#CorrerParaRecorrer | TNF Endurance Challenge 2016 “La revancha”

12 octubre, 2016 | Por: Daniella Vivallo

¿Cuántas cosas pueden pasar entre una versión del TNF Endurance Challenge y otra? Muchas. Se siente que el tiempo pasa cada vez más rápido y ya estamos a un mes y un poco más de una nueva edición. Las ganas de repetir el mismo circuito aparecieron un par de horas después de haber cruzado la meta de los 21k el año pasado, esa sensación a la que llamé “la revancha”.

Desde dicha experiencia hasta ahora, he participado en varias carreras en cerro y montaña con bastantes buenos resultados. He corrido distancias más largas de lo acostumbrado, por terrenos barrosos, otros secos y hasta en nieve. La mayoría de las veces ha sido acompañada, usando nuevos implementos y ya no más prestados, con más experiencia y confianza que antes. Además, he hecho nuevos y grandes amigos, de quienes he aprendido mucho y con quienes he compartido mis propias experiencias. Fuera de lo deportivo, pero muy influyente de igual manera, han sido los cambios en mi vida, como nuevos trabajos, algunos viajes, cambios de casa y de alimentación, volví a ser peatona y ciclista, y cambie mis lentes hipster por unos de contacto para correr, todo esto ha sido en un sólo año.

Estoy a poco de “repetirme el plato”, con ansias de disfrutarlo exigiéndome al máximo para cumplir mi objetivo. Para ser bien honesta, mi mayor motivación al inscribirme nuevamente no fue la carrera en sí, ya que me podría haber desafiado en subir a la siguiente distancia de 50k (aunque tampoco creo estar en condiciones de correr tantos kilómetros aún) o incluso haber elegido otra carrera en otro lugar. Mi objetivo esta vez es sacarme esa “piedra en el zapato” que me quedó de mi mal desempeño del 2015 y bajar mi tiempo de 4:14:55 por lo menos en media hora, ya sea para inflar mi orgullo propio o tan sólo para no hacer esperar y morirse de calor a quienes me acompañen ese día, como lo fue la vez anterior.

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Recuerdo la conversación que tuvimos con Jaime Hume en el programa de radio de FullOutdoor un par de semanas antes de la carrera del año pasado. Cuando comentó cómo uno se empieza a meter en este mundillo del trail, en que cada vez vas por más, que empiezas a hablar en el mismo idioma y a participar en todo lo que rodea a una carrera. En ese entonces pensaba: “qué lata tener que dejar de salir un viernes por levantarme un sábado a entrenar temprano” o “que nerd terminar hablando siempre de la última zapatilla de trail del mercado” o quizás comentar y estar pendiente de las próximas carreras que vienen programándote con más de 6 meses de anticipación. Pero tenía razón, no pasó mucho tiempo en que “caí en este mundillo” sin ganas de querer irme y con las intenciones de incluir a más gente en él. Terminé dándole “la lata” a mis pacientes con todas mis carreras, mostrando fotos o explicando si realmente subíamos corriendo un cerro o no. Esto se convirtió en un vicio.

Después del E.C. todo fue positivo. Durante el verano participé en carreras en altura descubriendo una nueva faceta en mí y que gracias a mi amigo Boris Orrego, el rey del kilómetro vertical, logré disfrutar sin miedo de correr sobre los 3.000 msnm. (KM Vertical de LSE, Andes Infernal y Desafío Cumbres). También logré mi segundo 1° lugar en Futangue Challenge (10k y 18k), carrera a la que le tengo mucho cariño y donde los paisajes son dignos de un documental en Full HD. Aprovechando la buena racha me entusiasmé por subir las distancias de carrera. Cuando corres una de 15k se ve muy cerca la de 18k y luego que la terminas ya te sientes casi al lado de la 21k. Supongo que ahí está esa adicción en que quieres siempre ir por más. Por otra parte, la gran recompensa de que tus piernas te permitan correr más kilómetros es poder recorrer y conocer lugares increíbles, alcanzar cimas y disfrutar de vistas que te dejen sin palabras, y a muy bajo costo.

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Para lograrlo tenía que estar preparada. Ya no era sólo andar por el cerro como niña saltando entre las plantas, sino más bien tenía que resistir el cansancio disminuyendo al mínimo el riesgo de una lesión o una eventualidad como los calambres que me acompañaron en el E.C del año pasado. Gracias a las redes sociales descubrí Santiago Mountain Running Co. (Stgomrco), equipo con el cuál entreno y comparto cervezas Quimera y unas barritas Cabras del Monte los sábados por la mañana. Estoy inmensamente agradecida de la labor de Ignacio Riveros, el coach, algo así como nuestro papá del trail capaz de individualizar el trato con cada uno de nosotros, personalizando los entrenamientos según nuestros horarios y capacidades. Desde abril que soy parte del equipo, el cual he visto crecer rápidamente al igual que mi condición física. “Otra cosa es con guitarra!”. Por más que tenga la voluntad de salir a trotar y los conocimientos para autoentrenarme, no hubiese tenido los resultados que llevo hasta ahora, ni en años.

Siempre me negué a esa idea de ser parte de un “team”, otra faceta nerd que consideraba de los atletas, pero admito que aquí enganché también por las cervezas post entrenamiento. Bueno, también por la buena onda, el estilo “pro”, los trucker hat (jockey con malla), y el simple hecho de no parecer team. No concuerdo con la idea de andar uniformados y que perdamos nuestro propio estilo. Tampoco es lo mío posar para cada foto y menos una selfie. Más aún, algo que no soporto es ver la rivalidad entre equipos. Me parece perfecto ser competitivo, yo también lo soy, pero mejor competir uno contra uno, defendiendo tu persona y tus logros en vez de esconderse detrás del nombre de un team, compitiendo como si fueran muchos ejércitos metidos en una sola batalla. Aquí es diferente, son abiertos a que participe cualquier persona en los entrenamientos, incluso de otros equipos. Así es que se vienen más cosas buenas por delante.

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Falta poco tiempo para la carrera y visualizo un mejor futuro que pasado. Junto al equipo hemos recorrido varias veces el circuito y hemos hecho incluso unos cuantos kilómetros más. Ya publicaron las rutas preliminares y mientras estudio la de los 21k a través de Google Earth, soy capaz de reconocer el terreno. Me he aprendido gran parte de los nombres del Parque Cordillera. Gracias a que nos hemos perdido un par de veces con los compañeritos del grupo, ahora sé bien cuándo tomar el sendero de la derecha para luego ir al Salto de Apoquindo o por dónde tomar el valle y cruzar el portezuelo para regresar al monolito. Quizás esté hablando en chino para muchos, pero ese es el idioma que empiezas a utilizar sin darte cuenta el cual refleja que ya estás metido en este mundillo hasta el cuello.

Después de un año de experiencias me siento mucho más preparada para lo que viene, incluso hasta temerosa por mi confianza. Estoy pensando en correr con mi mochila de hidratación con máximo 1,5 litros (1L menos que la vez anterior). Pretendo llevar en ella un par de geles y quizás algo más, sin preocuparme de estar comiendo cada media hora (como lo hice la vez anterior). Tomaré el tiempo y la distancia con el Forerunner 620 de Garmin que llevo prestado desde marzo (sí, es lo que aún me falta por tener propio). Seguramente use unas calzas cortas y no short para evitar las heridas por roce en mis piernas que sufrí aquella vez. Mantendré mi mente concentrada donde piso. Iré corrigiendo mi respiración y mi técnica de carrera en gran parte del tiempo, parte de los ejercicios mentales que aprendí gracias a mi otro coach Alejandro Díaz, porque la mente muchas veces te lleva más allá de tu propio cuerpo. Además, intentaré partir mucho más cerca de la línea de meta, para evitar quedar en el tumulto de gente una vez que se vuelva estrecho el sendero.

Y por último, correré con todas mis fuerzas, como si una tremenda y jugosa hamburguesa me estuviese esperando en la meta luego de una semana a dieta (en honor a mi amiga Carola Fresno) a modo de recompensa al esfuerzo de todo un año. Me sacaré esa piedra en el zapato demostrándome a mí misma que la perseverancia, el sacrificio en tiempo y plata, las madrugadas, los porrazos, las alegrías y desilusiones, valdrán la pena. Porque a fin de cuentas así es la vida, a veces estás en la cima y otras veces en el suelo, y todo puede pasar en un solo año.

Sobre Daniella Vivallo Vera

28 años.

Kinesióloga en Motion Center, área de Traumatología y Reintegro Deportivo.

Diplomada en Fisiología del Ejercicio, U. Mayor.

Practica trail running hace 3 años. Actualmente en el equipo Santiago Mountain Running Company (Stgomrco)

Otros deportes: futbolito hace 10 años en ligas y ski desde los 8 años.

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One Response to #CorrerParaRecorrer | TNF Endurance Challenge 2016 “La revancha”

  1. Dietas says:

    QUE INCREINBLE HISTORIASL LUGARES Y NUEVAS EXPERIENCIAS, ATRAVERTE A PROBAR COSAS NUEVAS ES EL CHISTE Y MANTENERTE SALUDABLE

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