Parque Coyanco: Ruta el Calabozo y las Cascadas

19 septiembre, 2017 | Por: Fulloutdoor

Hermoso es el Cajón del Maipo, recorrido por su río entre montañas que emergieron hace millones de años desde el fondo del mar, cromatismos infinitos, olores múltiples de hierbas y arbustos, senderos y caminos que llevan a cúspides desoladas, a veces sin explorar; esterares tributarios del Maipo, con un torrente lleno de peñascos y leyendas ocultas que necesitamos recordar y advertir. Después de pasar por el pueblo de San José de Maipo existe un transparente estero llamado Coyanco, cuyo nombre llevado al maternal lenguaje mapuche significa “agua de robles”.

Texto y fotos por Paris Capetanópulos.

Así cuenta la tradición oral de este hermoso lugar tributario del río Maipo y la verdad es mucho más de lo que se puede describir, ya que Coyanco, ante todo lo que podamos comentar siempre quedaremos en debe. Naturalmente este río es uno más de la enorme red fluvial que dan vida al famoso cajón, pero las cualidades que tiene quizás sean más destacables que otras. Entregaremos los mejores tips y consejos para que puedas disfrutar de un paisaje sobrecogedor con baños incluidos a pasos de Santiago.

El cajón del Maipo es una de las joyas turísticas que tiene la Región Metropolitana y sin ir más lejos podría ser un paradero de nivel mundial.  Consta de cerros gigantescos, valles escondidos llenos de flora autóctona, un sin número de ríos, arroyos y esteros cordilleranos, glaciares, una fauna privilegiada y un paisaje verdaderamente sobrecogedor que en conjunto con sus villorrios le dan un toque casi de campiña francesa. Dentro de estos cajones cordilleranos se encuentra un estero que a través de su curso forma pozones y cascadas, siendo una delicia para quienes lo visitan. El estero Coyanco destaca justamente por ese prístino curso de agua delicia para los visitantes, dada sus refrescantes aguas y un paraíso para los pescadores de Flyfishing en invierno.

Este hermoso estero nace de los diversos deshielos que se encuentran en los faldeos de los cerros que la circundan y napas subterráneas que generan agua mediante el ciclo hidrológico. Diversos fenómenos ambientales, y quizás el tipo de roca, han logrado que el colorido del estero sea de un verde esmeralda en ciertos periodos del año llamando la atención a los turistas que vienen de paso.

Coyanco está inserto dentro del fundo el Toyo el cual pertenece a don Augusto Pedro Guillón Cuevas, ingeniero agrónomo, muy conocido en el sector del cajón debido a que es uno de los grandes latifundistas de la zona. En la actualidad, Coyanco es administrado por Cristián Canales quién le dio una visión más amigable al lugar, declarándolo “santuario” aunque siendo bien ajustado a la realidad, no lo es. Podría serlo, pero la verdad es que podría ser llamado un “parque privado”. Quiero ser enfático con esto ya que el lugar pese a estar abierto no dispone de las normas básicas de un camping y por lo mismo entran muchas personas que tienen un bajo concepto de conocimiento ambiental, provocando graves perjuicios al entorno visual del estero, ya que en el camino se encuentran una serie de rayados, algo muy típico de observar no solo aquí sino también en diversos lugares declarados santuarios o reservas, tales como el Roble o la Campana.

Con el tiempo el eco de un lugar idílico enclavado en los andes se hizo repercutir, no solo en las montañas, sino también a través de las redes sociales, ya que pese a no ser camping ni contar con baños ni senderos habilitados sí se permite pernoctar en él, creando así un distrito en dónde poder compartir con amigos, encender fogatas nocturnas y naturalmente con el resultado esperado de una juerga nocturna entre amigos y el alcohol: basura. Esta fue mi primera impresión cuando conocí Coyanco, una enorme cantidad de basura dispersa en todo el estero, rayados en las rocas, latas de cerveza y botellas en la orilla del río, gente realizando asados en cualquier parte y quién sabe qué más puede pasar en un lugar en dónde no hay normas para la protección de un recinto, que a todas luces puede ser declarado un Santuario de la Naturaleza. Aquí resuena una palabra clave: “Capacidad de Carga” y eso es cuando un lugar sencillamente no da abastos para la cantidad de personas que llegan al parque, provocando un daño al medioambiente. De hecho la aplicación del concepto de capacidad de carga podría figurar como un elemento clave en el ámbito de la gestión turística de espacios naturales y patrimoniales. El lugar de forma urgente necesita regular el uso turístico a fin de minimizar los impactos que la afluencia masiva de visitantes provoca sobre la conservación del patrimonio y mejorar la calidad de la experiencia de visita.

Pese a todo y aunque se permitan realizar diversos eventos en el lugar (fiestas masivas) que ensucien el entorno, Coyanco sigue siendo un lugar especial para aquellos que sí disfrutan y sacan provecho de este entorno idílico. Entre ellos destaca el sector del Calabozo y las cascadas, el cual describimos a continuación:

Hike Sector el Calabozo

Para llegar a esta gran poza debemos internarnos siguiendo siempre el curso del río y naturalmente pagando la entrada al parque que es de unos módicos $5000, que bien vale la pena pagar. De ahí se avanza en vehículo por un bosque de Espinos, Litres y Quillayes hasta llegar al final del camino, de ahí en adelante es solo seguir una antigua huella de arrieros que se ha conservado en el tiempo. A poco andar, se cruzan unos arenales con un color de tierra amarillento, en ese lugar el camino abre una huella que asciende hasta el conocido cerro que termina en una zona rocosa y un tanto espigada. Nosotros seguimos por el camino que cada vez se pone más boscoso, abundan los Quillayes, Peumos, Guayacán y diversos matorrales como el Colliguay, Bollén, Crucero y el característico Pingo Pingo. La verdad es que el colorido de las aguas más el borde boscoso entrega al lugar esa paz que se encuentra solo en las diversas cuencas ocultas que se hayan en la Cordillera de Los Andes. Somos afortunados de contar con tan glorioso deleite que nos regala la naturaleza, ya que el paisaje es sobrecogedor, ojalá invitara a las personas a amar estos lugares y conservarlos de la forma adecuada.

El camino sigue a veces cruzando el estero de un lado a otro, y con el calor del verano naturalmente no bañarse es un pecado. Cada una de las pozas invita a un buen piquero en sus aguas de verdad refrescantes, porque podrían ser gélidas y frías vertientes que bajando de los deshielos cordilleranos. Se esperaría encontrar un pingüino por ahí, pero la verdad es que el agua es deliciosa, así que no pasarás malos momentos por congelamiento en esas zonas de cuidado. Cada poza es un baño, así que el mejor consejo es andar siempre en short, polera y sandalias.

Llegar al calabozo toma alrededor de 2 horas en un suave caminar, quizás menos en una zona que no tiene casi nada de pendiente. Hay algunos tramos de roca en la cual solo hay que poner bien el pie, pero la verdad es que no es complicado. El lugar es bien especial ya que es como si dos tramos de cordillera se cortaran casi con cincel, ya que eso es el lugar, una gran poza ubicada dentro de estos murallones de roca que pasan los 30 metros de altura. Si se desea seguir la ruta se puede bordear el río subiendo por una empinada huella o bien se atraviesa a nado la enorme poza. Esta debe tener alrededor de 3 metros de hondo en su parte más profunda y justo al centro se encuentra una roca desde dónde tirarse. El agua al estar encajonada es notoriamente más fría por la permanente sombra, pero no es motivo para amedrentarse, ya que de por sí la belleza del lugar ya es una buena recompensa. No es malo comentarlo pero lo ideal es ir con gorro y bañarse con polera para evitar la contaminación del agua por los aceites de los protectores solares.

Un buen descanso después del baño disfrutando los rayos del sol y una buena conversación son los toques especiales para disfrutar este encantador lugar en familia, pero para lo más aventureros viene la segunda patita: las cascadas de Coyanco.

Hike Las Cascadas

La verdad es que para respetar el camino hay que devolverse la mitad del tramo recorrido y encontrar una bifurcación que tiene unas piedras justo en el camino, tal como lo hemos comentado anteriormente no se dispone de señalética, así que solo nos queda la intuición de saber llegar. También, las laderas tienen varios cortes de camino y quién conozca el sector puede tomar un atajo; pero nuevamente volvemos al mismo tema: el poco respeto con el entorno. Para ser bien claro: Conaf en su red de senderos destaca el utilizar los construidos por ellos y que están bien trazados para indicar al turista por dónde debe ir, sin salir del camino. Lo aconsejan para evitar extravíos y además para que los turistas no estén constantemente pisando por distintos lugares, y así dejar ciertas zonas tranquilas para su crecimiento natural y nativo. Cuando un parque de tipo privado no tiene este manejo ocurre este problema, en la cual solo te guía la intuición, los buenos consejos y la suerte. Por problemas tan básicos como el que menciono suelen ocurrir los extravíos y accidentes que por suerte no han ocurrido en Coyanco.

Encontrada la bifurcación emprendemos ruta nuevamente subiendo por la ladera oeste de los cerros, dentro de una flora tupida en matorrales esclerófilos y llena de hermosas flores típicas de la zona centro del país.

Luego de una hora aproximada de marcha sin exigencia física ya que la idea es poder apreciar el entorno ecológico que se encuentra en el lugar, podemos destacar las hermosas vistas al cerro “Punta Horizonte” y al valle en sí. Luego se enfrenta con un pliegue en el cerro, el cual se cierra en una pequeña curva para poder observar de lleno varias cascadas que caen de forma escalonada. Son varias, al parecer 10. Estas son visibles desde el Punta Horizonte cuando se asciende así que muy buena idea la de Cristián Canales para promocionarlas turísticamente.

Subirlas no es complejo, pero dejar claro que son pasadas de roca y al no existir ningún tipo de pasarela o pasamano se corre el riesgo de una caída. Así que advertimos tener cuidado, sobre todo al bajar.

Nos quedamos observando las hermosas cascadas además de obtener algunas fotografías del lugar, el cual llama la atención por su belleza. El atardecer estaba ya encendiendo sus anaranjadas luces, así que fue la hora de la partida.

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