#caminoalendurance2015 | Parte 4: Los imprevistos

14 septiembre, 2015 | Por: Daniella Vivallo

Que sería de la vida sin los imprevistos, esos momentos en que tienes todo organizado con tanta anticipación, pero de un momento a otro los planetas se alinean para que tengas que hacer exactamente lo contrario. Así como querer salir a correr los 10k del día, antes de ir a trabajar y nunca recordaste cuándo apagaste la alarma y seguiste durmiendo. A quién no le ha pasado tener todas las intenciones de ir al gimnasio en plena hora punta y encontrarse con todas las máquinas ocupadas, por lo que terminas haciendo la mitad de la rutina. O quizás un imprevisto mayor, como los que sufrían algunos de mis pacientes con frecuencia, que por trabajo debían viajar al día siguiente y desaparecer por dos semanas en medio de su recuperación. Nuevamente entra en juego nuestra creatividad para hacer frente a estas situaciones y así continuar con nuestros entrenamientos sin morir en el intento.

Un viaje como el que recientemente experimenté y disfruté, aunque fue planificado con antelación, no dejó de ser un desafío a diario. Debía seguir mi plan nutricional hecho especialmente para mi viaje y tenía que por lo menos mantener la frecuencia e intensidad de mis entrenamientos. Comencé por llenar mi maleta con ropa deportiva y, entremedio de ella y el resto de la vestimenta, escondí mis barras de cereal y galletones que serían mi colación sagrada durante tres semanas.

Esperaba, en un país tan tropical como Costa Rica, encontrarme con una gran variedad de frutas. La piña y el mango fueron por lejos las mejores, sin dejar de lado el jugo natural de guayaba o maracuyá. Además, probé extrañas frutas como la carambola, que en rodajas tiene forma de estrella; o el mamón, una fruta redonda, con pelos rojos y por dentro blanca, muy parecida a una uva, pero más grande.

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También me imaginé en muchas ocasiones, a mí misma corriendo en las mañanas por diferentes playas, sudando como loca mientras hacía una buena rutina de ejercicios. Me visualicé trotando por senderos en medio de la selva o yendo hacia la cima de un volcán. Prometo haber hecho todo lo posible por cumplir eso y más, pero no fue nada fácil.

Al día siguiente de haber llegado a San José, arrendamos un auto por once días para recorrer la Costa del Pacífico norte y centro. En más de alguna paradisiaca playa, mientras mi amiga dormía una siesta o se bañaba en el cálido mar, logré hacer varias series de diez abdominales, cinco flexiones y tres planchas de diez segundos. El calor y la humedad eran casi insoportables, tanto que mis pies demoraron alrededor de una semana y media en deshincharse. Ni hablar de los miles de intentos por secarse después de una ducha helada, a cualquier hora seguíamos sudando y la opción de ponerse crema era casi nula.

Durante esos días programé mi alarma unas tres veces, entre 6 y 7 de la mañana (amanecía a las 5:30) para salir a trotar por lo menos media hora. El problema es que nos acostábamos a las 4 o 5 de la mañana, porque parte del viaje era conocer la vida nocturna de los “Ticos”. Una vez logré trotar por el balneario de Jacó, algo así como Viña del Mar, por su cercanía con la capital, pero bastante más pequeño y con estilo rústico y surfista. Fue un trote muy agradable, por fin me sentía una deportista como debía ser, tratando de obviar la humedad y el calor, mientras aprovechaba de cotizar en distintas tienditas por un tour de Canyoning.

Ese mismo día en la tarde caminamos entremedio de plantas y árboles, con los típicos sonidos de insectos y monos de la selva. Subimos cinco cascadas sólo con una cuerda y la fuerza de nuestros brazos. Volvimos al inicio del circuito por un sendero, por el cual aproveché de bajar corriendo para no perder el físico. Al final fuimos recibidas con un rico café al más puro estilo costarricense.

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Aunque hacía todos mis intentos por entrenar en cada lugar que conocíamos, sabía que no era suficiente. Por lo menos, logré mantener una alimentación equilibrada, sin embargo, no había quién no se resistiera a unas cervezas heladas por un dólar y medio. A parte de las frutas, comimos muchas ensaladas y pescado porque con tanto calor no daban ganas de comer algo más calórico. Aún así, tuvimos que probar los platos típicos del país, como el clásico “Casado”. Este era servido generalmente en un gran plato ovalado el cuál contenía una porción de arroz, otra de porotos negros, una porción de ensalada; plátano frito y alguna carne entre vacuno, cerdo, pollo o en algunas ocasiones, pescado. Era una buena y relativamente económica alternativa para el almuerzo.

Una vez que recorrimos parte de la Costa del Pacífico, volvimos a San José para entregar el auto y seguir en bus hacia la costa del Caribe. En Puerto Viejo estuvimos tres días, otro pueblo turístico y destino casi obligado para luego cruzar la frontera hacia Panamá. Conocimos a mucha gente de diferentes nacionalidades, lo que nos permitió practicar el inglés hasta el final de nuestro viaje. Ahí fue donde arrendamos unas bicicletas estilo de paseo, sin cambios y así nos fuimos cinco mujeres a recorrer cuatro playas durante todo un día. Anduvimos alrededor de 24 kilómetros en total, pasando por puentes y algunas subidas que exigían mayor esfuerzo a nuestras piernas, a mi favor.

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Visitamos parques nacionales, reservas, pueblos y playas. Disfrutamos nuestra última semana en Bocas del Toro en Panamá. En general, más barato que Costa Rica. Bocas fue lo mejor para rematar el viaje.

Tomamos un tour a unas islas paradisiacas. Este incluía almuerzo, snorkeling (práctica que consiste en nadar y sumergirse sólo con un esnoórquel) y deepboard. ¿Deepboard? Yo tampoco lo había escuchado en mi vida, pero es un deporte que se utiliza una tabla pequeña semicircular, amarrada a una lancha, y una máscara igual a la de buceo. Era algo así como el esnórquel, pero mucho más adrenalínico. Fue por lejos una de las mejores experiencias, pero hay que elegir muy bien el bikini o simplemente usar un traje de baño completo para no sufrir ningún percance.

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Otro de los deportes que experimentamos, el cual esperaba hace muchos años hacer, fue bucear. Me levanté temprano ese día, un poco nerviosa y con la garganta algo seca, creo que producto de los cambios de temperatura. Mi amiga me aseguraba que eran los nervios, pero luego comprobamos que efectivamente estaba enferma, ya que pasé dos días con un poco de fiebre y tos. A pesar de mi resfrío, haber buceado hasta 12 metros de profundidad y habernos topado con un tiburón a los 7 minutos de inmersión, ¡No tiene precio! Lo mejor fue haber hecho dos inmersiones de 45 minutos cada una. En la primera estaba muy concentrada en no aguantar el aire, estaba preocupada de cada cosa que sentía, pensando si era normal o no. Una vez aclaradas mis dudas y con mejor coordinación para respirar y ecualizar, pude disfrutar de todo lo que había a mi alrededor.

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Así nos mantuvimos durante todo el viaje: probando diferentes comidas, conociendo increíbles personas, recorriendo y disfrutando playas y parques, tomando mucha agua, defendiendo a Chile cada vez que nos preguntaban de donde éramos, escuchando reggae en cada esquina, sacando fotos de paisajes y selfies para el recuerdo, bailando dancehall y reggaetón hasta que no pudimos más.

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Ahora de vuelta a la realidad. Estoy feliz de haber aprovechado el tiempo al máximo, orgullosa de mi misma por mi buen desempeño en lo deportivo y en lo alimenticio. Estamos en la recta final, sólo queda un mes y algo más para mi gran desafío en el The North Face Endurance Challenge. A estas alturas no debe haber imprevisto que no pueda sobrellevar, no hay excusas para no entrenar ni tiempo para desaprovechar.

Espero que mi compromiso dure más que mi bronceado caribeño, y no decaer frente a las tentaciones del dieciocho. Veamos cómo me va.

Sobre Daniella Vivallo Vera

Tiene 27 años. Kinesióloga, Diplomada en fisiología del Ejercicio. Intento frustado de deportista profesional, fotógrafa, arquitecta.

Practica trail running hace 3 años y futbolito principalmente hace 9 años en ligas. Entrena en gimnasio, spinning y entrenamiento de fuerza y cardiovascular.

Revisa:

Parte 1 | La decisión 

Parte 2 | La planificación

Parte 3 | La alimentación

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