Nos empezamos a internar un poco más por el canal Puyuhuapi y nos rodeamos de hermosos fiordos. Pensé en lo increíble que sería hacer kayak en ese lugar. Aquí Sebastián Barceló nos contó sobre la flora y fauna y rato después, comencé a escuchar un ruido extraño que me llamó la atención. Se parecía al silbido que emiten los delfines, pero al mirar hacia el lado me doy cuenta de que era Alejandra llamándolos para que pudiésemos verlos. De apoco empezaron a aparecer algunos. ¡Nunca antes había visto delfines ni menos de tan cerca! Rápidamente subimos a proa para tener una imagen panorámica.

Así estuvimos casi una hora mirándolos, de repente se escondían y otras veces se dejaban ver en grupo. Parecíamos niños gritando ¡Ahí viene uno!

Dejamos a los delfines atrás y nos fuimos a pescar. Otra cosa que tampoco había visto ni hecho antes. Creo que en este viaje hice muchas cosas por primera vez. Cuando estábamos listos para almorzar, Mariana (una de las chicas con la que viajábamos) tomó el control del timón y nos fuimos directo a las termas. Yo pensaba ¿termas? ¿Con este frío? No me imaginaba sacándome toda la ropa con los grados que hacían. Pero era una experiencia que sí o sí tenía que vivir. Disfrutar y bañarme en una terma en la Patagonia.

Cuando llegamos me detuve un segundo. Pensé en lo afortunada que era. El paisaje era increíble y la compañía también. Creo que la palabra perfecta para describir ese momento es felicidad.

En un segundo ya me había sacado toda la ropa y estaba dentro del agua. Para nuestra mala suerte justo había subido la marea, así que el agua estaba un poco helada. Pero no importó, teníamos la mejor vista. Alejandra nos pasó una fusión para echarnos en la cara y Claudio comenzó a cocinar el pescado frito. Era de película, sin duda una de las mejores experiencias que he tenido, todo fue perfecto.

Foto: Francisco Ibarra.

Al salir del agua, disfrutamos de un rico pescado frito. Nos abrigamos y partimos de vuelta al Hostal. De camino en la lancha, vimos desde lejos el Parque Nacional Queulat y sus increíbles hielos cayendo. Decidí que aunque hiciera frío tenía que pasar un rato más en proa, así que subí por última vez y lo aproveché al máximo. En un minuto cerré los ojos y cuando los abrí el paisaje me abrazó con su inmensidad.

Ya en el Hostal, una rica ducha calentita fue lo último para cerrar un día redondo. La comida estuvo exquisita. Pedí papas fritas con filete o “carne feliz” como la llamaban allá. Sebastián Barceló nos presentó a un grupo de prensa de Coyhaique y dos de Argentina, quienes nos acompañarían al trekking del día siguiente por el Bosque Encantado en el Parque Nacional Queulat. Nos quedamos un rato compartiendo con ellos, un par de cervezas y a dormir.

Los rincones de Coyhaique

Esa mañana nos levantamos tipo 7:00 am. Nuevamente un delicioso desayuno junto a la gran salamandra que calentaba el comedor. Sacamos todo nuestro equipaje y nos preparamos para ir a conocer uno de los lugares más bellos de la región de Aysén.

Cuando nos bajamos de la van había mucho viento y lluvia. Sin duda, se venía una gran aventura. Por suerte andaba con la ropa adecuada: cortaviento, mochila impermeable, pantalones de trekking y unos buenos zapatos para caminar.

De a poco comenzamos a internamos en el Bosque Encantado, un lugar realmente encantado y verde, increíblemente verde. Fueron aproximadamente 3 horas de subida, donde el guía (ojalá recordara su nombre) nos iba contando todo sobre flora, fauna, y cuanta pregunta se nos ocurriera él contestaba. Aprendí que el Bosque destaca por la protección de aves como el carpintero negro, cóndor y chucao. Mientras que en flora, en los bosques andinos patagónicos, se presentan especies como la lenga y el coigüe de Magallanes.

Cuando llegamos arriba, quedamos todos sorprendidos con el paisaje. Era de esos que no caben en una foto. Una enorme cascada que terminaba en un río precioso, donde rellenamos nuestras botellas con agua fresquita y helada. Por los lados, unas montañas imponentes que nos envolvían con sus colores verdes, naranjos, amarillos y rojos de otoño.

En ese lugar descansamos unos segundos, esperamos a los demás chicos y recargamos energías para terminar el último tramo. Se venía el premio. Para llegar cruzamos el río y subimos unos minutos más hasta llegar a una laguna color turquesa impresionante, que solo por el color daban ganas de meterse. Allí nos sacamos algunas fotos y luego nos tomamos unos minutos para regocijarse del paisaje, comer y disfrutar de un rico mate. La lluvia no cesó, por lo que tuvimos que buscar un refugio para descansar y reponernos.

Un rato después nos preparamos para bajar. En el camino de vuelta me fui sacando algunas fotos y contemplando los increíbles colores y todas las especies que aparecían: flores, honguitos, pequeñas cascadas, bosques, ríos, etc. Además, me fui conversando con la señora Blanca, mujer de 57 años y guía del parque, que me iba contando su lucha para promover el turismo en la zona, tanto en la región como en Puerto Cisnes, donde su mayor labor y motivación era activar la pesca artesanal.

Mientras conversábamos no nos dimos cuenta cuando ya habíamos llegado al inicio. Allí nos cambiamos rápidamente de ropa y nos acomodamos para volver a Coyhaique. Nos recibiría nuevamente una rica cena y una cama calentita en el Hotel “El Reloj”.

Cuando llegamos, nos instalamos en las piezas y nos dimos una rica ducha para reponer energías. Enseguida partimos a conocer Coyhaique, nos quedaban un par de horas antes de la cena, así que aprovechamos. No podíamos irnos de Coyhaique sin conocer el centro y la plaza de Coyhaique, por lo que caminamos un poco bajo la lluvia, pero tuvimos que volver pronto porque nos esperaban para comer. Esa noche nos dieron un rico ceviche y de fondo un plato típico: cordero.

Se acercaba el último día. El día que iríamos a Aysén Run, una competencia de running que lleva a los corredores por los senderos más lindos de la región de Aysén en otoño. Tuvimos la suerte que nos tocó un día espectacular, había un sol radiante que a veces se dejaba ver entre medio de las nubes. De repente caían un par de gotitas que hacía que se crearan hermosos arcoíris, esta vez vi como 10 en una mañana.

La carrera contempló distancias de 10, 15, 24, 42 y 60 kilómetros, donde los participantes se encontraron con pendientes de diferentes grados de desnivel, caminos rurales, bosques, planicies y valles de gran belleza. Además de los lagos Frío, Pollux, Castor, montañas nevadas y los sorprendentes campos rurales de Coyhaique en esta época.

Antes de viajar, me había decidido a correr 10 kilómetros, pero a último minuto me arrepentí porque me sentía un poco congestionada y no quería arriesgarme. Sin embargo, al llegar y ver el hermoso día que nos había tocado me arrepentí como nunca. Pero bueno… de todas maneras, decidí caminar la mitad del recorrido para poder contemplar un poco el paisaje. Fueron cinco kilómetros entre medio de nubes, sol, lluvia, árboles de todos colores, animales y por supuesto arcoíris. Ahí entendí porque le llaman “la magia del sur”.

Sin duda, fue una carrera muy completa, con una muy buena organización y que terminó con corredores felices, que además de hacer deporte aprovecharon de conocer algunos sectores y paisajes de la región.

El día terminó con una emocionante premiación, con ganadores en los cinco primeros lugares de cada categoría. En la noche finalizamos el viaje con una rica comida y una última conversación de grupo. Nos preparamos para ir a descansar y pensar en todos los increíbles lugares y personas que tuvimos la oportunidad de conocer. Al día siguiente el avión salía a las 10 am, entonces nos fuimos a dormir para partir muy temprano en la mañana.

¿Cómo podría describir Coyhaique en otoño? Yo creo que uno de los lugares más coloridos y con diversidad de paisajes que he conocido. Me impactó su belleza, su gente, su tranquilidad y su calidez. Espero volver pronto para disfrutar de todos los otros increíbles lugares que ofrece.

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One Response to Aysén: Un maravilloso escenario natural del sur de Chile

  1. Lucía says:

    El 10 de noviembre viajaré desde Caleta Tortel a Coyhaique. Conocere esos lugares maravillosos. Viajaré sola. Creo que no será impedimento para pasarla bien.

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