#caminoalendurance2015 | Parte 3: La alimentación

17 agosto, 2015 | Por: Daniella Vivallo

Muchos creemos saber cómo y cuánto debemos comer y qué es lo que nos aporta los nutrientes necesarios a nuestro organismo para llevar una vida saludable. Desde muy pequeños, tanto los padres como en el colegio, nos enseñaron lo importante que es comer frutas y verduras, tomar un buen desayuno que nos entregue la energía necesaria para el resto del día, entre otros. Sin embargo, ellos mismos nos amenazaban con quedarnos sin postre si no nos comíamos toda la comida. Es ahí mi problema.

Gran error cometen los padres al premiar a sus hijos con dulces o incentivarlos a subir las notas con un helado o una hamburguesa. La conducta adquirida es la que hoy en día tiene a un gran porcentaje de la población infantil con obesidad. No alcanzó a ser mi caso, en parte gracias al deporte, pero aún así, lucho día a día contra las tentaciones. Inmersa en este compromiso conmigo misma y con ustedes por cumplir una nueva meta en tan importante carrera como el The North Face Endurance Challenge, es que contacté a una de mis amigas nutricionistas para que me ayude. Aún sabiendo lo básico sobre una alimentación saludable, necesitaba una presión externa que me guiara por el camino correcto, ya que mi genética y mi conducta adquirida me llevarían a pecar y no estoy segura si sería con culpa.

Así llegué a la consulta de Cristina Teillery, nutricionista y socia runner del equipo Fullrunners, con cara de desesperación y algo de vergüenza por los estragos que estaba dejando el invierno en mi cuerpo. Después de una exhaustiva evaluación, me entregó los nefastos, pero esperables resultados junto con un archivo digital de 5 hojas sobre mi plan nutricional. Me advirtió que sería más exigente conmigo, sobretodo por la condición de “mediamaratonista” a la que pretendo llegar. El objetivo principal en esta primera etapa sería bajar mi porcentaje de grasa y adquirir un hábito alimenticio en donde no deben pasar más de cuatro horas sin comer. Así como dijo ella: “el cuerpo no sólo manifiesta el hambre con la sensación de vacío en el estómago, también se puede ver reflejado con la falta de ánimo, sueño, dolor de cabeza, etc”. Por lo tanto, comer 5 veces al día, respetando los horarios y las cantidades es fundamental, así mantenemos el metabolismo funcionando constantemente, en vez de acostumbrar al cuerpo a guardar todo lo que recibe por tenerlo tantas horas en ayuna.

Otra tarea que debía realizar era pesarme inmediatamente antes y después de entrenar para calcular la pérdida de agua durante el ejercicio. Con esto sabríamos cuál sería mi consumo diario de agua ideal. De todas formas, nunca falta mi botella de 750ml en mi escritorio o en mi cartera.

Partía mi día con un desayuno a base de cereales integrales como un pan pita acompañado de unos ricos huevos revueltos, más un lácteo que podía ser un café cortado con leche de soya y la infaltable porción de fruta como unas rodajas de piña o un kiwi. De colación otra porción de fruta que generalmente la llevaba picada al trabajo. Seguía con mi almuerzo a las 14 h compuesto por un primer plato de ensalada, ya que, alguna vez escuché que se debía comer lo crudo primero para ayudar a la digestión. Por otra parte, el segundo plato consistía en una porción de proteínas como carnes blancas o legumbres acompañados de algún cereal, como arroz integral o quínoa. El resto del día terminaba con tres comidas más en porciones pequeñas de colación con frutos secos u otro lácteo con cereal, finalizando en la noche con un plato de proteína con verduras. Sencillo y económico si pensamos en las porciones correspondientes. Consideremos que si estás todo el día fuera de la casa, hay que darse el tiempo para organizar cada comida en potes y comprar una buena lonchera que los soporte.

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Como complemento a este plan alimenticio, los dos litros de agua diarios son sagrados. Algunos consideran otros líquidos, pero hay que tener en cuenta que el té, por ejemplo, es diurético, lo que nos hará perder más agua. Frente a este régimen, que se hace parecer bastante estricto, debemos ser flexibles. Hay días que entrenaba en la mañana y otros en la noche, a diferentes intensidades, por lo que debía hacer coincidir las colaciones y empezar a ser más creativa. Recordé que hace mucho tiempo me había tentado por probar las barras energéticas Cabra del Monte, snacks en base a frutos secos, semillas y frutas deshidratadas, crudas (raw) y 100% naturales. Se veían tan contundentes en sus fotos en Instagram como en persona. Subiendo el cerro comprobé que eran blandas, livianas y con sabor intenso en sus tres variedades, pero llenadoras después de unos minutos. Parecían muy inofensivas para tener 200 calorías en 45 g.

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Luego de veinte días correspondía mi primer control. Debo admitir que me dirigía a la consulta con mucha culpa, ya que, a pesar de todo mi discurso anterior, no me había comportado como debía. Las tentaciones habían sido más recurrentes que nunca, despedidas, cumpleaños, reuniones, etc. Además, que mi metabolismo ya no me acompaña como antes. Ya estaba todo dicho y la evaluación lo reflejó a cabalidad. Aunque aumente la frecuencia de mis entrenamientos, también aumenté la ingesta de calorías y esos odiosos 300 g extra me pesan aún en mi conciencia.

Como nuevo desafío para mi nutricionista, tuvo que ingeniárselas para crear una nueva pauta, no sólo por mi bajo rendimiento, si no por mis vacaciones. Buscando alternativas, me dio la posibilidad de llevar barras de cereal y frutos secos como colaciones mientras recorro las hermosas playas de Costa Rica, o un galletón para hacer un trekking por los parques nacionales. Un nuevo desafío para mí, al planificar mis entrenamientos con los implementos que tuviese en el momento, entre medio de los tours y con 25 ºC promedio de temperatura ambiente. No será tarea fácil, pero nada es imposible. Mi amiga, Kika Ramírez, con la que viajo es igual o más inquieta que yo y se sumó a esta travesía sin ninguna complicación.

A pesar de los resultados, aún tengo tiempo de recuperar y mejorar mi rendimiento, mi físico y mi constancia. Porque el cambio de hábito no es sólo el título de una película de los 90’s, es una actitud dirigida a cumplir una meta. Algunos estudios hablan de 21 días y otros hasta de 60 días para instaurar un nuevo hábito en nuestras vidas. Qué más da, tengo la esperanza que me encontraré con increíbles paisajes que me motivarán a recorrer con un trote. A mitad de camino me imagino que habrá una gran variedad de frutas y que el calor y la humedad me harán dejar atrás los excesos de Santiago.

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