¿Por qué regalar una bicicleta a un niño?

14 febrero, 2017 | Por: Fulloutdoor

Regalar una bicicleta a un niño es una muy buena opción, y aquí te contamos por qué.

¿Por qué será mejor regalarle una bicicleta a un niño en vez de un aparato tecnológico? Existen diferentes razones, y aquí te mostramos algunas.

Autonomía y personalidad
Sí, la bicicleta da carácter. Cuando un niño monta una bicicleta por primera vez en su vida, se siente dueño de su destino, comprueba que depende de sí mismo y que el único límite son sus fuerzas. Él es el que pedalea, el que se dirige a los sitios y, por supuesto, el dueño de un vehículo propio, intransferible y maravilloso, que tendrá que cuidar y que le acompañará y llevará hasta donde él resista.

Ejercicio y diversión
El pequeño que monta en bicicleta hace deporte sin darse cuenta: para él no es un esfuerzo sino un juego, una aventura, una forma de explorar el mundo. En una época en la que muchas veces los más pequeños llevan una existencia pasiva, sedentaria y pendiente de una pantalla, la bicicleta es perfecta para enseñarles que, en movimiento, casi siempre nos sentimos mejor.

Ejercicio mental
Sobre una bicicleta trabaja el cuerpo… y la mente. Aunque sean básicos, al pedalear no paramos de hacer cálculos: frenar, pedalear, dosificar esfuerzos, tomar curvas o, por supuesto, estar pendientes del terreno, los otros ciclistas o la infinidad de retos que nos plantea movernos por la ciudad. Los cerebros de los niños son esponjas que aceptarán de buen grado retos distintos y que, en una bicicleta, se cruzarán con cosas imprevisibles: ellos convertirán cada paseo en una inagotable fuente de descubrimientos, sorpresas y lecciones.

Vida al aire libre
Sí, hay vida más allá de la televisión, el teléfono o la tablet. La bicicleta es un estímulo para salir a la calle, conocer, cruzar los parques y hacer todo tipo de actividades. La bicicleta es el motivo perfecto para estar al aire libre, conocer cosas y huir de la monotonía y los espacios cerrados.

Lección vital
A diferencia del coche o de tantos otros medios de transporte, la bicicleta nos enseña que los límites los ponemos nosotros, que el esfuerzo es recompensado, que a veces es bueno dosificarse y que, por qué no, a veces es necesario detenerse, sonreír al ver lo lejos que hemos llegado y regresar. La bicicleta es placer pero también sacrificio, son sonrisas pero también sudor. Una bonita, barata e intuitiva forma de enseñarles, desde muy pequeños, que casi todo lo que obtenemos en este mundo es fruto de nuestro esfuerzo, y que al final casi todo lo que les ocurra dependerá de ellos mismos.

Semilla ciclista
El niño que, desde pequeño, está acostumbrado a manejarse en bicicleta, a circular entre el tráfico, a conocer las infinitas virtudes que conlleva este medio de transporte, no lo olvidará jamás. Después de esa primera bicicleta irán otras muchas más, que desembocarán en un adolescente independiente, saludable y maduro; en un joven que valorará la sostenibilidad y la eficiencia y, probablemente, en un adulto que en vez de valorar la ostentación priorizará lo práctico, barato, saludable y ecológico.

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imagen: mundobikes.com

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Fuente: Ciclosfera

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