Una fiesta del trail en el Parque Aguas de Ramón

28 noviembre, 2016 | Por: Fulloutdoor

A mediados de este año, tuve la oportunidad de correr mi primera carrera de trail running en los cerros de Melipilla. La experiencia, a pesar de las dolencias físicas posteriores, fue increíble e hizo que me picara el bichito por aventurarme a seguir practicando esta bella y extrema disciplina.

Mi segundo desafío tuvo lugar un par de meses después, en los senderos del Parque Cordillera y parte del predio de San Carlos de Apoquindo. Fue así como el Adidas Terrex Trail, se transformaba en la tercera competencia en mi corto historial y en una espectacular ocasión para poder conocer parte del maravilloso Parque Natural Aguas de Ramón.

Un agradable sol recibió a todos los competidores y personas que se hicieron presentes la tarde de ese sábado 12 de octubre, en el espectacular y amplio campamento base que la organización dispuso en el complejo deportivo de Iván Zamorano -ubicado en la comuna de La Reina, a unos 700 mmsn- el que contaba con zonas de hidratación, recuperación, alimentación, de recreación y de reciclaje, y donde predominó un grato ambiente familiar.

Inscrito en los 10k, cuya partida era a las 18:00 horas, me sentía ansioso por empezar pronto a disfrutar del trayecto y por poner a prueba las nuevas Adidas Terrex Agravic GTX, las cuales ya había probado en los senderos del Parque Nacional Radal Siete Tazas. Pero en competencia, los ritmos son diferentes y obviamente las características del terreno también lo serían.

Unos 20 minutos antes del inicio de la largada- cuando ya habían partido los 21k – me puse a hacer el calentamiento de rigor. El ambiente era de fiesta y en el escenario principal una instructora de zumba hacía mover las caderas de muchos competidores, incluyéndome a mí. Ya con el cuerpo en calor y con las elongaciones terminadas, sólo faltaba esperar el “vamos”.

Siendo las 6 en punto, se dio la partida entre los gritos y aplausos de muchos de los amigos y familiares de los corredores. El primer tramo de la carrera, que de inmediato era en ascenso, se fue desarrollando por un pedregoso camino de tierra y ripio, el que va bordeando la ribera norte del estero del parque y que está rodeado de matorrales, como el peumo y el boldo.

Comencé la carrera entre medio de un apretado pelotón, el que a ratos no permitía avanzar y a veces ni siquiera correr, pero como yo sólo andaba disfrutando de la carrera, sin fijarme en el tiempo, no tuve problemas en esperar y caminar cada vez que la situación lo ameritaba. Mientras que cada vez que podía, adelantaba por los costados del sendero a los que iban a un tranco más lento.

Al decidir correr sin música, me fui deleitando con los particulares sonidos de la competencia. Mi banda sonora fue compuesta por el ruido de las zancadas en la tierra y en las rocas, así como también por el sonido del estero, y los gritos de aliento y las sabrosas conversaciones entre los participantes. “Llevamos menos de dos kilómetros y ya voy pa la caga”, vociferaba a viva voz uno de los corredores.

Ya en el kilómetro dos, y tras pasar por un arroyo que atravesaba el camino y que embarraron las zapatillas de muchos, ingresamos al interior del parque. Quedando atrás la zona de ripio, para dar paso a un sendero de tierra, un tanto rocoso y con muchos arbustos, en donde predominaban especies como los espinos y el litre.

Desde aquel lugar, que ya se empinaba cercano a los 850 mmsn, se podía tener un muy buena panorámica de la ciudad y de la cordillera de la costa. Bellísima escena, que en más de alguna ocasión casi me hacer caer al piso, al tropezar con más de alguna roca, por haberme quedado pegado mirando la vista mientras iba corriendo.

Tras un par de metros, comenzamos a subir por una empinada ladera, la que en algunos tramos tuve que caminar junto a prácticamente todos los competidores que me rodeaban. Fue ahí donde me encontré al gran y experimentado maratonista Erwin Valdebenito.

-Cómo va don Erwin?- le pregunté mientras subía la pendiente.

-Muy bien, hay que guardar piernas para la bajada final- me contestó.

Y claro que tenía razón, y justamente en mis primeras dos carreras en cerro había hecho todo lo contrario: no dosificar. Pero esta vez ya había aprendido la lección, por lo que ya estaba poniendo en práctica lo aprendido y lo aconsejado por Erwin.

Ya en el kilómetro tres y cuatro, el cansancio se iba notando en muchos de los corredores. Ya el pelotón había quedado atrás y el camino estaba mucho más despejado, lo que me permitió avanzar mucho más rápido, pero no tanto como hubiese querido, debido a que el sendero se fue estrechando cada vez más y para adelantar a alguien había que tener mucha precaución, porque de lo contrario podía terminar cayendo por el empinado barranco.

Cuando las contracturas comenzaban a apretar mis gemelos y cuando estaba perdiendo parte de mis energías, decidí consumir el gel de glucosa, el que a los pocos minutos pudo reactivarme. A pesar de haberme hidratado bien previamente a la carrera, comencé a sentir mucha sed, la que incluso casi me hace parar en un sector en el que se debía atravesar el estero. Pero preferí no hacerlo y aguantar hasta el punto de hidratación.

Llegando al kilómetro cinco, el sonido del estero era cada vez más fuerte y ya se comenzaban a divisar los primeros cactus, signo de que estábamos por sobre los 1.000 mmsn, y desde donde se podía ver desde un espectacular ángulo el cerro Alto Vizcachas.

Por la ladera norte, que se encontraba al afrente, ya se veían los corredores que iban de vuelta hacia al campamento, lo que me motivó para aumentar mi ritmo. Tras la última gran pendiente, el sendero comenzaba a descender abruptamente. Gracias al excelente agarre de las zapatillas, pude bajar a gran velocidad, sin correr peligro de caer ladera abajo.m

Unos metros más abajo, a un costado del puente Los Peumo, había que atravesar de un salto el estero, que en ese punto tenía un ancho cercano al metro y medio. Había que hacerlo con mucho cuidado, puesto que se corría el riesgo de lastimarse con las rocas que yacían debajo del torrente. Después de sortear el caudal, tras un salto exitoso, continúe ascendiendo por la última ladera del trayecto, la que me condujo al punto de hidratación, ubicado en el kilómetro 5,5.

En el lugar, bebí rápidamente un pequeño vaso de bebida isotónica y comí un pequeño trozo de naranja y otro de plátano. Después de aquello, comencé a bajar por una ruta que se interna través de un bello bosque de Peumos. El estrecho sendero, obligaba a pedirles permiso a los corredores en caso de querer adelantarlos, lo que tuve que hacer en cuantiosas oportunidades.

Sintiéndome entero físicamente, fui descendiendo a gran velocidad por la ruta que regresaba al trayecto de ripio inicial, mientras el sol comenzaba lentamente a descender y el campamento se veía cada vez más cerca… Algunos encargados de la organización, que estaban guiando a los competidores por el circuito, alentaban diciendo que ya quedaba muy poco.

Sin darme cuenta, ya me encontraba de vuelta en el sector pedregoso, cuyo olor era una mezcla entre eucaliptus y caca de caballo. Sólo quedaban dos kilómetros, por lo que decidí aumentar el rimo para el sprint final, lo que me permitió pasar a una decena de corredores. Fue así como uno minutos más tarde, y casi con el corazón en la mano, pude atravesar la meta.

Cansado, pero absolutamente feliz por mi tiempo de una hora y quince minutos, me dispuse a elongar, mientras seguían llegando corredores, tanto de los 10 como los de 21k. Unas horas más tarde, a las 12 de la noche, comenzaba la competencia más trascendental del evento: los 50 kilómetros. Distancia que está reservada sólo para los más avezados.

Un intenso arrebol rojizo y anaranjado que coloreó de forma majestuosa el cielo capitalino, fue la guinda de la torta de esta maravillosa fiesta del trail, la cual me hizo incrementar mis ganas de seguir practicando esta disciplina, y a la que sin duda, volveré a correr en su edición 2017.

Con respecto a las Adidas Terrex Agravic GTX, sus principales características son:

-La revolucionaria tecnología boost, que proporciona un retorno de energía sin fin, gracias a las miles de pequeñas cápsulas que liberan un gran impulso en cada paso.

-Parte superior textil para mayor comodidad y ligereza.

-Refuerzos soldados para una mayor resistencia al desgaste.

-Lengüeta de EVA perforada para un mayor confort.

-Suela con compuesto de caucho Continental para una adherencia extraordinaria en todo tipo de suelo.

-Peso: 315 gramos.

-Precio: $119.990.

¿Te gustó este artículo? ¡compártelo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *