#caminoalendurance2015 | Parte 7: La carrera

10 noviembre, 2015 | Por: Daniella Vivallo

Cómo poder expresar, con mi vocabulario no muy extenso, todo lo que sentí ese día. Sentimientos encontrados es lo mínimo que describe al pasado Sábado 17 de Octubre al enfrentar por primera vez 21k de carrera, en el The North Face Endurance Challenge. La ansiedad apareció días antes, la confianza la sentí esa misma mañana; la alegría, la impotencia, la satisfacción y la decepción se mezclaron en todo el recorrido. Hoy predomina el orgullo con un sabor a revancha.

El día previo a la carrera disfruté comiendo tallarines como nunca antes, descansé del ejercicio y estuve atenta a todas las redes sociales sobre el desarrollo de los 160k, bombardeo de información y fotos que recibí hasta antes de quedarme dormida. En la mañana desayuné un par de panes con jamón y miel, que luego complementé media hora antes de la partida con una barra de cereal. Tomé harta agua y partimos junto a mi madre al Estadio San Carlos de Apoquindo. Nunca antes había tenido barra. Debido a que era una ocasión especial mi mamá me quiso acompañar hasta que largamos, mientras mi papá se unió a la fiesta para mi llegada, al igual que dos amigas de fútbol quienes, muy motivadas, llegaron trotando hasta el estadio.

A las 8:00 h comencé a prepararme, me colgué el número de dorsal, troté un rato y elongué, mientras miraba a mi alrededor si veía alguna cara conocida. Ahí fue cuando apareció Camila Primus de FullOutdoor, quien trabajó en el anonimato detrás de este proyecto, y me tomó una última foto para mover las redes sociales. Recién comenzaba travesía y ya había llegado el primer lugar de los 160k: Enzo Ferrari. A pesar de no conocerlo, sentí un orgullo enorme porque, al igual que Marlene Flores, dos chilenos ganaban una de las carreras más importantes del Trailrunning, de la cual también participe.Captura de pantalla 2015-11-06 a las 12.11.35 p.m.

Ya en la partida puse play a mi lista de música en modo aleatorio y a mi reloj que me recalcaba mi ansiedad marcando 123 latidos por minuto. Mi mamá chocha me sacó la última foto para el recuerdo. Después del eufórico “3, 2, 1…” comenzamos a trotar en masa alejándonos del arco de partida, en dirección hacia los cerros. Entramos al Parque Cordillera para tomar el sendero hacia Alto Las Vizcachas con dirección a la comuna de La Reina. Era un sendero ancho con bastantes piedras sueltas que al poco rato se hiso más estrecho, empezando a formarse una larga y lenta hilera, que se repitió en varios puntos entre los casi 700 participantes de los 21k.

Aproximadamente en el kilómetro 4, a unos 1.400msnm, la subida se hiso difícil y miraba hacia arriba con la esperanza que pronto llegara la bajada. Fue ahí cuando sentí los primeros calambres en mis pantorrillas. En carreras anteriores había soportado la pesadez en los muslos, el dolor de rodilla e incluso de columna, pero haber sufrido calambres fue totalmente nuevo para mí. Llevaba alrededor de 50 minutos cuando decidí parar a elongar y comer un gel para recuperar energías. Después, para mi salvación, comenzó la bajada. Había estudiado bien el circuito, sabía que podía recuperar tiempo y que al llegar al primer punto de control estaría en los 7,7 kilómetros. Los descensos son mi fuerte, por lo que corrí rápido y sin problemas, acostumbrada a las carreras cortas y más rápidas.

Sin darme cuenta llegué a la Quebrada de San Ramón trotando por el sendero hacia Saltos de Apoquindo, donde comenzaba nuevamente el ascenso. En ese minuto iba tan concentrada en las señales que me entregaba mi cuerpo que ahora no puedo ordenar cronológicamente mis recuerdos. Miraba el suelo, sentía mis pantorrillas apretadas y cualquier intento de salto o impulso que hiciera, hacía aparecer nuevamente los calambres. Más de alguna corredora me preguntó si estaba bien y con una sonrisa les agradecí por su preocupación, mientras me detenía otros segundos a elongar. Durante los siguientes 5 kilómetros, si no mal recuerdo, crucé dos ríos y un puente colgante. Además, me topé con varios grupos de trekking de distintas edades y estilos, quienes nos daban paso por un sendero estrecho, irregular y con gran desnivel positivo, mirándonos con cara de que estábamos locos.Vibra-Deporte-20151021-125309-254-Atleta-1347-2015-CL-SANTIAGO-ENDURANCE_CHALLENGE-Foto-0001

Llegué a un camino ancho, un falso plano, que recordaba haber corrido hace un tiempo atrás con mis ex colegas de 110 Sport and Health Center, como excusa para prepararnos a trabajar en Andes Infernal. Ahí surgió mi impotencia por intentar correr y no poder, a pesar de que mi reloj sólo marcaba 155 latidos por minuto.

Es más, de muy orgullosa que soy quise pasar a un hombre y sólo logré quedar con mi pierna derecha tiesa exclamando “CTM” gracias a otro calambre. Después de ese percance intenté tomármelo con más calma disfrutando del paisaje con el Salto de Apoquindo de fondo. Así empecé a pensar en todas las cosas que escribiría ahora y miraba la hora imaginando a mi papá y mis amigas esperándome por llegar, muertos de calor y tal vez de preocupación.

A los 14,1 kilómetros estaba el segundo punto de control, bajo la sombra de un gran árbol, muchos descansaban, algunos elongaban y otros se desesperaban por un trozo de fruta. Aquí el descanso fue por un par de minutos, donde me tragué el tercio de un plátano que logré sacar de una caja, y más de algún “CTM” se escuchó como opinión sobre la dificultad del circuito. No recuerdo cuánto tiempo llevaba de carrera, pero sabía que sería relativamente más fácil la vuelta por un sendero a través de un valle, ya que, aún me tenía fe de cumplir el circuito en menos de 4 horas. Me propuse pequeñas metas, tratando de cumplirlas en 15 minutos cada una. De tanto en tanto me topé con la misma corredora, a veces ella descansaba mientras yo la adelantaba o viceversa, finalmente terminamos conversando en plena subida entre altos escalones reforzados por unos palos de madera, diciendo: “Ufff, no está fácil, ah”.

Después de una subida breve, pero con bastante pendiente, alcancé los 17 kilómetros con una altitud de 1.600 msnm aprox. La vista en ese punto era increíble y la cordillera se veía más inmensa aún como fondo de pantalla detrás de la ciudad. Nada más gratificante que llegar a esa cima luego de todo el esfuerzo, que lamento hasta hoy no poder tener un registro de ello. Sentí una alegría inexplicable, como el regreso a casa después de un largo viaje. Volví a correr como al principio, sin dolor, segura de mí misma y acompañada de música electrónica bien “power” para ese momento. Desde ahí casi no paré o a lo más disminuí al mínimo mi trote, pasando de largo por el tercer y último punto de control.

Los dos últimos kilómetros se me hicieron eternos. Correr casi en plano a esas alturas se hiso difícil, parecía un Gremlin trotando al utilizar los pocos músculos que me quedaban intactos. Dando la vuelta por los estacionamientos recibí el apoyo de personas que ni conocía y les agradecí mucho por ese último aliento. En los últimos metros vi a mis amigas y al más puro estilo de un campeón cuando saluda a sus fans, pasé trotando tocando las cuatro manitos que me alentaban con un “dale Dani!”.

Con un tiempo de 4 horas, 14 minutos y 55 segundos; 39° de 178 mujeres; 13° en mi categoría de 46 totales; 2.384 calorías; 1,5 litros de agua y 1 litro de isotónica; dos geles de carbohidratos más dos barritas de cereal, y varios calambres de por medio, completé mis primeros 21 kilómetros en cerro. A pesar de no cumplir el tiempo esperado, cada día me voy convenciendo más de que fue un gran logro. Me quedé pensando en lo que podría haber pasado, quizás hubiese hecho un mejor tiempo o hubiese disfrutado más de la carrera si no fuese por los calambres. Familiares y amigos me subieron el ánimo felicitándome por haber llegado, sin importar el tiempo, pero la opción de no llegar nunca fue parte del plan.IMG-20151017-WA0002

A los pocos minutos de haber llegado me ofrecieron un “Hotdog” para recuperarme, pero no fui capaz de comer hasta un largo rato después. Cuando iba camino a la carpa de masajes apareció Cristián Pérez, Kinesiólogo y socio de KMP, ofreciéndome una invitación bastante particular. Por más que la evidencia científica avale el uso de los baños con hielo post competencia, yo me reusaba a experimentarlo, pero no tuve opción. Sólo dos sumergidas de 10 segundos fui capaz de soportar, para luego terminar con un buen masaje de otro kine.
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Finalmente me quedé hasta las 4 de la tarde dando vueltas por el lugar, viendo cómo llegaban más participantes de diferentes distancias, algunos cruzando de la mano con sus familias, una de las mejores escenas que se puede apreciar en estos eventos.

Ahora el orgullo está más presente que nunca y las ganas de superación son mayores aún. Quizás la ansiedad influyó en la tensión de mis músculos, según mi amigo Alejandro Díaz, psicólogo deportivo del CAR del ejército, de la Unidad de Medicina Deportiva UC, del equipo de rugby de P.W.C.C, entre su extenso currículum; con quien ahora trabajaré en conjunto para cumplir las siguientes metas.

A pesar de todo, fue una tremenda experiencia que cada día me enamora más. Somos un país inmensamente privilegiado por nuestra geografía, de la cual aún no sabemos sacarle provecho y sólo extranjeros se maravillan con nuestros paisajes. Como Matt Maynard describe en su reportaje “Here’s how to win the world’s harshest race” para Redbull: “…Santiago tiene 6.000 m monstruosos en su patio trasero. De hecho, toda la longitud de Chile, es un patio de juegos de deportes extremos”.

Felicitaciones a la organización, los fotógrafos, los voluntarios y a toda la gente que participó. Todos debemos seguir creciendo, mejorando y disfrutando del trailrunning, pero con responsabilidad y preparación. El resto hay que vivirlo.

Nos vemos en los próximos desafíos.

Atte.

Daniella Vivallo.

Sobre Daniella Vivallo Vera

Tiene 27 años. Kinesióloga, Diplomada en fisiología del Ejercicio. Intento frustado de deportista profesional, fotógrafa, arquitecta.

Practica trail running hace 3 años y futbolito principalmente hace 9 años en ligas. Entrena en gimnasio, spinning y entrenamiento de fuerza y cardiovascular.

Revisa:

Parte 1 | La decisión 

Parte 2 | La planificación

Parte 3 | La alimentación

Parte 4 | Los imprevistos

Parte 5 | Los implementos

Parte 6 | La recta final

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