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Runology: Correr es la excusa, viajando es la forma

8 marzo, 2017 | Por: Fulloutdoor

Tres mujeres se internan en diferentes lugares de Chile y el mundo para mostrar que a través del trail running se pueden conocer increíbles paisajes: Primer destino Cochamó y Puelo.

Esto existe en Chile

Por: Soledad Hott.

Mi hermana suele preguntarme cuándo voy a tener vacaciones de verdad y no viajes a correr. Mi respuesta es simple: no le veo la diferencia. Y es que hay que entender que para aquellos que disfrutan y aman este deporte, correr y viajar se convierte en la excusa perfecta y la combinación ideal, y está lejos de ser un trabajo.

Y fue esta misma filosofía la que dio inicio a Runology y nos llevó a comenzar este proyecto en Puerto Varas. Una vez allá el objetivo final era llegar a La Junta en Cochamó, para luego partir hacia el lago Tagua Tagua. 5 días y 2 destinos que todo chileno debería conocer y visitar alguna vez en su vida, o más de una.

Aun siendo sureña, nacida y criada en Osorno, debo confesar que nunca había estado en estos lugares, por lo tanto, toda idea sobre el destino al que íbamos era aislada, fotos googleadas o el comentario de algún conocido que había estado en el lugar. Ante la primera parada, La Junta, los comentarios eran extremos. Por un lado tenías el “es el Yosemite chileno”, “es increíble y súper fácil”, y por el otro lado llegaba el “¿y van solas?”, “igual es duro, ¡esas cuerdas!”. Tomé todos los consejos y comentarios, y decidí que debía descubrirlo yo misma.

Así comenzó la travesía hacia La Junta. 12 kilómetros separaban nuestro punto de inicio con el destino final, el refugio Campo Aventura. Ante la opción de llegar caminando o a caballo, porque no hay más alternativas plausibles, hicimos un mix. Le pasamos nuestros bolsos a Horacio, quien estaba a cargo de los caballos, y nosotras nos fuimos corriendo.2

No conocíamos el camino, pero fue fácil seguirlo, nos adentramos en el bosque y cada ciertos metros ¡boom!, un claro con una vista impresionante. Una más increíble que la otra, lo que nos daba pistas de lo que vendría y el corazón se nos iba llenando de a poquito. La ansiedad por llegar aumentaba a medida que avanzábamos y en más de algún punto paramos solo a mirar. Y entonces, luego de un par de horas, llegamos y no podría describir en palabras lo que fue salir del bosque, ver ese valle, los muros de granito y una que otra cascada incrustada en esas paredes. “Y esto está en Chile”, fue lo primero que pensé. Todo lo que me habían dicho sobre la majestuosidad de dicho valle era cierto y más. Todo el verde que te imaginas, el cielo azul y un silencio envolvente. El suspiro de emoción fue grupal.5

Llegamos al refugio Campo Aventura donde nos esperaba Anita en una casa de madera con un par de habitaciones, la clásica estufa a leña en el centro, sin electricidad y el paisaje impresionante en cada ventana. Luego de un alto bastante sureño, un trozo de kuchen, nos fuimos a recorrer los alrededores. Ese verde parecía interminable y lo único que queríamos era subir esos cerros para estar más cerca de las paredes de granito de las que tanto nos habían hablado.

Sin luz y después de un largo día, que había comenzado muy temprano, correr y una larga caminata de reconocimiento, Anita nos llamó a comer y minutos después el único panorama era conversar a la luz de las frontales o irse directamente a la cama. Esta segunda opción fue tomada sin pnesarla, ya que al día siguiente partíamos temprano hacia esos muros de granito. Sin ruido, a la luz de la luna y muy poca gente en kilómeros a la redonda, fueron el mejor somnífero para conciliar el sueño.

7.30 am del día siguiente, Anita nos tenía el desayuno listo y luego a escalar, literal. Luego de analizarlo decidimos subir el cerro Arcoiris, son varios, pero por tiempo teníamos que elegir uno.  Está el Anfiteatro y el cerro Trinidad también. El que elegimos no era el más largo, ni en tiempo ni en kilómetros, pero tenía muchísima inclinación y prometía una vista de aquellas. Todo lo que nos habían dicho era cierto.4

Hermoso mirador, cuerdas para subir por la roca (al fin entendí a qué se referían) y un sendero que más que caminable era escalable, piernas y manos fueron necesarias para subir dicho cerro. No era fácil, y aquellos que lo dijeron se reían solos después. Y definitivamente para las personas con vértigo, quizás sea mejor elegir alguno de los otros miradores. De hecho a mí me jugó una mala pasada y no pude llegar a la primera cima. Pero la vista, era espectacular desde cualquier punto. Y una vez arriba es imposible no quedarse por un largo rato a admirar la inmensidad del valle y la mejor foto es la que le sacas mentalmente, esa que recordarás siempre y que no alcanza a reflejarse con una cámara.f

Luego del cerro los toboganes de agua fueron el lugar perfecto para recuperar fuerzas. Esa tarde la caminata de vuelta al refugio tenía ese trago amargo de no querer que llegue la noche para no tener que irse al día siguiente. La Junta es de esos lugares que no imaginas y que te impresionan una y otra vez, donde te quedarías por días y te das cuenta que la civilización es costumbre y que al final del día no necesitas whatsapp ni email. La copa de vino, una comida exquisita y la conversación sobre el clima o intentar aprender a jugar “truco” (juego de cartas) a la luz de las velas, era suficiente. Por lo menos por algunos días. 2 noches nos bastaron para conocer un lugar al que de seguro volveré a ir en poco tiempo. Incluso a Anita y Horacio daba pena dejarlos.

Al día siguiente dejamos La Junta, con una felicidad extrema por lo que acabábamos de vivir. Al final del camino nos esperaba Boris Tocigl de Barraco Lodge para irnos al lago Tagua Tagua. Con el corazón apretado por dejar el valle sentía que lo que venía no sería igual.

No hubo muchas palabras en el camino. Entre mareos, cansancio y sueño creo que no hablamos hasta que llegamos al lago. Ni si quiera los más de 400 mensajes de whatsapp podían desconcentrarme. Para mi sorpresa habíamos llegado a otro lugar que parecía el paraíso.

La gente me preguntó al regreso si los paisajes eran realmente como se veían en las fotos o era un filtro de Instagram. La verdad es que ningún filtro podrá igualar jamás el ver esos lugares en vivo y en directo. Y eso nos pasó cuando cruzamos parte del lago para llegar a Barraco Lodge donde nos esperaba una yunta de bueyes en la playa que nos trasladó hasta la casa.

Las fotos no le hacen justicia al lugar. Los árboles, el color del agua, las hortencias, Titán y Reina (los perros del lugar), y cada uno de los que trabajan en el lodge son más que lo que te cuentan.

Barraco Lodge está hecho para disfrutarlo a concho, y es para todos los gustos. Desde una clase de cocina en la que aprendimos a hacer milcaos y churrascas, entre otras cosas, Stand Up Paddle, kayak, trail running, cabalgatas e inlcuso esquiar son parte de las actividades que están a disposición de los viajeros. Todo fue un verdadero lujo y nuevamente la frase “y esto está en Chile” rondaba mi cabeza.b

Los días soleados siguieron acompañando nuestro viaje y ni si quiera la amenaza de lluvia fue un obstáculo para realizar las diferentes actividades que teníamos en pauta. Pero después de disfrutar del lago, el río Puelo y del hot tab, la lluvia llegaría, y lo hizo con todo. Pero, ¿existe algo mejor que dormir con el ruido de la lluvia? No creo que alguna de nosotras pueda decir que no durmió como tronco esa noche.

El primer día disfrutamos de la clase de cocina totalmente gourmet, y lo mejor fue comerse cada una de las preparaciones. La gente de Barraco te recibe como si fueran tus amigos de toda la vida y la preocupación por tu comodidad es 24/7. Al día siguiente subimos río arriba y una vez abajo de la lancha haríamos parte del camino de regreso corriendo por el costado del río.

Nos alcanzó la lluvia, pero como mencioné antes, no fue impedimento alguno. Nuestro guía, Nick Fredericks nos llevó río abajo por un sendero a través de la magia del sur, literal. Vacas, caballos, chanchos, ovejas e inlcuso chivos, fueron parte del paisaje durante esos 15 kilómetros. Y al final un almuerzo maravilloso seguido por una tarde de lluvia que supimos aprovechar al lado de la chimenea. Qué más se podía pedir. Habíamos disfrutado del sol desde nuestra llegada al sur, así que la lluvia fue el final perfecto.

Al día siguiente una vez más el corazón amaneció apretado, si bien estábamos a pocas horas de la civilización, en el lugar uno se siente aislado de todo. Y una vez más le tomas el valor a disfrutar del aire limpio y la naturaleza.

Más de alguna se hubiese quedado ahí, pero el regreso era inminente. De vuelta en Puerto Varas la conversación se basaba en los increíbles e inolvidables días que pasamos en ambos lugares. Estilos completamente diferentes, pero con algo en común…esto existe en Chile.

Fotos: Gentileza Runology.

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